Los escritores de la autoayuda dedican sus conocimientos a hablar de ello aplicando razonamientos dispares, pero ahora hay una base científica avalada entre otros por las investigaciones del neuropsiquiatra Daniel Amen, responsable de la cátedra sobre Comportamiento Humano en la Universidad de California. Nos referimos al hecho de poder mejorar y transformar la propia vida, explorando y transformando nuestro cerebro. Los resultados obviamente no son inmediatos, pero el trabajo puede ser apasionante.

La lista de gurús del crecimiento personal es enorme, desde el misterioso Carlos Castaneda hasta Eckhart Tolle, pasando por Esther y Jerry Hicks, Jorge Bucay, Deepack Chopra o Louise Hay, por citar solo unos cuantos. Pero seguramente no andamos desencaminados si decimos que el primer best seller que empezó a extenderse como la pólvora entre los interesados en asuntos de crecimiento personal fue Tus zonas erróneas, del norteamericano Wayne Dyer.

El cerebro: un órgano moldeable

Con un texto comprensible hasta para el ama de casa menos instruida, Dyer, como los restantes, logra con razonamientos sencillos desmontar un montón de prejuicios presentes en la sociedad y que alcanzan al común de los mortales encadenándonos al sufrimiento.

A fin de cuentas lo que Dyer y todos los demás explicaron desde distintos enfoques es lo que más tarde científicos como el doctor Amen o la profesora Sarah-Jayne Blakemore, neurocientífica experta en los cambios que el cerebro experimenta a lo largo de la vida, han demostrado con sus estudios y su experiencia clínica

Su afirmación es fácilmente comprensible por todos nosotros. El cerebro –explica en su libro Cambia tu cerebro y cambia tu vida- es un órgano moldeable que puede realizar una cantidad ingente de funciones y a medida que se entrena en cada una de ellas va modificándose a sí mismo. Quiere decir que a base de ejercitarse en una tarea específica se pueden eliminar comportamientos dañinos y mejorar considerablemente la calidad de vida.

En la neuroterapia está la clave

Así, los objetivos alcanzables trabajando nuestro cerebro con la neuroterapia pueden ir desde aprender un nuevo idioma o controlar el peso hasta la eliminación de la ira de nuestras vidas, la depresión, la ansiedad o el pánico. Y además toda una larga lista de padecimientos que abarcaría desde trastornos del sueño hasta problemas de aprendizaje, epilepsia o adicciones, por citar solo unos cuantos ejemplos.

Dice este neuropsiquiatra que con una serie de ejercicios cognitivos, incluso lesiones cerebrales provocadas por un accidente que están ocasionando comportamientos de falta de control, como el enojo o la ira, pueden subsanarse.

Pese a las críticas recibidas por parte de sus colegas, el doctor Amen, miembro destacado de la American Psychiatric Association, presenta como aval de sus investigaciones una base de datos de 58.000 escáneres cerebrales y tratamientos clínicos a pacientes de 88 países.

El sexo está en el cerebro

Su fama como terapeuta le ha llevado a producir un programa con The United Paramount Network, titulado The Truth About Drinking (La verdad sobre la bebida), un programa de educación para adolescentes sobre el consumo del alcohol, ganador de un Emmy por ser considerado como el mejor show educativo de televisión.

Y como de comportamientos se trata, los estudios de Daniel Amen alcanzan también la memoria emocional, residente cómo no en el cerebro, y responsable de las buenas sensaciones y de las relaciones amorosas.

Esperando la llegada del amor

A raíz de sus investigaciones y anteriormente las del bioquímico norteamericano Vincent du Vigneaud, la afirmación de que la sexualidad tiene fundamentalmente que ver con la genitalidad queda desmontada al desvelarse el cerebro como el órgano sexual más importante.

Por eso en su otra obra, Sex on the brain (Sexo en el cerebro), y remitiéndonos a las investigaciones de su colega neurólogo, Alan Hirsch, el doctor Amen enseña que esa fábrica de sustancias químicas que está en la cabeza, “esperando la llegada del amor” puede ayudarnos en nuestras relaciones amorosas si nos animamos a conocerla con su ayuda.

En definitiva, y como el cerebro controla todo lo que hacemos y de alguna manera nos posee, no estaría de más interesarse un poco al menos por las leyes que lo rigen para mejorar nuestra calidad de vida.