Pertenece a la familia de los equinos y es primo hermano de las cebras y los asnos. Desde que el hombre lo encontró se ha convertido en un compañero fiel que lo mismo se usa como montura o para tirar carros, trineos, hacer girar molinos o norias de agua.

Las investigaciones más serias sobre el origen del caballo aseguran que apareció hace 54 millones de años, durante el Eoceno, pero el aspecto con el que lo conocemos actualmente tiene apenas unos dos millones de años, de acuerdo a restos fósiles encontrados en los Estados Unidos de Norteamérica donde pastaban grandes manadas.

Por su morfología el caballo es un atleta natural. Tiene 210 huesos individuales, excluyendo los de la cola, recubiertos por cartílagos y músculos, lo que les permite realizar diversas acciones como pastar, acostarse y alcanzar grandes velocidades. Su característica anatómica más notable es la pezuña, donde encontramos un dedo único en cada una de sus extremidades. Acostumbra a formar manadas en las que vive y se reproduce.

En algunos documentales se pueden apreciar estas manadas parecidas a las olas del mar. El mundo de los dioses y los genios que es inmenso está poblado de caballos divinos.

Historia compartida

La historia del caballo puede contarse de manera similar a la humana. Su evolución, al igual que el género humano, atraviesa las distintas etapas geológicas afirmándose en una lucha contra la adversidad y por la supervivencia.

Las investigaciones zoológicas consignan que las primeras huellas del caballo se remontan a la época en que los grandes reptiles se escondían en las aguas pantanosas del Cretáceo. Su alzada en aquel entonces difícilmente le hubiera permitido el más pequeño salto de sus parientes contemporáneos, pues no medía más de cincuenta centímetros.

Sin embargo, existe la constancia clara y cierta de su existencia. En 1958, en las cercanías del lago de Constanza, en Alemania, se encontraron trece esqueletos de hipariones, primos lejanos de nuestros caballos, que llegaron a Europa a través del Estrecho de Bering. Los zoólogos aseguran que es posible reconstruir su aspecto mediante una extrapolación analítica para consignar sus cambios a lo largo de la historia pero ¿cuál es su verdadero origen?, ¿de dónde vienen?

Viajero de nacimiento

Aun cuando se entra de lleno en el campo de las conjeturas, los científicos tienen pruebas de sus andanzas y migraciones. Los ancestros de los caballos surgieron lo mismo en tierras de América que de Asia y de Europa. Su sentido de supervivencia les llevó a cruzar repetidas veces de un continente a otro.

Las glaciaciones y los reacomodamientos geológicos forjaron el desarrollo de su talla y modificaron sus características físicas y sus cualidades. Se sabe que el frío acabó con los que vivían entonces en América, sobreviviendo únicamente los que pasaron a Europa y Asia, abuelos directos del caballo actual. Las grandes manadas buscaron siempre las praderas. Pasto y agua eran suficientes para mantener la lozanía de sus crines, la fuerza y equilibrio de sus extremidades.

La zoología consigna que la historia de sus últimas migraciones se refleja en su aspecto actual: los caballos más veloces, los de raza más pura, se crían en las áridas y ardientes tierras del desierto, mientras que los grandes y fuertes caballos de tiro crecen en las templadas praderas donde abunda la hierba.

El encuentro de dos historias

Millones de años antes de que apareciera el género humano sobre la Tierra, los caballos recorrieron de arriba abajo valles y montañas hasta que finalmente se encuentran. Podemos imaginar al hombre antes de convertirse en el amo de la creación, cuando el mundo le era hostil y extraño, refugiado en las cavernas, contemplando aquel animal que vivía libre y salvaje.

¿Se identificó con él?, ¿envidió su tamaño y su fuerza? Las pinturas encontradas en las cuevas sólo consignan su presencia en el mundo que plasmaron nuestros abuelos. En las cavernas de Uffington, en Inglaterra, muy cerca de las colinas donde la leyenda asegura que San Jorge acabó con la vida de un dragón, se encuentra la representación de un misterioso caballo blanco, en piedra caliza y con más de dos millones de años de antigüedad.

Todo ello sucedió antes de que el hombre dominara a la manada, antes de que aprendiera el lenguaje con el que después creó toda una serie de leyendas sobre el regalo de los dioses que significó el caballo. En las pinturas rupestres nuestro abuelo pitecántropo consigna los primeros encuentros, los primeros pasos de una historia de amistad.

Algunos historiadores aseguran que la domesticación del caballo se realizó por primera vez en la Rusia asiática por los mongoles, otros afirman que fue en tierras de Mesopotamia, Asiria y Babilonia. En cuanto el caballo fue montado, acompañó al hombre en la expansión de civilizaciones, en aventuras guerreras, en celebraciones, para curarse y en el trabajo cotidiano. Y sigue siendo parte de sus sueños.