En 2010 el abandono de recién nacidos por sus madres en territorio boliviano se cuadruplicó. Según las autoridades de La Paz, en lo que va de este año ya fueron recibidos media docena de bebés recién nacidos en el Albergue Público Municipal de esa ciudad. Para los voceros del albergue, el número de bebés y niños abandonados tiende a incrementarse y la razón principal del abandono es que los padres no pueden alimentarlos.

Un estudio realizado por la CEPAL en colaboración con el gobierno de Bolivia, dio cuenta de que los sectores rurales e indígenas de la zona del altiplano son grupos de riesgo para eventuales problemas de mala alimentación y desnutrición crónica. El estudio advierte que los graves índices de desnutrición infantil en el país andino compromete la situación de las futuras generaciones.

Bolivia es el país con mayor índice de pobreza y desnutrición en la Región Andina, y los efectos de esta situación pueden observarse en el bajo peso de los niños menores de cinco años, problema que alcanza al 10 por ciento del total de los pequeños en este rango de edad. El último informe sobre la problemática realizado en 2003, dio como resultado que el 8 por ciento de los niños bolivianos presentaban síntomas de desnutrición global.

Causas y efectos de la desnutrición

Las encuestas y estudios dan como resultado que la mayor incidencia en la desnutrición global en Bolivia se debe a la proliferación de empleos precarios y la falta de políticas destinadas a mejorar la productividad laboral. Las malas condiciones laborales, los bajos sueldos y la falta de previsión por parte de las autoridades, hacen que buena parte de la población consuma alimentos de baja calidad y en poca cantidad.

El problema de los empleos radica principalmente en el bajo rendimiento de las pequeñas y medianas empresas, lo que significa salarios bajos y poca demanda laboral para la población menos cualificada. Bajo estas circunstancias, grandes grupos sociales en Bolivia quedan literalmente excluidos de la economía y del mercado laboral. Esta perspectiva significa estar a un paso de la desnutrición o de la alimentación precaria.

Los estudios al respecto, sobre todo en los niños, son alarmantes. Los menores expuestos a estas condiciones económicas presentan altas probabilidades de mortandad y de enfermedades como diarrea y broncopatías. Además existe un alto índice de deserción escolar y bajo rendimiento en las aulas por parte de estos niños.

Pero los adultos no lo pasan mejor. Enfermedades transmisibles como la tuberculosis son frecuentes en adultos con características de desnutrición. Las mujeres en edad reproductiva, se ven afectadas por anemia, obesidad y probabilidad de muerte durante el embarazo.

Mortandad infantil e inmigración

Estudios realizados por UNICEF Bolivia demostraron que existen en el país andino 4 millones de niños que viven en la pobreza, mal alimentados, sin escolaridad y en riesgo permanente de contraer todo tipo de enfermedades. Sólo en el departamento de Cochabamba mueren al año alrededor de 15 mil niños menores de un año, de los cuales la mitad fallece durante el primer mes de vida.

De la misma manera, casi un millar de adultos muere cada año por no poder acceder a los servicios médicos básicos u hospitales. La mayor parte de los adultos que mueren son mujeres embarazadas y parturientas, en muchos casos luego de dar a luz. A partir de este flagelo el gobierno de Evo Morales implementó un bono para socorrer a mujeres en estado de gravidez y combatir el alto índice de mortandad materno infantil.

La situación de miles de bolivianos presos de la miseria y el hambre hicieron que grandes contingentes de habitantes de ese país emigraran a estados vecinos, sobre todo a Argentina, en la búsqueda de mejorar su situación económica. Para muchos inmigrantes bolivianos residentes en la ciudad de Buenos Aires, sólo el hecho de tener agua potable o gas natural, significa una mejora radical en sus niveles de vida.

Sin embargo, las condiciones en la capital argentina no dejan de ser de vulnerabilidad para los inmigrantes menos afortunados. Los bolivianos residentes en Buenos Aires encuentran condiciones laborales parecidas a las de su país de origen, son marginados, explotados y mal pagos, y muchas veces viven dos o tres familias hacinadas en cuartos precarios alquilados a paisanos que tuvieron un poco más de suerte después del desarraigo.