En el año 2007, en Alaska se produjo el incendio más grande de la tundra ártica, el cual dejó en la atmósfera una cantidad de carbono igual a la conservada en los 50 años precedentes al permafrost de la totalidad de la tundra. El incendio se produjo en la zona del río Anaktuvuk, en la cadena de los montes Brooks del norte de Alaska, como recuerda un artículo de la revista Nature, del pasado 28 de julio.

Qué son los gases de efecto invernadero

Sin la atmósfera, que retiene el calor, las formas de vida de la Tierra, morirían por el frío. Los gases de efecto invernadero son una mezcla de vapor de agua, dióxido de carbono, metano y otros gases que reirradian el calor solar hacia la superficie terrestre, manteniendo la temperatura media global a 14 grados.

Desde la Revolución industrial, la concentración de anhídrido carbónico de la atmósfera ha crecido en un 30%. Solo en el siglo pasado, la temperatura global aumentó medio grado, agravando los efectos del mal tiempo y aumentando el nivel de los mares. Se teme que con el incremento de los niveles de gases de efecto invernadero, los aumentos de temperatura serán mayores y los cambios climáticos siempre más devastadores.

Qué es el "permafrost"

El calentamiento global está teniendo sus efectos en las latitudes más septentrionales del planeta. Además del fenómeno de derretimiento de la capa glaciar de Groenlandia y la reducción de la superficie cubierta de témpanos en el océano Ártico, lo que más preocupa es lo que está sucediendo en la tierra firme de Siberia, Alaska y Canadá; en particular el derretimiento del permafrost.

El permafrost es la parte superficial del terreno permanentemente congelado y duro como una roca. Uno de los problemas es que el suelo, cuando se descongela, se convierte en blando y fangoso y las construcciones que se encuentran sobre él se vuelven inestables.

La mayor preocupación de los climatólogos es que el permafrost de la tundra ha almacenado por milenos, en forma congelada, enormes cantidades de carbono y metano, que ahora con el deshielo son liberados en la atmósfera. El metano, en particular, es un potente gas de efecto invernadero, mucho más peligroso que el anhídrido carbónico. Con el calentamiento, además de la liberación de estos gases, aumenta el peligro de incendios como el ocurrido en el 2007.

Un rayo fue el responsable del incendio en el río Anaktuvuk

En realidad, hasta ahora, se conoce poco del efecto de los incendios sobre el ecosistema de la tundra y la liberación de carbono. Los veranos árticos son más largos y secos, exponiendo el permafrost altamente inflamable a amenazas desconocidas. “Si pequeños incendios suceden cada 80-150 años, la tundra tiene el tiempo de regenerarse”, explica Sydonia Bret-Harte, coautora del estudio. “Pero si se producen con mayor frecuencia, por ejemplo cada diez años, el ambiente no tiene tiempo de recuperarse”.

El incendio del Anaktuvuk se originó por la caída de un rayo. “Normalmente se espera que un incendio que se inicia en un terreno húmedo como el permafrost, en vía de deshielo, se apague rápidamente”, prosigue la estudiosa de la Universidad de Alaska. “En cambio, el verano de 2007 fue particularmente seco, el incendio no se apagaba y seguía expandiéndose por semanas en una zona boscosa en donde era imposible intervenir, hasta que en septiembre fuertes vientos acabaron con las llamas”. El humo era visible desde 24 kilómetros de distancia.

En el incendio de un bosque el fuego quema los árboles y las hojas caídas; mientras que en la tundra, además de reducir a cenizas musgos y líquenes; las llamas queman el mismo suelo, el permafrost, destruyendo al menos el 30% del material orgánico que contiene. Considerando la vasta extensión de la tundra, el estudio de Nature advierte de la “bomba ecológica” que podrían representar los incendios en la tundra, condicionando la emisión de gas efecto invernadero.