El Beagle es una de las razas más populares del mundo; comenzó a ganar terreno en el siglo XIX por su habilidad para cazar liebres y terminó siendo adoptado en los hogares como mascota. Si bien, esta raza proveniente de Gran Bretaña es muy solicitada por su carácter juguetón, también tiene mucha demanda en las industrias para la experimentación de productos.

A pesar de las alternativas tecnológicas que ya existen para evitar la prueba en animales, el panorama es desalentador. Importantes empresas globales persisten en realizar pruebas que de acuerdo a la Unión Británica por la Abolición de la Vivisección (BUAV por sus siglas en inglés) le cuestan la vida a más de 100 millones de animales, una cifra aproximada, cabe aclarar, ya que excluye a los “excedentes” de los criaderos que son matados, los que están en laboratorios clandestinos y los que son obtenidos del tráfico ilegal.

Los Beagles representan un alto porcentaje de esta cifra.

¿Por qué los Beagles?

Comúnmente, se cree que los científicos han tomado a los Beagles como un “modelo canino” debido a que sus músculos, sistema cardiovascular y órganos son en lo general, muy similares a los del humano. Sin embargo, de acuerdo a la Sociedad Americana Anti-Viviccionista (AAVS), estas explicaciones sólo buscan justificar algo más simple. Su tamaño pequeño (de 33 a 55 cm. de alzada a la cruz) no sólo facilita su manipulación a los laboratoristas, también implica que estos perros ocupen menos espacio. Por otra parte, son una raza que tiene mucha resistencia física y su temperamento equilibrado los hace animales adaptables a cualquier medio.

Experimentación y denuncias

Los Beagles son usados principalmente para el desarrollo de nuevas drogas, armas militares e investigaciones clínicas, aunque tampoco están exentos de los productos agrícolas, de limpieza para el hogar y cosméticos. Algunas de las pruebas que más se realizan en ellos son: la administración de sustancias tóxicas a través de tubos o comida (las cuales perforan sus gargantas y estómagos), quemaduras mortales por corrosión de ácidos, la aplicación directa de químicos en su piel rasurada, o la inoculación (para observar una enfermedad y/o probar medicamentos).

Desde los años ochenta, importantes activistas y asociaciones defensoras de los derechos animales no solo se han encargado de exponer la crueldad de los experimentos, también han evidenciado el maltrato que reciben los perros por parte del personal de los laboratorios. Uno de los casos más sonados sucedió contra Huntingdon Life Sciences (HLS), una empresa británica cuya actividad es la experimentación animal. En 1997 la activista Zoe Broughton causó revuelo cuando envió al Canal 4 una grabación oculta que revelaba cómo algunos empleados de HLS golpeaban a varios cachorros Beagle. Si bien, no fue la primera acción emprendida contra HLS, fue la primera vez que dos empleados fueron arrestados bajo los cargos de “aterrorizar cruelmente a perros”.

Un negocio redondo

Mientras haya una demanda existirá una oferta, y como aún existen cientos de empresas que insisten en la experimentación, los Beagles representan un negocio redondo. La demanda más fuerte proviene de Europa y la granja Marshall es uno de los principales proveedores. Fundada en 1939 en Nueva York, Estados Unidos, este laboratorio y criadero de animales es uno de los más grandes del mundo. En el caso específico de los Beagles, estos son criados para la vivisección.

Granja Marshall ha sido citada incontables veces por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos por cometer una serie de violaciones a la Ley de Bienestar Animal. En 2007, se desató un escándalo luego de que la organización PETA denunciara el transporte de cuando menos 50 Beagles a los laboratorios viviseccionistas Charles River, de Escocia, a través de la aerolínea Lufthansa. La denuncia hacia Lufthansa se basó en las condiciones de hacinación bajo las cuales fueron transportados los perros; la denuncia hacia Granja Marshall continúa siendo el maltrato que se le da a los Beagles y el objetivo por el que se crían.

La realidad

El que los Beagles sean escogidos por su supuesta similitud con los humanos, no garantiza por ejemplo, ninguna efectividad en las medicinas. Tales fueron los casos de la Talidomida y el Clioquinol que en el momento en que fueron administrados en humanos, solo provocaron resultados trágicos. ¿Por qué? La lógica es muy simple. La genética de los Beagles es diferente y en realidad, los datos que se obtienen son sobre estos, no sobre los humanos. Las pruebas están en las cifras. Tan sólo en 2002, el índice de muertes por reacciones adversas a los medicamentos se quintuplicó en el Reino Unido y, en Estados Unidos, es la sexta causa de muerte, por lo que cabe preguntarse si en verdad resulta beneficioso el sacrificio de millones de estos perros para productos que finalmente serán dañinos para los humanos.