De igual modo que la desnutrición constituye una de los problemas más graves de la humanidad, la obesidad se está convirtiendo en la actualidad en un fenómeno en auge y que afecta a un sector de la población cada vez más extenso. La obesidad se relaciona con un buen número de enfermedades, algunas muy graves, por lo que se está convirtiendo en uno de los mayores problemas de la salud pública.

Enfermedades asociadas a la obesidad

Es por todos conocido que la obesidad está asociada a diversas enfermedades. Las posibilidades de padecer diabetes o hipertensión arterial son muy frecuentes en personas obesas. La obesidad, asimismo, suele estar acompañada de un importante aumento de triglicéridos en la sangre, lo que va unido a una mayor probabilidad de padecer enfermedades del corazón, con riesgo moderado de sufrir un infarto.

En el caso de las mujeres aumentan los trastornos menstruales, pudiendo llegar a la infertilidad, así como las posibilidades de padecer cáncer de útero, ovarios o mama. Y por lo que respecta a los hombres, los riesgos apuntan al cáncer de colon o de próstata.

La obesidad también tiene una mayor presencia en los casos de artrosis, dolor lumbar o trastornos cutáneos. Las dificultades respiratorias y los accidentes cerebrovasculares también se asocian a la obesidad. El hígado es otro de los órganos que puede sufrir las consecuencias del exceso de peso. Otra de las características comunes entre las personas obesas es la apnea.

En términos psicológicos, la obesidad también puede causar serios problemas, entre los que se podría destacar la depresión.

Globo o balón gástrico

El globo gástrico es un balón de silicona expansible que se introduce en el estómago a través de la boca sin necesidad de cirugía aunque con sedación.

Una vez introducido se llena con una solución salina estéril, para quedar flotando libremente en el estómago. La operación dura apenas media hora, pudiendo regresar a casa al cabo de unas pocas horas.

El globo gástrico permanecerá entre 6 y 8 meses en el estómago, para ser retirado transcurrido este tiempo. A lo largo de este tiempo se seguirá una dieta supervisada por el médico, así como un programa para modificar el comportamiento alimentario.

Cirugía para la obesidad

El planteamiento de pasar por el quirófano para perder peso debe hacerse en los casos de obesidad mórbida, cuando los riegos inherentes a este tipo de operaciones son menores que los problemas que la obesidad supone para la salud del afectado. En general se considera como una opción cuando el índice de masa corporal es de 40 o superior y existe una amenaza evidente para la vida o bien una discapacidad notoria asociada con el exceso de peso.

Requisitos para acceder a la cirugía

Además de exceder del peso normal por encima de 40 del IMC, se requiere haber sido obeso por un periodo no inferior a los cinco años y que los tratamientos convencionales para perder peso no hayan tenido éxito. A todo ello hay que sumarle la edad, no inferior a los 18 años ni mayor de 65. Otro factor que se tiene en cuenta es que la persona no abuse del alcohol.

Bypass gástrico: laparoscopia

Este tipo de cirugía se hace con anestesia y, básicamente, consiste en cambiar la forma como el estómago y el intestino delgado reciben el alimento. Tras la operación el estómago queda más pequeño, con lo que la sensación de saciedad se logrará ingiriendo menos comida. El alimento, por otra parte, no irá a algunas partes del estómago y el intestino, por lo que el organismo no absorberá todas las calorías del alimento ingerido.

El bypass gástrico se puede efectuar de dos modos; con una incisión grande para abrir el abdomen y operar los órganos en cuestión, o mediante una cámara diminuta llamada laparoscopio. Esta técnica, conocida como laparoscopia, consiste en efectuar entre 4 ó 6 incisiones pequeñas en el abdomen, por las que el cirujano introducirá el laparoscopio, conectado a un monitor de vídeo. Mediante el uso de instrumentos quirúrgicos específicos, que se introducirán por las incisiones, el cirujano efectuará la operación. Con esta técnica, que apenas dura unas cuatro horas, se consigue un periodo de recuperación más rápido. También hay menor riesgo y menos dolor.

Esta técnica no está recomendada para personas cuyo peso exceda de los 160 kilos, tiene neumopatía o cardiopatía severa o ya se hizo una cirugía abdominal en el pasado. Como contraindicaciones esta la posibilidad de desarrollar cálculos biliares.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".