La pérdida de memoria es uno de los problemas que más preocupan a las personas cuando alcanzan una edad avanzada. Sin embargo, no es posible afirmar rotundamente que la memoria de los mayores empeore con la edad, ni que el olvido sea una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Diferentes sistemas de memoria

La comprensión de la naturaleza de los cambios que la memoria experimenta con la edad, requiere analizar los diferentes sistemas que la componen. Desde modelo multi-almacén de memoria (Atkinson y Shiffrin, 1968), la información se codifica mediante tres sistemas: memoria sensorial (MS), memoria a corto plazo (MCP) y memoria a largo plazo (MLP).

Memoria sensorial (MS)

La memoria sensorial es concebida como un almacén breve de información procedente del entorno, capaz de registrar las sensaciones percibidas a través de los sentidos. Puede procesar gran cantidad de información pero solo en un espacio muy breve de tiempo; información que ha de ser procesada para alcanzar los siguientes sistemas de memoria. Tal como señalan Javier Gómez y Maximina Rodríguez en el artículo “Aplicación del CAS en el estudio de los procesos cognitivos en personas mayores” publicado en la Revista gallego- portuguesa de psicología y educación (2006, vol. 13, nº 11-12) los resultados de los estudios parecen coincidir en que la memoria sensorial no presenta déficits asociados al envejecimiento.

Memoria a corto plazo (MCP)

La memoria a corto plazo está compuesta a su vez por dos subsistemas: la memoria primaria y la memoria de trabajo.

La memoria primaria implica mantener una pequeña cantidad información en un espacio breve de tiempo, como por ejemplo cuando se lee un número de teléfono y se mantiene en la memoria hasta que lo marcamos. Tal como exponen María Izal Fernández e Ignacio Montorio en su publicación “Psicología del envejecimiento. Estabilidad, cambio y adaptación” publicada en 2002 por la Fundación para la Universitat Oberta de Catalunya, los estudios muestran que, respecto a este tipo de memoria, no hay grandes diferencias con la edad.

Por otro lado, la memoria de trabajo implica mantener de forma consciente la información y al mismo tiempo trabajar con la misma, de manera que pueda almacenarse a largo plazo en la memoria permanente. También está implicada cuando la información se ha de manipular para resolver un problema o tomar una decisión. A este respecto, los estudios concluyen que hay un menor rendimiento en la memoria de trabajo en la vejez, siendo el declive más acusado a partir de los 70 años (Gómez y Rodríguez, 2006).

Memoria a largo plazo (MLP)

La memoria a largo plazo se divide a su vez en memoria procedimental y memoria declarativa.

La memoria procedimental se refiere a la memoria de procedimientos, es decir, actividades que se han practicado mucho e incluso se han llegado a automatizar, como por ejemplo, lavarse los dientes o practicar un deporte. Este tipo de memoria no suele verse afectado por el paso de los años, de forma que se conservan las habilidades aprendidas y practicadas reiteradamente (Gómez y Rodríguez, 2006).

La memoria declarativa sería aquella memoria que da cuenta del conocimiento acumulado; denominada memoria episódica cuando se refiere a recuerdos personales ubicados en un tiempo y un lugar, y llamada memoria semántica, cuando se refiere al conocimiento organizado y sistemático.

Algunos procesos de la memoria semántica se conservan con la edad sin mostrar problemas, mientras que otros procesos son susceptibles de verse alterados en la vejez, como pueden ser los referidos a la disminución en la fluidez verbal y la dificultad para encontrar palabras en la conversación espontánea.

La memoria episódica referente a los recuerdos autobiográficos (memoria episódica retrospectiva) suele mantenerse para los años en torno a la adolescencia, siendo los recuerdos de las etapas posteriores a este periodo, los que disminuyen de manera significativa en la vejez. Por otro lado, la memoria episódica que se refiere a las actividades que se planean hacer (memoria episódica prospectiva), como por ejemplo, recordar llamar a alguien porque es su cumpleaños, presenta un rendimiento menor en los ancianos respecto a las personas más jóvenes. Sin embargo, las personas mayores compensan estos déficits recurriendo a ayudas externas (por ejemplo, apuntando fechas en un calendario) supliendo así la aparición de problemas significativos en la vida cotidiana (Fernández y Montorio, 2002).

La memoria en la vejez

Lo que se deriva de este recorrido a través de los cambios que experimentan con la edad los diferentes sistemas de memoria, es que mientras algunos aspectos de la memoria, como la memoria sensorial o la memoria procedimental permanecen sin cambios significativos con el paso de los años, otros sistemas como la memoria de trabajo acusan en mayor grado un deterioro durante el envejecimiento.