Fueron múltiples aportaciones de científicos en varias disciplinas las que llevaron al descubrimiento de la energía nuclear y sus consecuencias, pero fue en diciembre de 1938, cuando los científicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann descubren la posibilidad de la fisión nuclear. Otto le había comunicado estos resultados a su colega y amiga Lise Meitner, que en julio de 1938 había huido a Los Países Bajos y a Suecia. Junto con su sobrino, Otto Frisch confirman estos resultados experimentalmente el 13 de enero de 1939 y publican sus investigaciones que apoyan el descubrimiento de Hahn en la revista científica "Die Naturwissenschaften"

El inicio de la investigación sobre la bomba atómica

El 22 de abril de 1939, Wilhelm Hanle da una conferencia sobre el uso de la fisión del uranio en una Uranmaschine (máquina de uranio, es decir, el reactor nuclear), y Georg Joos, junto con Hanle, notifican a Wilhelm Dames, del Reichserziehungsministerium (REM, Ministerio de Educación del Reich), las posibles aplicaciones militares de la energía nuclear.

Dos días después, el 24 de abril, Paul Harteck , director del departamento de física y química en la Universidad de Hamburgo, junto con su ayudante Wilhelm Groth, se puso en contacto con el RKM (Reichskriegsministerium o Ministerio de la Guerra del Reich) y el 29 de abril de 1939, Hahn pronuncia una conferencia en Washington sobre la reacción en cadena y la fisión del átomo. Es en este momento cuando los EEUU se percatan que tal vez Alemania pueda fabricar un arma atómica basándose en este principio de la fisión nuclear.

El régimen de Adolf Hitler suspende inmediatamente la exportación de uranio y se nombra una comisión para investigar la utilidad práctica de los descubrimientos científicos sobre la energía nuclear. En septiembre de 1939 se crea el “proyecto uranio” cuya finalidad era descubrir el alcance de la energía nuclear tanto para fines militares como para fines civiles.

El Proyecto Uranio: Hitler inicia la construcción de una bomba atómica

El proyecto fue encargado a los doctores Kurt Diebner y Erich Bagge. Diebner fundó el Instituto de Física Kaiser Wilhelm y llamó al doctor Otto Hahn y a otros científicos, entre ellos, Werner Heisenberg, Paul Harteck y Carl Friedrich von Weizsäcker, para que se incorporaran al programa. Los laboratorios de Berlín estarían a cargo de von Weizsäcker y Wirtz, mientras que Heisenberg dirigiría el instituto en Leipzig. Un tercer equipo conformado por personal de la Luftwaffe realizaría sus investigaciones en Berlín-Gattow.

Hitler siempre tuvo, sobre todo en los momentos difíciles, la esperanza que en cualquier momento surgiría un arma maravillosa y salvadora del “proyecto uranio”, pero la realidad era que los avances no iban todo lo rápidos que se esperaba, ya que por una parte los aliados sabían que el agua pesada era el componente esencial para el desarrollo de las armas nucleares y bombardearon en varias ocasiones plantas nazis de producción y por otra parte algunos de los recursos financieros del proyecto fueron destinados a otros proyectos como el de los cohetes de Wernher von Braun.

Aun así los científicos continuaron incansables con sus investigaciones hasta la misma caída de Alemania cuando rusos y norteamericanos iniciaron sendas estrategias (como la operación Alsos y el proyecto paperclip) de captación de científicos y material secreto para seguir con sus programas nucleares.