La tiroides es una glándula con forma de mariposa. Consta de dos lóbulos que se unen por una franja más estrecha. La tiroides está situada en la zona cervical anterior, delante de la tráquea. Su función más importante consiste en producir hormonas tiroideas, conocidas como T3 y T4, que son esenciales en las reacciones metabólicas y en el buen funcionamiento del organismo.

En la hipófisis se encuentra la tireotropina (TSH), una hormona encargada de regular la producción de hormonas tiroideas. Cuando estas descienden, aumenta la secreción de TSH para estimular la producción y situarla a los niveles normales. Esto supone un aumento por parte de la TSH de la captación de iodo por parte de las células de la tiroides, así como un aumento de la circulación y del tamaño de la glándula, lo que puede dar lugar al bocio. Ahora bien, el crecimiento autónomo, sea benigno o maligno, puede igualmente dar lugar al bocio.

Bocio multinodular

El bocio multinodular, como su propio nombre indica, hace referencia a un bocio con varios nódulos. Puede ser normofuncional cuando no hay hipertiroidismo, o hiperfuncional cuando algún nódulo o varios de ellos funcionan de forma muy activa.

Esta degeneración multinodular evoluciona a partir de ciertos grupos de células que no responden adecuadamente a la hipófisis, creciendo a un ritmo diferente del resto de las células tiroideas. Se trata, no obstante, de una enfermedad benigna que muy raramente desemboca en cáncer de tiroides. Por lo general se diagnostica a partir de los 40 años.

Bocio coloide

El término coloide hace referencia a un crecimiento regional de la tiroides, con un único nódulo o varios nódulos pequeños. Se clasifica por sus diferentes grados; cuando es palpable pero no visible, cuando es palpable y visible, cuando es visible a distancia y por último, cuando presenta síntomas de compresión mecánica.

El bocio coloide aparece ante la carencia de iodo o debido a un déficit de síntesis hormonal. En principio es benigno, aunque con el tiempo se puede formar algún foco canceroso.

Bocio difuso o simple

El bocio difuso o bocio simple se caracteriza por el aumento del tamaño de la glándula tiroides, siempre y cuando no exista hipotiroidismo, hipertiroidismo ni procesos infecciosos o neoplásicos de la glándula.

Causas del bocio

En muchas ocasiones no es posible determinar la causa del bocio, aunque existen diversos factores que contribuyen a su desarrollo, como la pérdida o exceso de iodo, tiroiditis, tumores benignos o malignos, defectos congénitos enzimáticos en la biosíntesis de las hormonas tiroideas o enfermedades como la sarcoidosis o la amiloidosis.

La causa reconocible más habitual es la deficiencia de yodo, denominado también bocio endémico. Este tipo de bocio también puede tener causas subyacentes como la tiroiditis de Hashimoto, tiroiditis aguda y crónica, bocio juvenil por hipotiroidismo congénito, enfermedad de Graves-Basedow o reacciones adversas a ciertos medicamentos.

Síntomas del bocio

La mayor parte de las veces el único síntoma consiste en la aparición de un bulto en la zona anterior del cuello. Este bulto es de crecimiento lento, por lo general. Sin embargo, cuando el crecimiento es importante puede dar lugar a otros síntomas de índole compresiva, presionando zonas anexas como la tráquea, el esófago o el nervio recurrente, dando lugar a que aparezcan dificultades respiratorias, afonía y problemas para la deglución.

Otras manifestaciones sintomáticas están relacionadas con el hipertiroidismo (fatiga, palpitaciones o pérdida de peso) o el hipotiroidismo (somnolencia, intolerancia al frío o sequedad en la piel).

Tratamiento del bocio

En el caso de bocios pequeños difusos o nodulaciones mínimas normofuncionantes no se requerirá tratamiento, pero sí se procederá a una vigilancia periódica.

Cuando el bocio esté asociado a hipotiroidismo, los pacientes deberán ser tratados con tiroxina con el objeto de reducir el tamaño del bocio.

Cuando el bocio curse con hipertiroidismo, el tratamiento se llevará a cabo a base de medicamentos antitiroideos, iodo radioactivo o cirugía cuando el crecimiento sea rápido y aparezcan síntomas compresivos. La cirugía contempla tres posibilidades; la hemitiroidectomía, la tiroidectomía subtotal o la tiroidectomía total. Antes de la intervención será necesario corregir la función tiroidea.

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