Es lunes por la mañana. Comienza a hacer frío. Noelia despierta y se ve invadida por una tromba de pensamientos ingratos: tiene una reunión aburridísima, hay que pagar las facturas del verano, la ropa del año pasado no le entra... Siguiente pensamiento: “¡Qué horror, todo el año así!”

Pensamiento positivo

No es de extrañar que nuestra amiga se deprima. Pero eso le ocurre porque está centrando su atención en los aspectos negativos de su vida, y dando por hecho que seguirán siendo negativos durante los once meses que tiene por delante antes de volver a disfrutar de vacaciones estivales. ¿Qué puede hacer Noelia para empezar a disfrutar de su rutina? Lo primero, comenzar a plantearse la vida en positivo.

Si decide que quiere ser feliz en el día a día, la desgana se irá convirtiendo en ilusión. “Lo mejor es olvidar que el verano acabó y comenzar a hacer planes para dar un impulso a nuestra vida”, dice la psicóloga y terapeuta Isabel Salama.

Invierte en tu crecimiento personal

Los meses de trabajo van a seguir sucediéndose durante mucho tiempo, nos guste o no, así que trata de hacerlos agradables. ¿Trabajas de 9 a 18? De acuerdo, pero a las 19 horas puedes emplear tu tiempo en lo que quieras. No necesariamente yendo de compras o a tomar copas. Por ejemplo, considera apuntarte a un curso o taller de crecimiento personal. "En ellos se reúnen muchas personas con las mismas motivaciones y son una gran herramienta para el autoconocimiento", sugiere la experta.

La clave está en llevar a cabo nuestros propósitos por placer, y no por huir de la rutina. Se trata de hacer todo lo posible para estar bien cada día, en lugar de perder el tiempo soñando con las próximas vacaciones o hacerse a uno mismo esas grandes promesas de cambio que nunca llegan a materializarse.

Comienza el día con energía

  • Despierta con un sonido agradable. Sustituye el timbre o las noticias por una emisora de música o un despertador con sonidos de la naturaleza.
  • Estírate para activarte y visualiza tu día en positivo.
  • Desayuna bien: café o té, zumo o frutas e hidratos de carbono, como cereales integrales o unas buenas tostadas.
  • Arréglate. No se trata de ser la estrella de la oficina, sino de que te guste la imagen que te devuelve el espejo.
  • Cambia la rutina: si puedes, ve a trabajar un día en metro, otro en autobús, otro andando... Llévate el MP3 o un buen libro y disfruta del trayecto.
  • Hazte el propósito de no contagiarte del estrés general: concéntrate en tu libro o tu música, imagínate iluminado por un rayo que te protege...

Organiza tus tareas

  • Haz algo que te guste nada más llegar, como revisar el correo. Y después, encárgate de la tarea más pesada, para quitártela de encima cuanto antes.
  • Haz pausas para estirar las piernas, tomar el aire, beber un vaso de agua, charlar con un compañero o estar a solas un minuto.
  • Decora tu espacio personal con algún objeto que te relaje o te dé fuerza: una foto, una planta, una piedra, una pelota antiestrés...
  • Al mediodía, queda para comer, vete al gimnasio o de compras, charla o pasea a solas… pero desaparece de la oficina.
  • Si estás a punto de lanzarte al cuello de tu jefe o compañero, cuenta hasta diez, date una vuelta a la manzana y respira hondo. Lo verás todo más claro.

Relájate en tu hogar

  • Desconecta. Quítate los zapatos, ponte ropa cómoda y haz algo placentero. Si estás agotado, disfruta precisamente de no hacer nada o regálate un baño relajante.
  • Organiza una cena con tu pareja o tus amigos. Aunque te dé pereza, seguro que al final te animas. Si estás solo, elige el ocio creativo: un buen libro, una película o tu revista favorita.
  • Engánchate a Internet o la tele si eso es lo que te relaja... pero procura apagarla en cuanto notes que estás haciendo zapping por inercia.
  • ¿Tienes energía y ganas? Haz algo creativo: escribe un diario, pinta, haz un collage o una estantería, redecora el dormitorio, invéntate tus propios cosméticos...
  • Cena ligero, a base de proteínas, fruta y verdura, si quieres mantener el tipo. Toma carbohidratos si estás algo nervioso, porque calman la inquietud.

Un buen descanso

  • Vete a la cama al menos dos horas después de cenar, con la digestión hecha.
  • Procura no ver la tele en la cama ni tener muchos aparatos eléctricos en la habitación. Sus ondas interfieren en el descanso.
  • Bebe una infusión relajante: tila, melisa o azahar.
  • En la cama, relaja el cuerpo, soltando la tensión de todos los miembros, de los pies a la cabeza. Después, respira profundamente... y a descansar.
  • Repasa el día y felicítate por lo bueno que te ha ocurrido, en vez de recrearte en lo malo.
  • Por supuesto, una buena sesión de sexo también te dejará como la seda.
  • Duerme las horas que necesites. El mínimo recomendado son siete.
  • Si no puedes dormir porque estás nervioso, levántate y haz algo aburrido. Se trata de asociar la cama únicamente con el descanso y el placer. Una vela de aromaterapia también puede ayudarte a conciliar el sueño.