Las obras de Berthe Morisot hablan de la vida, de los sentimientos, de la necesidad de expresar su intimidad y describir su entorno desvelando en formas plásticas la personalidad de la mujer que se convirtió en pintora profesional y gran animadora cultural en el marco del movimiento impresionista, el más avanzado del arte del siglo XIX.

Son cuarenta las obras que Paloma Alarcó, comisaria de la muestra “Berthe Morisot. La pintora impresionista”, ha elegido para dar vida a una exposición monográfica en homenaje a esta artista francesa, olvidada en el siglo veinte, lienzos que podrán contemplarse en el Museo Thyssen de Madrid desde el 15 de noviembre hasta el 12 de febrero.

El proyecto de la muestra nace en torno a un objeto real que perteneció a la artista: un espejo. Exactamente aquello que encontramos pintado en el cuadro El espejo psiqué de Morisot, y que fue hallado, después de una insistente investigación solicitada por Paloma Alarcó, en el depósito del Museé Marmottan Monet de Paris. El museo francés cuenta con un extraordinario número de obras y objetos personales de la impresionista, fruto de la donación de la familia Morisot.

La obra El espejo psiqué, de la Colección Permanente del Museo Thyssen, es una de las pinturas que Berthe Morisot presentó en la “Tercera Exposición Impresionista” de 1877. El lienzo que muestra a una joven vistiéndose pausadamente frente a un espejo de estilo Imperio refleja el estudio que la artista dedicó a la luminosidad y el color y el interés por los reflejos de la luz.

El universo femenino en las obras de Berthe Morisot

Las pinturas de la artista francesa, nacida en Bourges en 1841, desvelan y retratan a la mujer burgués en la Francia del siglo XIX. Berthe Morisot expresa con sus pinceladas lo que significa ser mujer, madre y pintora, plasmando una especie de relato de su vida, contándose a si misma y describiendo su entorno. Al mismo tiempo se nos abre una ventana sobre la forma de ser de la mujer urbana, interesada por la moda y la vida cultural educada en el arte de la música y de la pintura.

Ejemplar en tal sentido es la obra de Morisot En el baile, un óleo, en el que una bella dama de la alta sociedad, elegantemente vestida, sostiene un abanico y donde se recoge –actualizándola- una larga tradición iconográfica de la pintura occidental.

Por otro lado Berthe Morisot fue modelo de grandes maestros, como Eduard Manet, hermano de su esposo Eugène Manet, que la retrata en el cuadro El Balcón de 1868. Tampoco podemos olvidar que fue encaminada al arte de la pintura por Guichard y Corot. En cada sala de la exposición sus obras dialogan con las pinturas de los artistas relevantes de su vida como Renoir, Monet, Pissarro, Boudin y Degas.

Los paisajes impresionistas

De su maestro Corot, la pintora aprendió la manera luminosa de reflejar la naturaleza sobre el lienzo. Ejemplar es el óleo El Jardín de Bougival de 1884.

La concepción de la representación de un mundo mejor, entendido como lugar agradable, era característica común y recurrente de los jardines pintados por los artistas del impresionismo. Berthe Morisot lo intenta representar en la Niña sentada en el césped, donde la armonía de la pequeña con la naturaleza se plantea como un instrumento para la difusión de las ideas progresistas sobre la educación de Friederich Froebel, que tanto influyeron en el Impresionismo.

En la obra Pastora desnuda tumbada el tratamiento del cuerpo se acerca a los desnudos de Renoir y corresponde a la temporada que Morisot transcurrió en una casa de campo con vistas al Sena al noroeste de París y pretende ser un retrato del mundo rural.

La música a través del dibujo

La obra El violín de1894 retrata a Julie Manet, la hija de Morisot ya entrada en la adolescencia, que se convirtió en una modelo perfecta para su madre. Una serie de retratos de Julie tocando el violín en su casa de la rue Weber de París nos recuerdan la importancia de la música para la impresionista, proyección figurativa delicada y elegante para representar su vida y su entorno.

La exposición “Berthe Morisot. La pintora impresionista” representa la ocasión para poder disfrutar de las obras de la artista que, como solía decir su amigo, el poeta francés Paul Valery, “vivía su pintura” y “pintaba su vida”.