Breve historia de la quema de bibliotecas

Llamas en la biblioteca de Sarajevo - Dominio Público
Llamas en la biblioteca de Sarajevo - Dominio Público
Muchas bibliotecas a lo largo de la historia acabaron destruidas por el fuego

Que los libros atraen al fuego es la conclusión a la que puede llegarse al estudiar la historia de la desaparición de las bibliotecas. La lista de bibliotecas destruidas por las llamas es enorme y, como en los bosques, un tipo especial de piromanía ha sido causante de estos incendios. Y es que una característica común del fanatismo ha sido el desprecio por los libros. En su lucha contra el conocimiento, los fanáticos se han ayudado de una herramienta eficaz: el fuego. La codicia doctrinal, es decir, esa manera de pensar que sostiene que las teorías propias son las únicas admisibles y la ambición conquistadora no se llevan bien con la cultura. Política y religión han quemado muchos libros a lo largo de la historia.

Bibliotecas quemadas en la antigüedad

El saqueo y la destrucción era práctica común de los conquistadores en la antigüedad. Como edificios oficiales, las primeras bibliotecas no se libraban de esta cruel costumbre. Sabemos gracias a la Arqueología que muchas bibliotecas cerraron sus puertas por derribo.

La más célebre biblioteca del antiguo Egipto, la de Alejandría ,acabó entre llamas. Al parecer, a mediados del siglo VII, el califa Omar recibió una carta del general Amr, el conquistador de Alejandría, en la que le pedía instrucciones con respecto a lo que debía hacerse con la biblioteca. No quería este soldado arriesgarse a cometer una acción reprobable. La decisión del califa fue que debía ser quemada. De acuerdo con la lógica de este gobernante, si los libros que contenía seguían los preceptos del Corán, podían ser destruidos puesto que repetían lo ya sabido, y si no era así, tampoco encontraba motivo para que fueran conservados. El general cumplió la orden, aunque fue práctico: los irremplazables manuscritos sirvieron durante meses para encender el fuego de los baños públicos.

Hay quien sostiene que esta historia es pura leyenda y que la biblioteca ya había sido destruida en el siglo I a. C. como consecuencia de un incendio provocado por el enfrentamiento entre Julio Cesar y Ptolomeo XIII. Otros historiadores piensan que su destrucción se debió a la acción de exaltados cristianos cumpliendo el mandato del patriarca Teófilo en el siglo IV. Cualquiera de estas tres versiones históricas pudo ser la verdadera (incluso las tres); todas comparten el fuego como medio de la destrucción.

Pero ya muchos siglos antes, las bibliotecas egipcias habían sido presentadas al fuego. En el papiro de Ipuur, un poema compuesto en el siglo XIII a. C., se describe ya que muchas bibliotecas fueron destruidas casi mil años antes de que el autor, el príncipe Ipu, escribiera este relato. Los cambios de dinastía resultaban fatales para las casas de la vida, el bonito nombre que recibían las bibliotecas en el antiguo Egipto. Habitualmente, el faraón que inauguraba una dinastía no eliminaba inscripciones o escritos, pero cambiaba todas las referencias sobre el rival depuesto y hasta de sus antepasados.

En Asia sudoccidental, la zona que en occidente llamamos Oriente próximo, también se construyeron muchas bibliotecas en la antigüedad. Alrededor de los ríos Tigris y Eúfrates se han encontrado multitud de restos que demuestran una gran dispersión de bibliotecas. Una buena parte de las ellas, hititas, babilónicas o asirias, acabaron saqueadas y destruidas con las invasiones.

Bibliotecas quemadas en la Edad Media

Política y religión continuaron siendo los principales motivos de destrucción de bibliotecas en la Edad Media. Una gran cantidad de libros en la Edad Media fueron censurados y llevados a la hoguera. Por desgracia, a veces estos libros avivaron el fuego en el que se quemaba a sus propios autores. La Santa Inquisición es tristemente famosa por la gran cantidad de libros que condenó a las llamas. El index librorum prohibitorum et expurgatorum, es decir, el índice de libros prohibidos de la Iglesia católica ha estado vigente hasta 1948.

En la Edad Media no eran habituales las grandes bibliotecas. Hasta la aparición de las universidades, los libros se condensaban en pequeñas bibliotecas ubicadas en los monasterios. Una excepción fue la biblioteca de Monte Casino, que acabó incendiada en un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial.

La biblioteca de Bizancio, enorme también en número de volúmenes al compararla con lo que era habitual en la Edad Media, abrió sus puertas durante mil años, y fue destruida en varias ocasiones hasta que fue definitivamente incendiada por los soldados turcos en 1453.

Nuevos tiempos, antiguas costumbres

Durante los últimos doscientos años se ha extendido considerablemente el número de bibliotecas. Sólo las regiones más pobres de la Tierra no cuentan con una biblioteca, por modesta que sea; pero, como en la antigüedad o en la Edad Media, muchas de ellas han acabado en la hoguera por decisión humana. Prácticamente todos los dictadores que vivieron en el siglo XX han ejercitado esta obsesión por la destrucción de libros. Guerras y conflictos son el ambiente propicio para esta absurda práctica.

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, considerada la más grande de nuestros días, fue incendiada en la Guerra de 1812 entre Inglaterra y Estados Unidos. El alto mando inglés decidió, después de tomar la ciudad de Washington, pegarle fuego a algunos de sus edificios públicos como venganza por la quema de las fuerzas estadounidenses del Parlamento canadiense en Toronto. Junto a la Casa Blanca fue incendiada la Biblioteca del Congreso.

Dos tristes ejemplos muestran que en nuestros días no parece haber terminado esta bárbara práctica. En 1992, la biblioteca nacional de Sarajevo fue incendiada como consecuencia de un ataque premeditado de la artillería del ejército serbo-bosnio. Más recientemente, en 2003, fueron quemados un millón de libros de la Biblioteca Nacional de Irak. Días antes de este incendio, una multitud había saqueado la desprotegida biblioteca haciendo desaparecer valiosos volúmenes antiguos de, entre otros, Averroes, Avicena o Al Kindi.

Antonio, Antonio Valera Espín

Antonio Valera Espín - Literatura, Historia y Ciencia son los temas sobre los que prefiero escribir, especialmente cualquier combinación posible entre las ...

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