Es a mediados del siglo XIX cuando el término burlesque se aplica a un tipo de puesta en escena que entremezcla música y comedia con una clara intención transgresora que parodiaba todo lo que se le pusiera al alcance.

El burlesque tal y como se conoce hoy en día es una variación estadounidense de un género dramático que se hizo muy popular en Reino Unido en la época victoriana. En la década de 1840, cuando las mujeres se afanaban en ocultar sus cuerpos bajo ropajes abullonados con volantes, aros y enaguas, la sola idea de que une mujer apareciera semidesnuda en un escenario era impensable.

Sin embargo, las clases obreras se entretenían en sus ratos de ocio con espectáculos que parodiaban los hábitos sociales de las clases altas. En forma de exageradas operetas, cómicos diálogos y grotescos sketches se cuestionaba el statu quo y todo podía ser sujeto u objeto de la parodia burlesca. Este tipo de espectáculo fue derivando en performances en las que las mujeres aparecían vestidas de un modo indecoroso para la época. El hecho de que mostraran sus curvas hacía que la audiencia se mantuviera atenta y creciera el interés. Viendo el efecto que producían en el público tales provocaciones, el burlesque fue tomando un cariz más sexual.

Orígenes

La palabra burlesque proviene de burla que etimológicamente viene de la palabra burrae (necedades) y ésta, a su vez, de burra (lana o manojo de pelos). Parece ser que con esta última palabra se hacía alusión a una forma ridícula de rellenar muñecos.

Se considera que el padre del incipiente burlesque es Aristófanes. Este comediógrafo griego de la Antigüedad era conocido por su destreza con la burla. Él se reía del mundo, de la política y de otros artistas contemporáneos entre otras tantas cosas, y consideraba que todos los demás debían hacer lo propio. De esta forma buscaba, sencillamente, un modo de salir de la monotonía diaria.

Avanzando en el tiempo y en su variante literaria habría que mencionar la sátira de "Los cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer pasando por Miguel de Cervantes y sus "Sonetos burlescos".

Burlesque de importación

Pero es, sin duda, cuando el espectáculo burlesco emigró al otro lado del océano Atlántico cuando dio un salto cualitativo en su desarrollo sobre los escenarios. Los ingleses, que habían ya configurado hacia el siglo XVI un formato teatral travieso y cómico que ridiculizaba clásicos de la época a base de imitaciones burlonas, decidieron exportarlo a sus colonias americanas en el siglo XVIII.

No obstante, no fue hasta casi un siglo después que este formato alcanzara un gran éxito. Hasta entonces había pasado prácticamente inadvertido y había supuesto una muy pequeña fuente de ingresos del total recaudado por las compañías teatrales. Hasta que Lydia Thompson y su troupe entraron en escena.

En la década de 1860 Lydia Thompson y su compañía de bailarinas cambiaron radicalmente el curso de la historia y del papel que la mujer había jugado hasta en entonces en el teatro. Y todo por aparecer ante el público vistiendo ligeras prendas que marcaban sus cuerpos hasta el punto de parecer que iban desnudas.

Ixion, primer hit burlesque

Lydia escogió un personaje de la mitología griega, Ixion, para nombrar el espectáculo que sorprendería sobremanera a los neoyorquinos en 1868. Se trataba de una parodia en la que la mujer aparecía interpretando roles masculinos, acompañándose de melodías sacadas de arias operísticas y de canciones populares de la época que darían al espectáculo el efecto cómico o sentimental según lo fuera pidiendo.

El hecho de que el gran protagonismo recayera en una sola figura femenina provocó un cambio fundamental en el concepto del burlesque. Lydia fue la primera mujer que produjo y dirigió un espectáculo de estas características valiéndose de un potente y descarado guión. Esto sirvió de estímulo para la proliferación de compañías de burlesque dirigidas por mujeres a las que se les reconocía un incuestionable ingenio para crear guiones.

La censura

Pese a que en un primer momento la prensa elogió el burlesque, la presión de los sectores más conservadores hizo que ésta se fuera tornando cada vez más crítica catalogándolo finalmente de espectáculo indecente. Para evitar que las producciones fuera desautorizadas, los guiones cambiaban prácticamente cada semana y nunca se publicaban. La única manera de saber de qué iba una de estas obra era yendo a verla.

Aunque durante los décadas de los 20 y 30 el burlesque siguió siendo protagonista de la escena teatral, principalmente de los cabarets, fue transformándose paulatinamente en una mera manifestación del desnudo femenino pasando a considerarse como simple strip-tease.

Hoy en día se habla de neo-burlesque para referirse al resurgimiento de espectáculos inspirados en aquellos primeros shows en los que el humor y la sátira envueltas en glamour y picantes coreografías vuelven a ser protagonistas.