Clásico de clásicos por su música, por su baile, por su protagonista y por su director. Liza Minnelli en su mejor papel y Bob Fosse en su mejor película. Ocho premios Óscar y un lugar en la historia del cine. Cabaret es baile, música, amor, trabajo, traición, historia, dinero, muerte. Liza tiene razón: life is a cabaret (la vida es un cabaret).

Argumento y personajes de Cabaret

Cabaret comienza en Berlín en 1931. El maestro de ceremonias (Joel Grey), peculiar personaje que casi asusta, presenta el primer cuadro musical. El baile, las mujeres, el público, todos inmersos en ese mar de frivolidad nocturna que funciona como augurio de otra oscuridad que se acerca.

Sally Bowles (Liza Minnelli) es una cantante y bailarina del bajo mundo que sueña con ser actriz. Mientras todos están distraídos, incluso ella, algo crece en las entrañas de una Alemania que mira hacia el cabaret, en este caso, el Kit Kat Club. El contexto histórico empieza a latir cada vez más fuerte.

A esa ciudad llega Bryan (Michael York), un americano con poco dinero, que lejos de ser el galán de turno, siembra en el espectador una duda sobre su sexualidad. Luego llegará Maximiliam (Helmut Griem), un alemán con dinero que resulta moralmente indefinible. Y también estarán Fritz (Fritz Wepper) y Natalia (Marisa Berenson), un proyexto de pareja que se ve inmersa en intereses económicos y religiosos. La moral y la identidad se tornan ambiguas.

Los nazis empiezan a ocupar lugar en una Alemania que se los permite y la historia de los personajes se vuelve cada vez más turbia. Tramas paralelas que no se mezclan, pero donde una funciona como metáfora de la otra: la degradación ha puesto fin a la inocencia. El cabaret seguirá andando, pero ya no será el mismo.

El destino de los personajes, aunque en varios casos se muestre, también es ambiguo. Porque ya sabemos cómo siguió la historia y cómo trató a quienes, como los protagonistas, eran judíos, homosexuales o extranjeros.

Los temas de Cabaret: atreverse en Hollywood

Cabaret es un film transgresor. Sexo, aborto, homosexualidad, muerte y todo sin una sola imagen que supere la insinuación. Por eso se convierte en una película que superficialmente no escandaliza, pero se permite tocar temas inesperados para un musical de Hollywood de 1972.

La forma de mostrar el avance nazi sobre Berlín es otro de los grandes logros del film. Hay algo que está latente: a cuentagotas y con disimulo, el partido encabezado por Hitler gana adeptos. Violencia, panfletos y pintadas: la ira antisemita se desata. ¿Cómo es posible?

El único cuadro musical que no tiene lugar en el cabaret es la explicación: un niño rubio empieza a cantar una risueña canción “…levántate, levántate, el mañana me pertenece”. Y todos los que lo circundan comienzan a cantar con firmeza y convicción. El niño lleva en su brazo una esvástica. En nombre del nacionalismo, la adhesión ha sido lograda.

Los protagonistas masculinos se cuestionan si realmente el régimen que empieza a emerger podrá ser detenido. Sobran respuestas.

Las canciones de Cabaret: la consagración de Liza Minnelli

A diferencia de otros film musicales, las canciones de la película se encuentran siempre contextualizadas: todas, salvo la del joven nazi, son interpretadas como actos dentro del cabaret.

El film inicia con Willkommen, una bienvenida al cabaret de la mano del maestro de ceremonias, las bailarinas y la orquesta. Luego vendrá Mein Herr, el primer cuadro musical de Sally Bowles, y una coreografía para la historia: el baile con sillas creado por su director, el gran Bob Fosse.

La siguiente canción será Maybe this time, un clásico para el lucimiento vocal de Liza Minnelli. A continuación vendrá Money Money, interpretada por Sally y el maestro de ceremonias. Él también cantará Two Ladies y Tiller Girls, siempre envuelto en un aura perturbadora, incluso en sus intervenciones cómicas.

Las últimas dos canciones marcarán un quiebre en la historia. Primera vendrá el himno germano cantado por el joven nazi Tomorrow belongs to me que determina lo irreversible de la situación política. La película cerrará con Cabaret y una Sally Bowles-Liza Minnelli que pasa a la historia en una interpretación inolvidable.

Cabaret, un musical distinto

Desde la dirección, Bob Fosse propone cambios. Una cámara veloz y planos intercalados de forma inesperada, le dan un nuevo sentido a las imágenes, sobre todo al final, cuando la realidad es efectivamente otra.

Un montaje que recurre a la repetición para refrescar la memoria, aunque sea demasiado tarde. Y ese maestro de ceremonias que aparece, cuando menos se lo espera, rompiendo cualquier lógica lineal del relato.

¿Otro musical sobre una artista del cabaret que sueña con ser una estrella? No. ¿Otra película sobre los nazis? No. Cabaret es mucho más que eso.