Nada hacía esperar que la capital de un país recién salido de la I Guerra Mundial y, además, vencido pudiera cobrar tanta vida y llenarse de tanto esplendor durante más de una década llena de contradicciones y revueltas.

Lo cierto es que las armas se habían silenciado en toda Europa a excepción de Berlín. El fin de la guerra supuso para Alemania la instauración de una república, un nuevo orden político que no consiguió evitar durante sus años de vigencia que los extremistas de derechas e izquierdas batallaran en las calles. Tampoco consiguió evitar la gran crisis económica ni la super-inflación. Y pese a todo este caos político y económico, Berlín se convierte en todo un referente a nivel mundial. Pero, ¿qué pasó en aquella época para esto sucediera?

Sexo

La instauración de la República de Weimar trae de la mano algo completamente nuevo para los ciudadanos berlineses: la democracia. Hasta ese entonces el pueblo no había disfrutado de derechos básicos como la libertad de expresión. De repente, desaparece la censura y comienza una etapa de desarrollo artístico y cultural sin precedentes, desaparece cualquier tipo de represión para dar paso a una era en la que "todo vale".

Se experimenta con todo y el sexo deja de ser un tabú para transformarse en un modo de vida.

Berlín se convierte en el centro de la investigación y experimentación sexual. Los primeros pasos en el desarrollo de la ciencia del sexo o sexología, los dio el médico Magnus Hirschfeld en el instituto que el mismo fundó en el centro de la capital: el Institut für Sexualwissenschaft. El edificio albergaba, a su vez, una gran biblioteca con una importante colección de libros de temática sexual desde la época del Imperio Romano, así como un museo con toda clase de fetiches sexuales, máquinas de masturbación, cinturones de castidad y una gran variedad de artefactos sexuales de épocas pasadas.

A su consulta acudían homosexuales, travestis y transexuales a pedirle consejo. A diferencia de Freud, Magnus Hirschfeld, homosexual, socialdemócrata y liberal, trataba los temas sexuales sin imponer ningún tipo de juicio moral. Fue un fuerte defensor de los derechos de los homosexuales hasta que se instauró la dictadura.

Drogas

Conseguir drogas en el Berlín de los años locos no era difícil. Bastaba una receta médica para adquirir cocaína, opio o anfetaminas. Los efectos devastadores de estas drogas eran completamente ajenos. Un médico prescribía dichos fármacos para combatir la fatiga sexual o el decaimiento. Cualquier tipo de dolencia sexual podía tratarse trataba con este tipo de drogas, una práctica extendida y tolerada en la ciudad.

Víctima de las adicciones murió una de las bailarinas de striptease más aclamadas del momento: Anita Berber. Famosa por ser una de las primeras mujeres que se desnudó sobre un escenario berlinés, Anita era la personificación de la vitalidad y perversión de la metrópoli. Reconocía su bisexualidad sin ningún tipo de tapujos, hasta el punto de alardear de ella y creó un estilo propio que pronto comenzó a extenderse por el resto de la ciudad: a ella se le debe que se pusiera de moda llevar monóculo.

Irreverente y provocadora, se la consideraba una bailarina de erotismo y sensualidad sin parangón.

Charlestón

El baile representaba la alegría de vivir y era una manera de exorcizar todo lo malo.

La "Babilonia del río Spree", como se conocía al Berlín de los años dorados, fue testigo de actuaciones de artistas tan emblemáticos como Josephine Baker.

En diciembre de 1925 llega el espectáculo "La Revue Négre" a la ciudad. La artista de cabaret americana, Josephine Baker, llega de París con una puesta en escena que deja fascinado al público. Con su debut en el "Theater des Westens" (el Teatro del Oeste) son muchos los berlineses que descubrieron el Jazz, un estilo musical que encontraban muy moderno y primitivo a la vez.

Del espectáculo se dice que trataba los clichés raciales a medias reforzándolos y a medias rechazándolos y de la noche a la mañana Josephine se convirtió en un fenómeno para el sector femenino de la capital.

Quedó asombrada con el modo de vida de la ciudad y nunca llegó a comprender porqué las críticas de los periódicos berlineses la mencionaban como un icono del expresionismo y del primitivismo alemanes.