Emiliano Zapata es parte de la historia de México debido a que fue uno de los personajes más importantes que participaron en la Revolución Mexicana. Además, Zapata destacó porque nunca renunció a sus ideales y siempre intentó que las tierras fueran repartidas entre los campesinos, razón por la cual fue asesinado a traición por órdenes de Venustiano Carranza.

Los ideales revolucionarios de Zapata

Emiliano Zapata sufrió en carne propia los excesos del régimen de Porfirio Díaz, ya que cuando Zapata era niño, su padre fue despojado de sus tierras por los hacendados que Díaz protegía. A raíz de estos hechos Zapata se fue interesando cada vez más en las luchas que se desarrollaban en México así como en los datos históricos de la independencia de México, lo que posteriormente lo haría involucrarse en la Revolución Mexicana.

Infancia de Emiliano Zapata

Zapata fue hijo de Gabriel Zapata y Cleofás Salazar, nació el 8 de agosto de 1879 en la localidad San Miguel Anenecuilco, Morelos y durante su infancia recibió una educación muy limitada. Sin embargo, se desempeñó como peón y con el paso del tiempo aprendió a domar caballos briosos.

Zapata en la Revolución Mexicana

Emiliano Zapata fue parte de la revolución ya que deseaba devolver las tierras a los campesinos que las habían perdido en manos de los hacendados. En 1906 fue a su primera junta en Cuautla, donde se discutía la estrategia de defensa ante los hacendados del estado de Morelos, que protegidos por Porfirio Díaz despojaban sin tregua las tierras de los campesinos.

Para 1909 Zapata fue nombrado presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco, trinchera desde la que exigía el respeto a la propiedad de las tierras por parte de los campesinos.

Por este motivo, al estallar la revolución Zapata decide unirse a Francisco I. Madero, que entre otras cosas apoyaba la justa repartición de las tierras. Zapata luchó contra el régimen de Porfirio Díaz en el sur, mientras que Venustiano Carranza y Francisco Villa se encargaban del norte.

Desafortunadamente, una vez que el movimiento de Madero obtuvo el poder, Zapata se negó rotundamente a soltar las armas y esto fue porque Emiliano creía que Madero no cumpliría su palabra, de esta manera Zapata, aferrándose a los ideales del Plan de Ayala, decidió mantener su lucha y se reveló en contra de los gobiernos de Francisco I. Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza.

Emiliano Zapata y Francisco Villa, en la Ciudad de México

Después del asesinato de Madero, México se encontraba en un profundo caos político ya que ninguna de las diferentes fuerzas revolucionarias (carrancistas, villistas y zapatistas) tenía la suficiente fuerza para gobernar el país por sí sola. Por este motivo después de haber terminado la relación con Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata se encuentran en la Ciudad de México el 4 de diciembre de 1914 con el fin de discutir sus diferencias.

El ambiente en la Ciudad de México era bastante hostil para los habitantes ya que, mientras Francisco Villa, conocido como el “Centauro del Norte” tenía fama de asesino y mujeriego, Emiliano Zapata “El Atila del sur” era conocido como un vulgar ladrón de vacas.

El objetivo de esta reunión era la unificación de los ejércitos de Villa y Zapata con la finalidad de derrocar a Venustiano Carranza que había huido a Veracruz, sin embargo, Francisco Villa permite que sus hombres cometan atrocidades en la Ciudad de México y asesina a uno de los colaboradores más cercanos de Zapata, por lo que la posible alianza se fractura y Zapata regresa a Morelos.

La muerte de Emiliano Zapata

Ante la división de los ejércitos del norte y del sur, Pancho Villa comienza a perder poco a poco fuerza militar mientras que Emiliano Zapata se encontraba en Morelos resistiendo los embates del ejército constitucionalista al tiempo que repartía tierras entre los campesinos. Ante la defensa de Zapata, Venustiano Carranza mandó matarlo por medio de una traición que pasaría a la historia.

El asesino de Emiliano Zapata fue el coronel Jesús Guajardo que le reportaba al general Pablo González. Guajardo fingió que se había separado del ejército constitucionalista e intentó acercarse a Zapata prometiéndole armamento para luchar contra Venustiano Carranza. La estrategia estuvo tan bien diseñada que incluso Venustiano Carranza autorizó que se fusilara a 50 soldados de su ejército con el fin de ganarse la confianza de Zapata.

De esta manera Jesús Guajardo se ganó la confianza de Zapata y ambos acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos y al llegar a la entrada, los hombres de Guajardo se infiltraron entre la guardia personal de Zapata y le dispararon por la espalda ocasionándole la muerte instantánea el 10 de abril de 1919.

Después de su muerte, Emiliano Zapata se convirtió en leyenda y a partir de entonces es el estandarte de las causas de los campesinos. Emiliano Zapata cayó por defender sus ideales siempre y hasta el día de hoy los campesinos recuerdan y gritan la frase con la que Zapata firmaba todos sus documentos oficiales: “La tierra es de quien la trabaja”