La bioarquitectura es una propuesta constructiva que busca el reencuentro con la naturaleza y la optimización de la energía a través de las características del entorno y del clima local. Este tipo de arquitectura se sumerge en el ecosistema al que pertenece tratando de evitar al máximo el impacto natural.

Por ello, las construcciones bioclimáticas se convierten en una tendencia obligatoria para poder sobreponer al planeta tierra de los desperfectos ecológicos derivados de los altos costos naturales a los que lo sometemos con la arquitectura convencional. Agua, tierra, sol y aire, como energías pasivas, son los instrumentos base sobre los que que se orienta la construcción. Conseguir la máxima comodidad con la calidad del mejor diseño y el menor consumo energético es el gran reto.

Diseño ecológico para frenar el efecto invernadero

La última cumbre internacional sobre medio ambiente llevada a cabo en Copenhague hizo especial hincapié en la emisión de dióxido de carbono (CO2). Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) el mayor emisor de CO2 no es, como se cree habitualmente, el transporte ni la industria. Casi la mitad (un 48%) de las emisiones de este gas, máximo responsable por el calentamiento global, proviene de los climatizadores de los edificios.

Garantizar una temperatura ambiente templada dentro de las oficinas y viviendas en cualquier época del año le está saliendo caro al planeta. Pero este es un mal evitable: con el aislamiento térmico adecuado y una buena orientación del edificio puede reducirse hasta en un 60% el consumo energético. Fomentar la entrada de luz natural, usar placas solares, crear corredores de aire y aprevechar la vegetación autóctona son los cimientos para la bioarquitectura.

Hoy en día se cuenta, además, con alta tecnología que minimiza el consumo de energía, aunque, en primera instancia, es el diseño de la propia arquitectura la que tiene que convertirla en sustentable. Así lo afirma el arquitecto chileno Bruno Stagno: “Las soluciones en el proceso del diseño vienen mediante la aplicación de principios de la física o con ingenios, y solo cuando no logramos la respuesta adecuada por este camino, recurrimos a la tecnología”.

Reutilización y reciclaje arquitectónico

Una gran cantidad de los residuos que llegan a los vertederos proceden de la construcción y de la demolición de edificios. Derribar para volver a construir es un hábito común que debe ser cuestionado. La bioarquitectura plantea el reciclaje de los edificios junto con un plan, más que necesario: de gestión de obras. La palabra clave del urbanista contemporáneo es remodelar. La reutilización de los desechos de otros edificios es también un recurso obligatorio si se quiere prevenir el deterioro del medio ambiente. Los materiales sobrantes de otras obras u edificios antiguos pueden ser restaurados y reutilizados cumpliendo funciones semejantes o ingeniosas muebles decorativos. Reciclar es un acto que llega tan lejos como la imaginación alcance.

Economía y conciencia

Hasta hace un siglo, la exportación e importación de materiales para la construcción estaba restringida únicamente a las clases pudientes. Por lo general las construcciones se llevaban a cabo con materiales locales, lo que abarataba costos y facilitaba la manutención. Hoy en día, debido al desarrollo económico y global, la fabricación en masa y la competencia de los precios del mercado, los materiales que utilizamos en las construcciones rara vez provienen del entorno geográfico circundante.

Desde el punto de vista económico esto puede ser positivo para ahorrar costos pero el transporte requiere el uso de recursos energéticos que, salvo que sean procedentes de energías renovables (solar, eólica, geotérmica, hidraúlica,...)aumentan innecesariamente los costos naturales. Se trata de examinar el ecosistema en el que vivimos, valorar los recursos propios del lugar y sopesar la viabilidad de los materiales.

Hay que recordar, que no por ser naturales todos los elementos son convenientes. El petróleo, el cobre y las maderas procedentes de bosques sin gestión sostenible, por ejemplo, son recursos no renovables que hay que evitar utilizar. Influye también, como recuerda el Consejo de Arquitectos de Europa, la forma de explotación de los elementos y el impacto que su extracción produce en el medio ambiente.

Viabilidad y futuro

¿Utopía? En absoluto. Desde viviendas individuales a urbanizaciones y ecovillas la bioarquitectura prolifera esperanzada. Y no se remite únicamente a un entorno rural o individual, ya son varios los grandes edificios y rascacielos construidos sobre estos parámetros. La reconstrucción de la Postdamer Platz, en Berlín a cargo del italiano Renzo Piano o los rascacielos Umro e IBM de Malasia construidos por Ken Yean son algunos de los ejemplos.

Por fortuna todo parece apuntar a que otra forma de habitar es posible. A la arquitectura contemporánea, como signo de su tiempo, solo le queda responder a las solicitudes actuales: la sostenibilidad ecológica.