La bulimia es un trastorno de la alimentación en que las personas no son capaces de controlar sus impulsos a la hora de ingerir alimentos. Esta situación genera sentimientos de culpa y vergüenza, ya que tras la ingestión de gran cantidad de alimentos vienen los vómitos provocados o el empleo de diuréticos y laxantes. También son habituales los regímenes rigurosos o una práctica de ejercicio excesiva, todo ello para tratar de contrarrestar los efectos de los atracones que, semanalmente, pueden rondar los 15 o 20, con los subsiguientes vómitos autoinducidos. Sin embargo, al contrario de lo que sucede con la anorexia, el peso suele ser el normal, razón por la que no es fácil detectar la enfermedad.

La bulimia afecta en mayor medida a las mujeres, por lo común jóvenes, aunque no tanto como en el caso de la anorexia. La edad promedio se sitúa en torno a los 20 años. También cabe destacar que las personas que han padecido anorexia tienen un mayor riesgo de sufrir después bulimia. En este sentido es importante señalar que en los últimos tiempos ha habido un incremento notable de pacientes con anorexia que presentan síntomas bulímicos.

Esta patología distingue dos tipos; la bulimia purgativa, en la que se recurre a los vómitos o a otros medios purgativos para controlar el peso, o la bulimia no purgativa, en la que, sin recurrir a los métodos anteriormente citados, el control de peso se ejerce mediante un ejercicio físico exagerado o dietas severas.

Causas de la bulimia

Aún no puede determinarse la causa o causas precisas de la bulimia, aunque parece bastante claro que está relacionado con una serie de factores desencadenantes entre los que se incluyen hechos traumáticos familiares, como puede ser el abuso sexual infantil, factores psicológicos ligados a la personalidad u otros factores sociales, culturales o biológicos.

La persona afectada por bulimia siempre se ve gorda, tiene una idea distorsionada de su propio cuerpo por más que su peso sea el normal. Y a pesar de ello no es capaz de reprimir el comportamiento compulsivo hacia la comida. La culpa y la vergüenza llevan al secretismo, ya que la persona es consciente de la anormalidad de su patrón alimenticio (rasgo distintivo respecto de la anorexia). Todo ello conduce a un círculo vicioso del que es muy difícil escapar.

Síntomas de la bulimia

Los síntomas que denotan que la bulimia está presente son los atracones y la ingesta desmesurada de alimentos en un corto espacio de tiempo. No hay control sobre la comida y son presas de una gran ansiedad. A raíz de ello, y como medida para prevenir el exceso de peso, se recurre a los vómitos provocados, el uso de laxantes, diuréticos y otros medicamentos, el ejercicio excesivo o dietas draconianas. Estos episodios, que se reproducen al menos dos veces a la semana, suelen llevarse a escondidas, de preferencia por la noche. Tampoco suele existir un placer especial por la comida, sino una sensación compulsiva por saciarse.

Esta situación lleva aparejada otra sintomatología de índole psicológica, como puede ser la depresión, la baja autoestima o la ansiedad. Su comportamiento tiende a rehuir la socialización, en buena parte debido al sentimiento de culpa y de vergüenza que arrastran de una manera cada vez más acusada.

Pero más allá de lo psicológico, también aparecen síntomas físicos como cefaleas, problemas dentales, cara hinchada, pérdida de cabello o irregularidades en la menstruación. Otras consecuencias clínicas pueden abarcar arritmias que, en algunos casos, puede conllevar infartos, colon irritable, deshidratación, hernia hiatal, pérdida de masa ósea, reflujo gastrointestinal, roturas gástricas, pancreatitis o perforación esofágica.

Diagnóstico de la bulimia

De entrada apuntar que el diagnóstico no es fácil, ya que los episodios característicos de la bulimia suelen ocultarse. El médico puede sospechar cuando la persona se muestra excesivamente preocupada por el aumento de peso, cuando hay fluctuaciones de peso muy grandes o hay un uso excesivo de laxantes. Otras señales incluyen la tumefacción de las glándulas salivales, vasos sanguíneos oculares rotos (debido al esfuerzo en el vómito), la erosión en el esmalte dental, infecciones en las encías o valores anormalmente bajos de potasio. El diagnóstico deberá apoyarse con una entrevista psiquiátrica que aporte luz sobre la percepción del afectado sobre su propio cuerpo así como de su relación con la comida.

Tratamiento de la bulimia

El tratamiento contempla dos abordajes: farmacológico y psicoterapéutico. El terapeuta, de preferencia, es recomendable que este especializado en trastornos alimentarios. La terapia cognitivo conductual ha dado muy buenos resultados. Los medicamentos indicados son los antidepresivos (ISRS), aunque la persona no parezca presentar un cuadro depresivo. Si el trastorno presenta gravedad puede precisar tratamiento ambulatorio o incluso hospitalización. Los grupos de ayuda mutua representan un factor de gran importancia para el afectado, ya que allí estará entre iguales y no se sentirá juzgado.

El tratamiento psicológico es importante que vaya acompañado del apoyo y ayuda del entorno familiar. El primer paso es evitar los episodios de vómito y normalizar el metabolismo del enfermo con una dieta adecuada. En el aspecto psicológico se tratará de recuperar y reestructurar las ideas racionales sobre uno mismo y erradicar las percepciones erróneas.

La bulimia es una enfermedad de carácter intermitente, donde los desencadenantes pueden aparecer en cualquier momento, es decir, las recaídas son frecuentes. Aún así se estima que la curación se alcanza aproximadamente en el 40% de los casos. La mortalidad, aunque no es frecuente, sí es superior a la que se produce en los casos de anorexia.

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