Hablar de exportar es hablar de la panacea de cualquier economía: significa poner en circulación, dentro de un Estado, dinero que proviene del exterior, gracias a las actividades de mercadería que las empresas ejercen como resultado del modelo de expansión y crecimiento.

Y no es para menos, puesto que el balance final de exportación-importación (denominado “balance comercial”) revela mucho sobre la actividad económica de un país. Se trata de un examen para la actividad económica.

Promoción de la exportación en España

Es, por tanto, una actividad que es promovida por parte de la administración pública con mucho anhelo. Sólo hace falta echar un vistazo a la cantidad de organismos dependientes del erario público que siembran la geografía española: IPEX (Castilla La Mancha), ICEX (Nacional, Comercio Exterior), Excal (Castilla y León), Extenda (Andalucía), Cámaras de Comercio, y así un largo etcétera.

Todos estos organismos tienen como finalidad ofrecer un soporte (sobre todo a la PYME) en lo que se refiere a relaciones internacionales, ofreciendo desde servicios de traducción, pasando por asesoría en términos legales hasta servicios de contratación de locales y oficinas en el exterior a precios irrisorios.

Y todo esto, ¿para qué? Pues porque el hecho de cerrar las puertas del comercio exterior, condenando a una empresa al mercado doméstico, hace menos competitivo a un país (esto significa que la balanza comercial se traduce en el “saldo”, del cual derivan palabras tan escabrosas como “déficit”).

Los números exportadores de España

Según indica Pedro A. Morejón Ramos, director Territorial de Comercio del ICEX, poco más de 40.000 empresas son exportadoras estables (esto es, que hayan exportado de forma continuada durante cuatro o más ejercicios fiscales). En el año 2008 se superaron por poco las 100.000 empresas exportadoras (informe ICEX, La empresa exportadora española, 2005-2008). Según la nota de prensa del INE (Instituto Nacional de Estadística) del 4 de agosto de 2008, se alcanzaba en España la cifra de 3,42 millones de empresas.

Al cruzar estos datos se extrae que no resulta fácil para una empresa introducirse en mercados externos, y menos fácil resulta mantenerse. El número de empresas españolas exportadoras estables no llega al 3% del total. En gran parte debido a la dedicación a servicios y, por otro lado, a la convaleciente construcción (lo que significa movimiento interno de capitales, además de importación de materiales, lo que apoya al signo negativo del saldo).

El concepto de internacionalización como forma de asegurar la supervivencia

¿Qué actitud o técnicas debería utilizar una empresa para introducirse en un mercado exterior? He aquí una cuestión sobre la que todo empresario desearía tener la respuesta. Pues bien, el viejo modelo de crecer y establecerse en el mercado de origen hasta alcanzar una madurez parece que no se adapta a los tiempos que corren, donde la implantación de tecnologías potencian la imagen hasta términos insospechables, a la par que ancla a la red de empresas en un sistema obsoleto de crecimiento.

Esta potencia de imagen permite, por ejemplo, a una pequeña empresa del rincón más profundo de la campiña francesa darse a conocer en una recóndita esquina de China. Por lo tanto, si la posibilidad existe ahí, y no se utiliza, da lugar a diferencias con respecto a la competencia, la cual ya no sólo procede del país en el que se encuentra implantada la empresa, sino que procede de cualquier rincón del ciberespacio (globalización).

Esto se traduce en competencia. En mucha competencia. El salto es cualitativo.

Born global y las empresas que nacen exportando

La conferencia Going Out From the Start? Patterns and Performance of Spanish Born Global, impartida, entre otros, por Marcel Panellas Arán (Esade) nos introduce al concepto de “Born Global”. Dicho concepto hace referencia a la adaptación de la empresa (como si de selección natural se tratase, al más puro estilo darwiniano) a los nuevos tiempos, generando y buscando el negocio en cualquier rincón del planeta, desde el principio.

No hay que esperar y madurar en un mercado, hay que “nacer global”, sólo así se puede asimilar la idiosincrasia del mercado sin fronteras. Sólo así se puede capear con soltura a las crisis locales (aunque debido a la globalización, las crisis suelen afectar de forma urbi et orbe, hay mercados donde afecta en mayor medida que en otros). Es por ello que las empresas españolas deben conocer las reglas del juego internacional.

Las empresas que apuestan desde el principio por trabajar en diferentes mercados, esto es, las empresas que juegan fuera (y también dentro), podrán estar en una posición privilegiada para superar los problemas venideros, así como podrán ayudar de forma positiva al saldo del país, con el consiguiente impulso económico y social que significa.