La doctora Wang Yu-Ling, médico egresada de la Universidad de Londres con PhD en la misma casa de estudios, y miembro del Comité de Expertos de la Asociación Mundial de Acunpuntura y Moxibustión (WFAS, por sus siglas en inglés), es la creadora del tratamiento por medio de la bioelectricidad, método por el cual mediante un equipo biorresonante se superan los efectos de la acupuntura, la presión digital y la fisioterapia clínica para el tratamiento del dolor en el cuerpo humano.

Ahora, desde la Universidad de Beijing, China, ofrece la cátedra y práctica de lo que publicó en su libro “Bioelectricidad y medicina china”.

La bioelectricidad se basa en la Medicina Tradicional China pero establece que los impulsos eléctricos propios del cuerpo humano obedecen al funcionamiento de sus órganos y la relación entre sus sistemas. Los desequilibrios entre estos producen dolencias que no solo se remiten a lo físico, sino también a lo emocional y lo psíquico.

Medicina alternativa basada en biorresonancia

Desde Beijing hasta Venezuela trajo esta disciplina el médico venezolano Omar Viera, fundador de Escuela Nacional de la Homeopatía y la Acupuntura y, así como miembro de la WFAS, organismo inscrito en la Organización Mundial de la Salud. “Si entendemos el cuerpo como el hardware de una computadora, sus partes y componentes, las funciones del mismo son el software, los programas que la hacen funcionar. De esta forma, hace falta una fuente de energía, correcta y permanente, para que esto suceda”.

Con esta vertiente tecnológica es de suponer que exista entonces equipos que manejen esta carga orgánica para el control de dolencias. “Por medio de la biorresonancia, se pueden recargar partes del cuerpo con cierta onda específica por medio de un aparato desarrollado para el uso casero que puede tratar enfermedades agudas, subagudas y crónicas, es un masajeador bioenergético”. Omar Viera asegura que incluso el dengue hemorrágico puede tratarse con un levantamiento de plaquetas al aplicarse en la espalda.

La tesis está en la unión de la sabiduría milenaria con aplicaciones modernas en la regulación de las energías del cuerpo humano. No sólo lo que tiene que ver con los llamados chakras, sino más bien en el intercambio necesario, y demostrado, de impulsos eléctricos que usa el cerebro para mover un brazo o animar el corazón, de la misma forma, esto sucede para el funcionamiento del páncreas, el hígado o el colon. Energía orgánica que proviene de los alimentos, que corre por la sangre e incluso es medible, aunque su carga sea ínfima.

Energía del cuerpo humano, bioelectricidad

Si quisiéramos comparar nuestra carga corpórea con alguna batería, la relación sería errónea. El tipo de energía que poseemos es de orden hertziano, detectada en músculos y cerebro para su funcionamiento, lo cual es medido en ondas electromagnéticas.

Así, un cuerpo debería “vibrar” entre 50 y 70 ciclos por segundos para estar sano, mientras que las enfermedades registrarían un exceso o un defecto de esa cantidad. Hacia allá irían las correcciones energéticas, volver al equilibrio.

Por tanto, los equipos que se dedican a eso no pueden ser axiales, como en las tomografías, sino de rebote. Envío y recepción por medio de los canales eléctricos del cuerpo que nos permita conocer la reacción de cierto órgano a una onda determinada, que harían la funciones de diagnósticos y medicamentos, en cada caso. Un ejemplo lo sustenta. “Cuando una persona tiene mucho sexo, de forma excesiva, sufrirá del riñón izquierdo, su corazón se desequilibra y sufrirá dolores en el medio de los omoplatos”.

Scio, biorresonancias curativas

Ante la duda por un lenguaje que pudiese sonar esotérico, recuerda al profesor William C. Nelson, genio matemático que trabajó con la Agencia Espacial Norteamericana (NASA). Desarrolló una terapia que bombardea el campo del aura, capa electromagnética que rodea a cada persona, para eliminar la somatización de enfermedades por medio de ondas biorresonantes.

El equipo, llamado Scio, emula y codifica el cuerpo en digital, es decir, que nuestro organismo funciona realmente como un equipo electrónico. Con cifras específicas: 9.600 revoluciones por centésima de segundo. Su estudio partió de la unión de la programación informática, las matemáticas, la homeopatía y la quiropráctica.

Viera culpa al poco conocimiento y respaldo de este tipo de trabajos, en la propia historia de Nelson, quien revirtió síntomas del autismo severo de su hijo Daniel, quien ahora es piloto comercial. “No se usan farmacéuticos, por lo se acaba la prescripción de medicamentos”.

Tratamiento sin medicinas

Viera recuerda que la FDA (Food and Drug Administration), agencia norteamericana que aprueba o prohíbe fármacos en ese país, la cual avaló las vacunas contra la gripe aviar y porcina, lo que llamó un atentado contra la humanidad, nunca dio el visto bueno a la Quantum SCIO. “Este tipo de terapias atentan contra el mercantilismo de la farmacopea, por lo que se oculta que ya en la India existen vacunas experimentales para el VIH”. La autocuración no conviene económicamente. "El Doctor Nelson se tuvo que ir a Europa para que reconocieran su trabajo".