Todo el mundo quiere tener un aspecto agraciado, además de saludable. Eso ha sido así en todas las épocas de la humanidad pero, en la nuestra, las modas y los estereotipos de lo considerado bello nos lo ponen más complicado.

Belleza que enferma

Desde hace décadas, el cine, la televisión y los artistas más novedosos y admirados de la música marcan tendencia en cuanto a las modas. Por supuesto, detrás está el escuadrón del mundo del estilismo y la publicidad, que son quienes deciden las tendencias que, luego, pondrán de moda los grandes astros del mundo de los famosos.

Pero esto no es lo que tiene en consideración una adolescente que desea tener una apariencia física como la de la actriz o cantante que admira; ni un joven que quiere emular el cuerpo musculoso del artista masculino de moda. Para los jóvenes, e incluso para muchos adultos, esos estereotipos son reales, deseables y objetivo de alcance. La realidad suele ser más prosaica, y hasta puede resultar peligrosa.

Un informe de la American Psicology Association (Asociación Americana de Psicólogos) revelaba que esos deseos de copiar el físico de algunos famosos, provocaba en muchos jóvenes una falta de seguridad y confianza en su propio aspecto que conducía a sentirse incómodos y avergonzados con él. Todo esto, puede hacer padecer síntomas más graves, como desórdenes alimenticios (anorexia, bulimia, etc.), depresión, falta de autoestima, fobias o filias respecto al mundo de la imagen y a sí mismos (adictos a la cirugía estética, fóbicos sociales), e incluso repercutía en el concepto de la sexualidad de muchas jóvenes, que ven en las poses provocativas de las fotos de las modelos que admiran una conducta sexual distorsionada, que intentan imitar.

Trastornos en adultos

También los adultos que están obsesionados con su cuerpo y en aproximar su aspecto al de los prototipos más admirados, ya sea por la idea equivocada de “alargar” así la juventud o por mejorar su apariencia, llegan a sufrir distintos trastornos mentales y adicciones. Muchas mujeres se comparan con los rostros impecables de las estrellas del cine o de la moda, encontrándose tan poco atractivas que caen por ello en el estrés o la depresión de una baja autoestima.

A este respecto, las Facultades de Psicología de las Universidades de Granada y Jaén (España) llevaron a cabo un estudio, el año 2010, en el cual se invitaba a participar gratuitamente a cuantas voluntarias, entre 19 y 30 años, creyeran necesitar ayuda psicológica a causa del rechazo hacia su autoimagen. Se tuvieron en cuenta, para aceptar a las candidatas, parámetros como el exceso de peso, la incidencia emocional que tuviese en ellas sentirse feas o poco “normales”, las consecuencias en la relación social que esto implica, y la adicción a dietas y ejercicios que hubiesen desarrollado. En dicho estudio se trataban, además de los aspectos psicológicos de estas personas, enfermedades como la obesidad, la bulimia y la anorexia.

La coordinadora del estudio, María del Carmen Fernández-Santaella, de la Universidad de Granada, afirmó en una entrevista concedida a la cadena de televisión británica BBC: "Una vez que dejen de atentar contra sí mismas, les ayudaremos a controlar la ansiedad, reconocer su belleza y reducir el malestar que les provoca su aspecto”.

Se trata, por tanto, de un problema grave y que despierta, cada vez más, el interés de la clase científica. La doctora Fernández Santaella decía: "Son patrones inalcanzables que acaban causando trastornos graves, lo que en psicología llamamos descontento normativo.”

Belleza y salud por la mente sana

Nuestra sociedad piensa que la belleza lleva a la felicidad. La realidad es que, quien es feliz, se siente sano y es bello. En muchas personas que llevan un modo de vida equilibrado, tanto a nivel físico como mental y espiritual, se ha comprobado que, no solo son más propensos a no contraer enfermedades, sino a sanar más rápidamente y a envejecer más despacio. Algunos aseguran, incluso, que las arrugas desaparecen cambiando ciertas conductas.

Está comprobado que la fatiga, el estrés diario y las preocupaciones se reflejan en la piel, que se deshidrata con más rapidez en esas circunstancias, aunque la persona intente cuidarse con cremas y cosméticos. Sin embargo, también está comprobado que dar espacio al descanso personal diario, la meditación, el ejercicio moderado y evitar los pensamientos negativos o fatalistas, hace que los desequilibrios biológicos desaparezcan y la piel mejore y recupere su elasticidad.

Todos hemos dicho u oído alguna vez que, en una persona feliz, sus ojos brillan. No se trata de ningún tópico o figura literaria, sino de la realidad. La confianza en uno mismo y las emociones positivas aportan deseos de vivir de forma saludable y equilibrada. El ejemplo lo tenemos en los niños: un niño feliz es un niño activo y de mirada brillante; un niño triste está apático y apagado. Si trabajamos nuestra tranquilidad interior, si nos aceptamos y nos amamos, tendremos más deseos de cuidar de nuestra salud y nuestra apariencia. Eso es belleza completa.