
- Spam en la bandeja de entrada - Foto. Wikipedia
Un furibundo editorial del prestigioso France Soir (14/03/2010), arremete sin contemplaciones contra José Luis Rodríguez Zapatero. Lo califican de “incompetente”, “iluminado”, “sectario” y otras lindezas. Los detractores del presidente –los tiene a porrillo, no es ningún secreto -, reenvían el “editorial” a todos sus contactos. Inmediatamente, el falso editorial es un éxito en la red.
No importa si la información es verdadera o falsa. Quienes pusieron en circulación este bulo (hoax) han conseguido lo que pretendían: hacerse con multitud de direcciones web para utilizarlas en la actividad ilícita del spam. No hay nada como una buena mentira, bien contada, para obtener beneficios ilegítimos. Los spamers tienen dos poderosos aliados: la credulidad y la inseguridad.
Hoax en circulación
Cuanto más escandalosa sea la supuesta noticia, mejor. Si involucra a algún personaje conocido, mejor aún. Si el “perjudicado” por la patraña es alguna persona o entidad que no goza de pública simpatía, el éxito está asegurado. Hace dos años, alguien experimentó con un absurdo bulo sobre SGAE. Aún circula por la red. Como su objetivo no era el spam, todo en orden. Tendemos a hacer cierta cualquier información que ratifique nuestras convicciones, filias o fobias.
Otra fórmula de éxito seguro: crear alarma. Productos de consumo, supuestamente, peligrosos, virus, contagios, nuevas formas de robo, tráfico de órganos, amenazas de toda índole... Ante la duda, el usuario de Internet suele optar por reenviar la información. La Asociación de Internautas confirma que el 70% de quienes reenvían correos maliciosos están prácticamente convencidos de que son una trola.
Cadenas de solidaridad, de la suerte, leyendas urbanas, métodos para hacerse millonario en diez minutos, regalos de grandes compañías, alertas sobre el cierre de servicios en Internet, mensajes religiosos, profecías... cualquier embuste sirve a los creadores de hoaxes (en inglés, patrañas), para llamar la atención de los usuarios bienintencionados y conseguir su propósito: que reenvíen la falsa información a todos sus contactos.
Stop al spam
El spam es una actividad ilegal que consiste en el envío masivo de publicidad no solicitada. Por lo general, en las páginas adonde nos remite el spam no se vende nada, salvo más publicidad engañosa. Los productos estrella: medicamentos milagrosos y relojes “réplica perfecta” de los auténticos. Entre cientos de millones de cibernautas, si un ínfimo porcentaje “pica”, el negocio está asegurado.
Otra finalidad del spam es dirigir al cibernauta a páginas que instalarán en nuestro equipo software malicioso, falsos programas antivirus que no pueden desinstalarse y, si no ponemos rápido remedio, controlarán nuestros datos de navegación, contraseñas y demás información privada. Con ella, los spamers realizan actividades fraudulentas como compras, hurtos bancarios, etc.
Hoax: ¿Cómo actuar?
Cuando recibimos una información “llamativa” en nuestro correo, deberíamos ante todo verificarla. Un simple rastreo de la noticia en cualquier buscador suele ser suficiente. Si decidimos reenviarla, es conveniente iniciar un nuevo mensaje: “Redactar”, no “Reenviar”. Añadamos las direcciones de nuestros amigos usando la opción CCO (Con Copia Oculta). De esta forma, los spamers tendrán la puerta cerrada en sus narices.
Otra actitud sensata es no dar siempre por cierto y verdadero todo cuanto recibamos de nuestros amigos. Nos inclinamos a pensar que el contenido de sus correos es tan fiable como ellos. Pero tengamos en cuenta que nuestro amigo no es el autor de esa cadena, sino uno más de sus inocentes difusores. Si queremos devolverle la cortesía, en vez de reenviar advirtámosle amablemente de su error.
Spam, qué hacer en caso de duda
El spam, como todas las actividades basadas en el engaño, necesita la colaboración necesaria de sus víctimas para tener éxito. Si actuamos con cautela y nos imponemos un poco de sentido común y un mínimo de rigor antes de lanzar correos al ciberespacio, habremos avanzado mucho. Actuemos al contrario de como presuponen los inventores de bulos: En caso de duda, no reenviar.
