Atávicas prácticas de curanderismo, estrafalarios videntes y presuntos casos de santidad han proliferado a lo largo de la historia de Extremadura como manifestaciones de unas ancestrales creencias muy arraigadas en la cultura popular.

El caso de Ana J. de Matamoros

Nuestra primera protagonista es Ana Josefa de Matamoros, natural de Fregenal de laSierra (Badajoz). De 41 años de edad, hizo creer a muchos de sus vecinos que era una elegida del Todopoderoso para salvar tanto al hombre como a la Iglesia en la tierra. Afirmaba predecir acontecimientos venideros (llegó a asegurar que España sería invadida de nuevo por los musulmanes en 1692 y reconquistada en 1695), así como de tener numerosos encuentros con la Santísima Trinidad, santos, ángeles, etc, que la hacían partícipe de multitud de revelaciones.

Fue apresada el 15 de septiembre de 1690. Después de varios interrogatorios a la rea se la calificó de ser una mujer soberbia, ilusa y jactanciosa, y muchas de sus proposiciones como de irreverentes a Dios, a la Virgen, y al Pontífice. Fue condenada por la Inquisición de Toledo el 25 de junio de 1692 a que saliese a “auto público de fe si lo hubiese de próximo y sino a una iglesia en forma de penitente con insignia de embustera, donde se le leyese su sentencia, abjure de Leví, y sea desterrada de esta ciudad de Llerena, Madrid y Fregenal cuatro leguas en contorno por tiempo y espacio de seis años, y los tres primero los cumpla sirviendo en un hospital donde se le de confesor, sea advertida reprendida, conminada y se le den 200 azotes.”

El caso de María Martín

Conozcamos ahora el caso de María Martín, o sor María del Cristo, de 23 años de edad, natural de Serradilla (Cáceres) y religiosa en el convento de monjas de San Juan de la Penitencia de Belvis de Monroy (Cáceres).

Tras ser delatada el 3 de enero de 1807, algunos testigos declararon que la reo afirmaba haber hecho pacto con el diablo, entregándole su alma y cuerpo con papel firmado de su propia sangre. Que le había adorado como a un Dios y que había pecado con él carnalmente en numerosas ocasiones dentro del propio convento, profanando las sagradas formas.

Pero sus relatos fantásticos, con un fuerte e inequívoco componente sexual, no quedan aquí ya que también confesó haberse trasladado, con ayuda del Diablo, hasta Valverde de la Vera(Cáceres) para en esta villa tener relaciones carnales con algunos de sus vecinos. Declaró ante el Santo Oficio haber mantenido también trato carnal en diferentes estancias del convento con otras personas entre las que se encontraba su confesor, fray Bernardo Molina, del que quedó embarazada abortando mediante brebajes y sangrías que el religioso la obligó a tomar

En vista de todo lo referido, el Inquisidor D. Pedro María de la Cantilla dijo por auto que “fuese votada a que en atención a su retractación se la de una audiencia donde vuelva a retractarse de los hechos cometidos, y pueda volver a su convento habiendo sido antes reprendida, apercibiéndola de tan regular procedimiento.”

El caso de Acebo

Nuestro siguiente relato no va a ser menos interesante que la anterior. Los hechos que se narran sucedieron en Acebo (Cáceres), donde todo un pueblo se vio puesto en entredicho por culpa de dos vecinos de dicha localidad. Este expediente es el que remitió el tribunal de Llerena con carta de 19 de enero de 1791, sobre la superstición de ofrecer cuernos yendo en romería a San Cornelio que está en distrito de Portugal para sanar de cuartanas (paludismo).

En 20 de febrero de 1790 el comisario de Coria D. Juan Cid Salgado envió informe al tribunal diciendo que “en el lugar del Acebo y sus cercanías era cosa muy sabida de esta superstición. Se libró comisión para que se averiguase, y habiendo el Señor comisario de Acebo examinado cinco testigos entre ellos el cura, sacristán y cirujano, contestan: en que muchos acuden a dicho santo unos porque ofrecen cuando están enfermos, y otros encontrándose con la misma enfermedad. Que les es preciso llevar un cuerno, y ha de ser el primero que hallaren, y en llegando al santo lo dejen junto a él, y que es grande la porción que hay junto al santo de estos elementos. Dicha imagen está sin ermita y maltratado por las inclemencias, distante ocho leguas poco más o menos del dicho lugar del Acebo. Que asimismo está creída la gente en ser remedio eficaz para curar las calenturas de cuartana. Añade el cuarto testigo, que le parecen han hecho estas romerías en buena fe y sin pensar hubiese en ello superstición”.

Los testigos citados anteriormente declararon que Juana Rodríguez y su hijo Ambrosio Calero fueron los que promovieron ese popular acto. El tribunal prohibió dicha romería a través de edictos que fueron dados a conocer por toda la comarca amenazando con graves penas a los infractores. El caso es que la Iglesia, en atención a la gran fe de los fieles, montaría poco después su particular negocio entorno a la cueva del santo vendiendo pequeños cuernos, conocidos como cuernecillos de San Cornelio, que los fieles colgaban al cuello para sanar de las temidas cuartanas que por aquel entonces se creían debidas a un mal de ojo.

El caso de Ana González

Ana González, natural de Madroñeras (Cáceres) fue acusada en 1784 de curandera a raíz de ser denunciada por el cura de la localidad Francisco Durán. Muy conocida en la comarca por curar el mal de ojo (causa aparente de muchos males de la época) gracias al método del aceite y el agua. Según relataron algunos testigos, el rito consistía en echar unas gotas de aceite en un vaso de agua que la sanadora agitaba con un dedo al tiempo que recitaba ciertas oraciones y frases. Si el aceite se depositaba en el fondo existía mal de ojo; por el contrario si se mantenía en la superficie era buena señal.

Ana González también utilizaba ciertos emplastes que ella misma preparaba a base de romero y “arraigán” (mas conocido como mirto); romero y ruda; romero, rosas y vino arrayan, etc. Se sabe por testimonios directos de los enfermos que lograba sanar, entre otros males, de “cuaternas” (paludismo), de “parótidas” (paperas), o de dolores intensos de cabeza.