La empatía es, según define perfectamente Silvia Hebe, "la capacidad del ser humano para percibir e incluso experimentar en sí mismo los estados emocionales de sus semejantes". Es también, si se usa adecuadamente, un instrumento que puede ser empleado por los individuos para obtener ventajas competitivas en su vida diaria.

El problema deviene cuando, por un mal uso o directamente por una falta de interpretación correcta de la información, deriva en un conflicto con el propio individuo o con sus semejantes.

El desarrollo de las capacidades empáticas

Las actuales sociedades tecnológicas imponen un modelo de pensamiento basado en términos cuantitativos, donde queda muy poco espacio para todo aquello que no sea cuantizable, tangible y medible. Debido a ello, cualidades como la empatía son poco conocidas, y muchas personas empáticas sufren de problemas diversos, ya que desconocen lo que sienten, cómo interpretarlo y, especialmente, cómo obtener una ventaja de esta capacidad. Creen que la empatía es una suerte de magia o de truco mental, cuando tiene una explicación y una base científicas.

Quienes logran superar el conflicto entre las posibilidades que otorga una alta empatía y los sentimientos y dudas que genera, pueden lograr ventajas decisivas en muchas ocasiones en todas las facetas de la vida. Si a ello se suma un buen conocimiento del lenguaje de gestos, el individuo empático puede disponer de una herramienta muy poderosa en su vida afectiva y social.

La empatía como herramienta para mejorar la calidad de vida

Una persona que ha aprendido a conocer y a desarrollar su empatía dispone de una herramienta que puede ser muy beneficiosa frente a otras que no la hayan desarrollado o que no sepan explotarla convenientemente. El empático no puede por supuesto leer la mente de su interlocutor, pero puede leer los sentimientos que en cada momento se están volcando en la persona con la que está interactuando. De hecho, dado un desarrollo adecuado, la lectura se hace tan evidente que incluso pueden llegar a deducirse algunos de los pensamientos generales del individuo.

En este sentido, el empático puede interactuar con su interlocutor y redirigir la línea de diálogo en cada momento hacia aquellos elementos que conforman una respuesta conveniente. Qué agrada al interlocutor, qué le molesta, en qué momento la conversación está llevándole a una situación incómoda, de agotamiento, de aburrimiento, o, por el contrario, qué elementos atraen su atención. En ocasiones, las muestras del interlocutor hacia elementos que le resultan positivos se pueden aprovechar para estimular ciertos pensamientos que le agradan, haciendo que vea al empático de forma positiva.

Aspectos negativos del uso de la empatía

La empatía tiene, como ocurre a menudo, dos caras: usada con fines beneficiosos, puede lograr éxitos importantes y mejoras en las relaciones. Un conflicto puede resolverse de forma que ambas partes dispongan de un acuerdo que beneficie a ambos. Pero hay que tener en cuenta que un empático puede usar esta capacidad en su propio provecho y como ventaja competitiva frente a otra persona con una capacidad empática inferior y poco desarrollada.

Como sucede casi siempre, la empatía es una herramienta, que puede ser usada de forma correcta y para lograr un propósito constructivo, o puede ser un elemento para lograr propósitos de manipulación, y hay que entender esta manipulación de forma directa y dirigida a la mente del interlocutor, ya que este no se dará cuenta de que su línea de pensamiento está siendo modificada. Empleada de este modo, la empatía puede ser una herramienta muy peligrosa y dañina para el interlocutor y, paradójicamente, también para el empático, que se verá afectado negativamente por la retroalimentación producida entre él y su interlocutor.

Los límites de la empatía

Finalmente, el empático deberá tener en cuenta que, como herramienta de uso diario, tiene unos límites importantes. El mayor es sin duda los propios sentimientos y mente del empático. Se puede decir que la veracidad de una entrada empática (la percepción que el empático recibe del interlocutor en cada momento) es inversamente proporcional a la subjetividad del empático sobre esa entrada.

Dicho de otro modo, si el empático sufre una importante carga emocional en la interactuación con el interlocutor, puede fácilmente interpretar la información que recibe de forma errónea, y por ello, obtener conclusiones completamente erróneas. El empático deberá aprender que sus propios sentimientos tamizan y modifican las entradas que recibe, lo cual puede dar lugar a conclusiones erróneas. El empático debe cuidar también su interacción con el interlocutor, ya que puede verse afectado por sus sentimientos como si fuesen propios, algo que le diferencia claramente del sociópata.

La empatía por sí sola no aporta soluciones finales

La interpretación de esas entradas recibidas mejoran con la experiencia, pero nunca se puede concluir que la información sea como una transcripción de un texto escrito. Siempre hay un porcentaje de error. Y siempre hay una posibilidad de tomar acciones equivocadas debido a ello. Por este motivo, la empatía debe servir como un indicador, pero nunca determinante de que se estén dando las interpretaciones correctas.

En última instancia, la empatía es una poderosa herramienta, pero su uso puede acarrear tantos problemas como soluciones aporta. El empático deberá determinar, en cada caso, y de forma objetiva, las conclusiones sobre su interlocutor en base a otros estímulos. En este sentido, la empatía es una poderosa aliada, pero el juicio racional y el pensamiento reflexivo serán siempre los que determinen las mejores actuaciones ante cada situación en la vida.