La sociedad en la que vivimos nos muestra a diario las ventajas e inconvenientes de todo aquello en lo que participamos, bien sea particular o profesionalmente. Satisface un trabajo bien hecho de forma individual, pero también agrada celebrar en compañía la labor conjunta de un grupo tenaz y laborioso.

Produce cierta inquietud la soledad ante un problema pero, a veces, la proximidad de los demás aturde y hasta molesta. Es en ese deseado término medio donde radica, casi siempre, el buen hacer o el mejor vivir. Busquemos, pues, la inflexión adecuada en algo que es tan importante como la convivencia continua y obligada entre vecinos.

En la comunidad de vecinos, también la unión hace la fuerza

Contando con deseos y buena voluntad, el aunar los esfuerzos de todos, reduce bastante cualquier problema que surja en una comunidad de vecinos, máxime si, además, son todos propietarios. Con la ayuda a los otros se favorecen a sí mismos y como, en general, no es cuestión de fortaleza física sino de empeño voluntarioso nacido del afán de ser útiles en determinados momentos, solucionada la incidencia quedará la propia satisfacción y el recuerdo ejemplar de la colectividad que, aun contando con la ingratitud olvidadiza de algunos, siempre perdurará como labor bien hecha por parte de una mayoría con ganas de vivir en paz y total tranquilidad.

Cuidar el todo momento el inmueble comunitario

Nuestra casa no se limita al entorno físico de la propia vivienda, desde la puerta de entrada a la última habitación sino también, como claramente lo especifica la escritura de propiedad, a los elementos en común del inmueble como escaleras, ascensor, pasillos, portal y cuanto esté edificado en el bloque, así como el mobiliario y adornos del mismo.

Todo ello merece el respeto más profundo y consiguiente cuidado para su conservación y mantenimiento, ya que afecta a nuestra economía, al orgullo de tenerlo en perfectas condiciones y al beneplácito de los que nos visitan. Una comunidad limpia y cuidada dice mucho a favor de los que la forman, siendo como una especie de antesala de todas y cada una de sus viviendas.

La Ley de Propiedad Horizontal en España

Para conjuntar criterios y fomentar la convivencia, la Ley de Propiedad Horizontal fue creada en España el 21 de julio de 1960 y modificada, por exigencias propias del paso del tiempo, el 6 de abril de 1999. En la actualidad dispone de 24 artículos, en los que subraya la flexibilidad en el régimen de mayoría para el establecimiento de nuevos servicios comunitarios, como porterías, ascensores y supresión de barreras arquitectónicas, entre otros; sin olvidar, por imperativos económicos lógicos, dar facilidades para el legítimo cobro de las deudas que mantengan los copropietarios, basándose en la denominada "lucha contra la morosidad".

Es descorazonador y hasta humillante ver cómo, mes a mes, mantiene la deuda comunitaria de uno o varios recibos el propietario que, impasible, sigue disfrutando de los servicios que no paga, a costa del resto de sus vecinos y, como el mal ejemplo se contagia, siempre hay algún otro que rompiendo la unidad cumplidora y faltando el respeto a los demás, también se une al moroso inicial creando así una situación económica tan inestable como desacertada.

En semejantes casos, la persona que ostenta la presidencia de la comunidad se ve obligada a ejercer de mediadora, tratando de evitar que la situación empeore y, de acuerdo con el administrador de la finca, dar solución rápida y definitiva al espinoso tema.

Propietarios de vivienda, siempre al corriente de los gastos comunitarios

No sólo por exigencias de la Ley, sino también por mera educación, todo propietario debe estar siempre al corriente en el pago de sus recibos comunitarios, afrontando seriamente todos los compromisos económicos que le correspondan, sin pretextos de ningún tipo. Debe recordar, en todo momento, que él no está solo en el edificio y que su impago repercutirá de inmediato en la economía del resto de propietarios, de forma injusta e innoble.

Por cortesía y respeto, los cumplidores, los que pagarían entre tanto lo propio y lo ajeno, los que seguirían saludando al moroso en dichas condiciones, merecen el aplauso y pleno reconocimiento de los comuneros.

Imprescindible, el seguro del inmueble

En casi todas las provincias españolas es obligatoria la contratación de una póliza de seguros, a favor de la Finca y que la protege, en especial contra los riesgos de incendios, explosión, catastróficos y posible responsabilidad civil por daños causados a terceros, tanto personales como materiales. Es lógico que así sea, porque no tiene ningún sentido confiar al azar lo que tanto nos ha costado y que representa, sin lugar a dudas, el logro de nuestras aspiraciones y una de las ilusionadas metas de nuestra vida.