El pasado 17 de noviembre se llevó a cabo la ceremonia de beatificación de María Angélica Pérez (llamada también "La santita" o Sor María Crescencia ). El lugar de la cermonia será la ciudad de Pergamino, Provincia de Buenos Aires; el lugar donde ella pasó su infancia y donde descansan sus restos, se está conviertiendo lentamente en un sitio de visita religioso. El Papa Benedicto XVI había aprobado el decreto a fines del año pasado, por el que se le reconoce la intervención en un milagro, iniciando con ello el proceso de beatificación y eventualmente su canonización. María Angélica Pérez, de la orden religiosa Hijas de María Santísima del Huerto, sería la séptima persona nacida en Argentina que es beata, aunque el país ya cuenta con un santo nacido en su territorio, San Héctor Valdivieso Sáez, hermano lasallano, nacido en Buenos Aires en 1910 y fusilado junto con otros religiosos en España en 1934, por el Comité local revolucionario de Turón, Asturias.

Beatos argentinos

Junto con María Angélica Pérez son beatos Ceferino Namuncurá (1886-1905), Laura Vicuña (1891-1904, nacida en Chile, pero su vida fue en la Argentina), María Ludovica De Angelis (1880-1962), María del Transito Cabanillas (1821-1885), Artémides Zetti (1880-1951) y Nazaria March Mesa (1889–1943). Estos procesos de beatifiación fueron iniciados por el Papa anterior, el también beato Juan Pablo II.

Biografía de la monja María Angélica Pérez

Llamada en su orden religiosa "Sor María Crescencia", María Angélica nació el 17 de agosto de 1897 y falleció el 20 de mayo de 1932 en Vallenar, Chile. Se trasladó en su infancia a Pergamino, en la zona rural del norte de la Provincia de Buenos Aires, donde pasó su infancia y su adolescencia, trabajando en el campo y estudiando. Entró al noviciado de la congregación Hijas de María Santísima del Huerto en la ciudad de Buenos Aires, en 1915. Su vida la dedicó primero a enseñar como maestra y después, al cuidado de niños enfermos; con ese objetivo la destinaron a Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, donde cuidó chicos tuberculosos durante varios años. Pero su salud requería otro clima, ya que la humedad y su actividad la hiceron enfermar de pulmonía. Se dirigió entonces a Vallenar, al norte de Chile, en la árida Atacama; ahí se dedicó a cuidar los enfermos internados en el hospital de la ciudad, hasta su muerte en 1932, con solo 35 años. Fue trasladado su cuerpo al Colegio del Huerto en Pergamino.

El milagro de Sor María Crescencia

En la Iglesia Católica el proceso de beatificación es lento y arduo y requiere de mucha gente que se interese en los pormenores de la vida de un candidato a beato y que se demuestre en esta primera instancia su intermediación en un milagro, en general referido a un enfermo terminal que se cura. Este es el caso de Sor María Crescencia, que intercedió por la curación de María Sara Pane, quien padecía una hepatitis aguda fulminante y era enferma de diabetes. No hay explicación médica para esta curación. Para la canonización el proceso será aún más largo y requiere entre otras cosas, un segundo milagro. Su cuerpo fue encontrado incorrupto en 1966 cuando la congregación quiso trasladarla a Buenos Aires, pero el pueblo de Pergamino lo impidió, lo que demuestra una devoción y una trascendencia de su vida que venía de muchos años antes, sin que en ese momento se hablara siquiera de su beatificación. 20 años después de este asombroso hallazgo, en 1986, Monseñor Domingo Castagna, en ese momento Obispo de San Nicolás, inició el proceso de beatificación.

Otras beatificaciones de Benedicto XVI

En la oportunidad de la beatificación de María Angélica Pérez el Papa también había proclamado beatos a los italianos Luigi Novarese (1914-1984, fundador de la Pía Unión de los Trabajadores Silenciosos de la Cruz) y Gertrude Prosperi (1799-1847, Abadesa del Monasterio de Trevi de la Orden de San Benito). También beatificó a los franceses Luis Brisson (1817-1908, cura fundador de los Oblatos y Oblatas de San Francisco de Sales) y la laica María Luisa Elisabetta de Lamoignon (1763-1825, fundadora de las Hermanas de la Caridad de San Luis). Finalmente también beatificó al sacerdote suizo Nicolás Rusca (1563-1618, asesinado por su fe durante las guerras religiosas del siglo XVII) y a 65 mártires de las Guerra Civil Española, asesinados por su fe entre 1936 y 1937, entre otros los religiosos Antonio Solá Garriga y 18 compañeros lasallanos y el laico José Gorostazu Labayén.