La bondad implica adquirir consciencia de la importancia del bien común y valorarlo como si fuera propio, ya que en cierta manera es así. De hecho se trata de una cuestión –el bien común– que resulta instintiva para la mayoría de las especies, pues de ello depende su supervivencia. En los seres humanos podríamos decir que está presente, aunque muchas veces requiere bastante esfuerzo prescindir de la actitud individualista que, cada vez más, caracteriza a nuestra actual sociedad.

El bien y el mal conforman uno de los temas más recurrentes, tanto en la filosofía como en todas las religiones.

¿Qué es la bondad?

La bondad tiene que ver con la tolerancia, la magnanimidad o la benevolencia. Estrictamente hablando –en este caso escribiendo–, la bondad hace referencia a la cualidad de lo bueno. Una persona a la que se le adjudica el calificativo bondadoso significa que se le presupone una evidente inclinación a hacer el bien en beneficio de los demás. Un proverbio ruso abunda en este aspecto: “El ser humano es bueno cuando hace mejores a los otros”.

La bondad, no obstante, se confunde en ocasiones con otras actitudes parecidas en la forma pero muy distintas en el contenido. Un ejemplo de ello es la debilidad que, a veces, se asocia a bondad. Cuando se dice de alguien que es una buena persona, en ocasiones se esconde un concepto negativo; bien porque se lo asocia a la debilidad de carácter o bien porque no se le encuentra ninguna otra virtud destacable. En este sentido se pretende señalar que no tiene defectos especialmente remarcables pero que, en el fondo, tampoco tiene virtudes, ni siquiera la supuesta bondad que, de hecho, se distingue de la debilidad en cuanto a que la primera representa acción, mientras que al asociarla a la debilidad se convierte en una actitud pasiva que tiende a recrearse en la lamentación.

La bondad: un valor a la baja

En la sociedad de nuestros días no podemos decir que la bondad sea uno de los valores más apreciados. El éxito en la vida no se asocia con ser bondadoso, sino con ser rico, famoso y poderoso, circunstancias ambas que no suelen estar muy relacionadas con la bondad, aunque siempre hay excepciones, por supuesto. Y son estas personas las que, siendo bondadosos en su ascensión, encontrarán de nuevo en la bajada a quienes estaban con ellos en la subida.

Aunque a día de hoy se considera bueno ser importante, en realidad es más importante ser bueno, ya que la bondad es una condición que se lleva, mientras que la importancia o el éxito solo son circunstancias pasajeras.

Uno se pregunta si, viendo cómo funciona el mundo, la bondad puede llegar a ser útil de algún modo. Y probablemente la pregunta no sea de aquellas que tengan una respuesta sencilla. En cualquier caso la bondad debe observarse desde una perspectiva personal, como una actitud ante la vida que, muchas veces, genera empatía. Cuando pagas con bondad es difícil que te devuelvan el cambio con odio o indiferencia. La bondad, entonces, no debe luchar contra el mal; la bondad se construye. Jamás busca ni pretende destruir.

La bondad y la filosofía

Sócrates consideraba que la bondad era un estado del alma, siendo la sabiduría su esencia. Platón se adhiere a la idea, aunque añade que este no es el único mundo ni el mejor. Platón no identifica de un modo directo el placer con el bien; lo supedita a este, considerando que la razón es la que debe presidir en todo momento.

Aristóteles, en referencia a la bondad o el carácter, decía que todos poseen la capacidad para ser buenos. Sin embargo, tal y como ocurre con tantas cosas, sin la acción no sirve de mucho, por eso añadía que tal capacidad debe desarrollarse mediante la práctica a través de acciones virtuosas en las que no cabía reflexionar o sopesar. Para Aristóteles, en definitiva, la bondad era una cuestión de hábito; una actitud que se reforzaba con la práctica. Fue Aristóteles quien dijo, muy acertadamente: “Un Estado está mejor gobernado por un hombre bueno que por una buena ley”.

Más adelante Inmanuel Kant postularía que no hay nada que pueda considerarse bueno en sí mismo más allá de la voluntad, ya que todo talento dependen de ella, y en ella reside la bondad o la maldad asociada a la conducta.

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