Bajo el mandato de Augusto en el siglo I, los romanos, en su intención de defender las fronteras imperiales de las tribus bárbaras, fundaron Aquincum, convirtiéndose en los primeros en disfrutar (in balneis salus) de los numerosos manantiales de agua caliente de la zona. Pero la época dorada de los baños habría de esperar hasta la llegada de los turcos en 1526, tras derrotar a Luis II en la batalla de Mohács, y su permanencia de siglo y medio en la antigua Buda. Durante la ocupación otomana, los baños termales entraron a formar parte de la cultura popular de la ciudad.
Los baños termales como actividad rutinaria
Hoy en día, tomar las aguas en un balneario es una de las más importantes -e innegociables- de las actividades cotidianas en la vida de cualquier ciudadano de Budapest y, por tanto, una de las que un visitante no puede dejar de realizar. Las instalaciones que se reparten por la capital húngara son para todos los gustos, y así tendremos la posibilidad de darnos un simple baño en una piscina, uno de barro, entrar en las tinieblas de una sauna, recibir diferentes clases de masajes, beber aguas ferruginosas (ricas en hierro bivalente y recomendadas para anemias, convalecencias e hipertiroidismo) o recibir gran variedad de tratamientos curativos o de belleza.
Gran diversidad de balnearios
Los baños de la época turca que siguen funcionando en la actualidad se localizan en la zona de Buda. Sin duda alguna, son los más auténticos y representan también lo más alejado de cualquier espíritu turístico, por lo que son visitados y utilizados mayoritariamente por los húngaros. De entre estos, destacaremos los baños Kiraly, a los que accederemos con la línea 2 de metro, bajándonos en Battyany ter. Datan del siglo XVI y se podría decir que permanecen casi como en sus inicios. Sus cúpulas, bajo las que se encuentran las piscinas centrales y cuyos cristales incrustados forman su sistema de iluminación, son consideradas piezas únicas de la arquitectura. Sobrios y silenciosos, encarnan la auténtica tradición termal de los húngaros.
Relativamente cerca, en la Isla Margarita, encontraremos Palatinus Strandfürdo (Piscinas Palatinas): todo lo contrario a lo anterior. Se trata de un conjunto de piscinas termales al aire libre enfocadas decididamente a la diversión: toboganes, piscinas de olas y zonas verdes. Es un lugar espléndido para pasar un día en remojo.
Baños termales Széchenyi
En el Parque Municipal -al que podremos acceder por la histórica línea 1 de metro- se halla uno de los complejos termales más grandes de Europa. Los baños Széchenyi se construyeron en 1909 al ser descubierta casualmente durante unas perforaciones una fuente termal. Actualmente, ofrece los servicios más completos de todo Budapest. Su fachada y el interior -una mezcla de barroco y estilo secesión de enorme belleza- están salpicados en su decoración con estatuas y mosaicos de cristal, y el vestíbulo de entrada merece per se la visita al recinto. Aquí encontraremos el agua termal (abundante en azufre, cal y carbono) más caliente de toda la capital: 75º C. Entre sus instalaciones y actividades, destacan los baños termales, las piscinas cubiertas y al aire libre y los servicios de sauna y masaje.
Por último, mencionar los lujosos baños Gellért (ubicados en el hotel de igual nombre), en las antípodas de la sencillez y parquedad de Király. Justo frente al Puente de la Libertad, por la parte de Buda, podremos acercarnos hasta ellos en tranvía (números 18, 19, 47 y 49). Solo la contemplación de su interior, con todo tipo de piscinas y servicios, requiere pasar por taquilla. Destaca la piscina de la pileta de columnas, que ha servido de escenario para numerosos anuncios publicitarios.
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