El cáncer de piel es una de las formas más frecuentes en la que se presenta el cáncer. Los dos tipos más comunes son el carcinoma basocelular y el carcinoma espinocelular, ambos incluidos en los cánceres de piel no melanoma y que suelen afectar la cara, el cuello, la cabeza, las manos o los brazos. El tercer tipo, menos frecuente pero más grave, es el melanoma maligno.

Cáncer de piel: causas, síntomas y tratamiento

Son diversos los factores que pueden influir en la aparición de un cáncer de piel, aunque sin duda, la principal causa la constituye la exposición excesiva de la piel a la radiación ultravioleta, bien sea debido a la luz solar o a las lámparas de las cabinas bronceadoras. Algunos productos químicos, como el arsénico, la hulla, la parafina o la brea industrial, entre otros, también incrementan el riesgo de desarrollar un cáncer de piel. Tratamientos para ciertas enfermedades, como la radioterapia para el cáncer o la luz ultravioleta y psoralenos en el caso de psoriasis, suponen igualmente un riesgo añadido. Lesiones o inflamaciones graves de la piel o enfermedades raras como el xeroderma pigmentoso o el síndrome de Nevus, son otras de las condiciones relacionadas con el cáncer de piel.

También los síntomas del cáncer de piel pueden ser diversos. Los más habituales son los cambios que experimenta la piel respecto a su coloración o textura. Otros signos a considerar son las heridas que no terminan de curarse, pequeños bultos pardo-rojizos o la presencia de zonas enrojecidas y achatadas. En el caso del melanoma es relevante cuando se producen cambios en la apariencia de los lunares. Aunque estos síntomas no son específicos del cáncer de piel, conviene acudir al especialista si aparecen.

Cuando el diagnóstico determine la existencia de cáncer de piel, este deberá extirparse totalmente. Si hubiere metástasis se someterá al paciente a quimioterapia, siempre estudiando cada caso en particular. La gran mayoría de los casos detectados a tiempo terminan curándose.

Carcinoma basocelular

El carcinoma basocelular es, con mucho, la forma más común en la que se presenta el cáncer de piel, siendo también la forma más frecuente entre todos los tipos de cáncer. Se desarrolla en la capa más profunda de la epidermis, a partir de las células basales, y suele afectar casi siempre a las partes más expuestas al sol, como la cara, el cuero cabelludo, las orejas, los hombros o la espalda. Rara vez aparece en áreas no expuestas. La causa, en casi todos los casos, se debe a la excesiva exposición a la luz solar.

Aunque todas las personas pueden contraer este tipo de cáncer, tienen mayor riesgo las personas de piel blanca, cabello rubio o rojizo y ojos claros. La prevalencia del cáncer de piel aumenta con la edad, siendo muy poco frecuente que aparezca en niños o adolescentes. Su incidencia es algo superior en hombres que en mujeres.

A pesar de tratarse de un tipo de cáncer con un alto índice de curación, es muy importante detectarlo a tiempo. Los signos más característicos son las lesiones que no cicatrizan, manchas rojizas que a veces pueden causar picazón y formar costra, protuberancias de aspecto brillante o perlado con coloración blanca, rosa o roja, un bulto rosado y redondeado con ligera elevación y depresión central con costra o bien una especie de cicatriz de coloración blanca o amarillenta con bordes indefinidos donde la piel se muestra con brillo y tirante.

Carcinoma espinocelular

El carcinoma espinocelular puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque lo más habitual es que lo haga en las partes más expuestas al sol. El labio inferior y los bordes de las orejas son las zonas más vulnerables.

Como todo tipo de cáncer debe ser tratado a tiempo, ya que en algunos casos puede producirse metástasis y afectar tejidos y órganos, circunstancia que puede comprometer la vida del paciente. Esta situación es más frecuente en aquellas personas que presentan cuadros inflamatorios crónicos de la piel.

Aunque los factores de riesgo para contraer este tipo de cáncer son los ya mencionados anteriormente, algunos investigadores señalan la existencia del factor hereditario como una de las posibles causas de este tipo de cáncer en particular.

Algunos signos relevadores del carcinoma espinocelular incluyen las arrugas, cambios de pigmentación o pérdida de elasticidad. Pueden aparecer manchas engrosadas, irregulares y escamosas parecidas a una verruga.

Como cualquier tipo de cáncer es fundamental un diagnóstico precoz y el oportuno tratamiento. Este dependerá de la clase de tumor, de su localización y tamaño, considerando también la edad y el estado de salud del paciente. El tratamiento suele llevarse a cabo sin necesidad de hospitalización, en consultorios médicos o en una clínica. La anestesia local suele ser suficiente en la mayoría de casos y, por lo general, no es doloroso ni causa excesivas molestias ni durante ni después del tratamiento.

Melanoma maligno

El melanoma maligno tiene su origen en los melanocitos. Aunque en la mayoría de casos la afectación se produce en la piel, también puede presentarse en los ojos, las mucosas, el aparato digestivo o el sistema nervioso, entre otros. Se trata de un tipo de cáncer muy peligroso que dependerá en buena medida de la rápida detección y el tratamiento precoz. Su prevalencia es mayor entre personas de mediana edad o mayores y afecta más al sexo femenino.

Los signos para su detección, además de los ya mencionados, son los lunares atípicos. Cuanto mayor sea el número y el tamaño mayor será también el riesgo. Por lo general son asimétricos, con un contorno irregular y coloración no uniforme, suelen estar elevados y tienen un tamaño superior a los 6 mm. Las pecas igualmente constituyen un factor de riesgo. Haber padecido quemaduras solares y los antecedentes familiares son otros aspectos destacables a tener en cuenta.

El médico será quien determine qué tipo de tratamiento es el más adecuado en cada caso. Existen cuatro tipos de tratamiento que, en muchos casos, se llevan a cabo de forma combinada: la cirugía, la quimioterapia, la inmunoterapia y la radioterapia.

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