
- Moda femenina de los años 20 - Arte Historia
Tres grandes espejos haciendo la forma de un triángulo en el medio de la Hausvogteiplatz recuerdan que un día éste fue el centro de la moda de Berlín. Las marcas más famosas de la ciudad se congregaban en los alrededores de esta plaza. La mayoría eran pequeñas empresas y muchas trabajaban por encargo pero la producción textil era una de las ramas industriales más importantes que tenía la metrópoli. A mediados de los años 20 se exportaba más de un tercio de lo que se producía y trabajaban en sus fábricas alrededor de 150.000 personas.
Si bien París era la capital de la alta costura, Berlín era la provedora líder de ropa de confección, de moda ponible y asequible para todos los bolsillos. No obstante, la "Haute Couture" también tenía espacio reservado en los mejores barrios de la ciudad: Tiergarten, Ku'damm y Unter den Linden.
La moda era todo un acontecimiento social que imponían fundamentalmente las grandes estrellas del cine como, por ejemplo, Brigitte Helm, la protagonista de Metrópolis.
La emancipación femenina
El término de la I Guerra Mundial supone para Alemania, entre otras muchas cosas, la ruptura con el sistema político existente y con las rígidas estructuras sociales de antaño. Llegan el fin de la censura, los grandes avances tecnológicos, importantes descubrimientos científicos, el florecimiento cultural... y todo un hito en la historia: la emancipación de la mujer.
La nueva década da paso a grandes cambios en la vida de la mujer como su incorporación a la vida laboral. Poco a poco va teniendo más protagonismo en la sociedad, consigue independencia y se libera poco a poco de los conservadores parámetros sociales que habían regido su vida hasta hacía muy poco.
Toda esta revolución da lugar a una nueva mujer que se hizo llamar flapper. La flapper era una mujer joven y atrevida que vestía de un modo transgresor, con faldas que comenzaban a enseñar las rodillas o con pantalones de corte masculino. Fumaba, conducía rápido, parecía siempre despreocupada, escuchaba Jazz y bailaba Charlestón, practicaba deporte y se cortaba el pelo como un chico, se maquillaba de un modo recargado e invertía todo su sueldo en ella misma.
Un vestido para bailar
La moda femenina tuvo que adecuarse a todos estos cambios sociales con rapidez. La liberación de la mujer se materializó en la moda con la desaparición del corsé y la consiguiente liberación del cuerpo. El corte clásico y asfixiante de los vestidos desapareció por completo para renacer en forma de patrones con líneas mucho más rectas que hacían que la figura de la mujer pareciera más lánguida. Las prendas resultantes conseguían, no obstante, tener mucho movimiento gracias a las telas utilizadas: sedas y muselinas y toda una gama de tejidos vaporosos que solo a veces dejaban entrever sus curvas.
Para acentuar el movimiento muchas de las prendas se cubrían con tiras de tela que caían de forma simétrica, holandes, adornos y flecos que creaban un interesante juego visual en los giros imposibles que imponía el ritmo del Charlestón dotando al vestido de mayor ligereza.
El corte de la cintura se baja hasta la cadera y se marca con lazos, tiras o cinturones. La silueta femenina se desprende de sus curvas y se marcan los hombros dando como resultado una figura más atlética.
Uno de los avances más provocativos en la moda tuvo lugar a mediados de la década de los 20 cuando los vestidos se acortaron para dejar mostrar las rodillas, haciendo que las piernas cobraran un protagonismo hasta entonces inexistente.
La influencia de la moda masculina
Pero sin duda el cambio más radical que experimentó la imagen de la mujer fue su corte de pelo. Decía el eslogan: "Schneid' dir ab den alten Zopf - schneid' dir einen Bubikopf", que se podría traducir como "Córtate la vieja cola de caballo - córtate el pelo como un chico".
Las largas cabelleras recogidas en elaborados peinados y rematadas con grandes sombreros desaparecen para dar paso a un look radicalmente opuesto de melenas por debajo de las orejas y sombreritos Cloché.
Esta novedad se presentó en la revista berlinesa de moda Elegante Welt en 1920 con estas palabras: "Como novedad nos llega del extranjero el Bubenkopf, el peinado que se solía llevar cuando éramos niños".
Berlín fue en estos años líder en la producción de publicaciones de moda, el centro desde donde se daban a conocer mundialmente las últimas tendencias con revistas como Der Modenspiegel, Elegante Welt o Die Dame, en cuya edición de noviembre de 1927 aparece en su portada una obra de Tamara de Lempicka.
