Las baterías de costa, como los nidos de ametralladora, los búnkeres y las casamatas, se encuentran casi siempre en lugares que cuentan con excelentes vistas. De eso se trata, de dominar un gran territorio. Las baterías costeras de Cartagena se levantan en emplazamientos ciertamente espectaculares. No son demasiado conocidas fuera de la región de Murcia... y es una pena porque resultan sorprendentes, espectaculares y curiosas. Merece la pena descubrirlas.

Monte de las Cenizas

Entre Cartagena y el Mar Menor, no muy lejos de La Unión y a tiro de piedra del espacio natural de Calblanque, se encuentra la batería del Monte de las Cenizas. Y muy cerca, la bahía de Portman, un lugar bellísimo que se encuentra en periodo de regeneración tras muchas décadas de vertidos procedentes de las minas.

Para visitar la batería, conviene dejar el coche en la desviación hacia El Llano de El Beal. Después, y tras cruzar la carretera, se alcanza una portilla en la que arranca el sendero. Asciende de forma suave y serpenteante hasta las edificaciones militares que albergan la batería. A ella se llega después de un agradable paseo de apenas tres cuartos de hora.

Esta instalación militar, ya en desuso, cuenta con un par de desafiantes y espectaculares cañones Vickers capaces de lanzar un proyectil de una tonelada de peso a 35 kilómetros de distancia. Además de los impresionantes cañones, el visitante puede explorar todos los entresijos subterráneos de una construcción militar de ese calibre, con sus salas de mando, sus silos para los obuses y las dependencias para la tropa. Toda una curiosa experiencia.

En Cabo Tiñoso, la batería de Castillicos

Existe otra bateria espectacular no muy lejos de Portman. Es la llamada de Castillitos o Castillicos, que se encuentra muy cerca de La Azohía. Se levantó en 1929 y se mantuvo operativa hasta finales del siglo XX. Para llegar a Castillicos hay que tomar la desviación hacia El Campillo de Adentro, cuya carretera sale poco antes de La Azohía, si se llega desde Cartagena, o poco después de rebasada esta localidad, si el viajero procede de Mazarrón.

Se puede llegar en coche, por una sinuosa carretera, eso sí, hasta la misma batería. Durante la subida hacia el Cabo Tiñoso el visitante disfrutará de excelentes vistas de la costa, que no son nada más que el aperitivo del espectacular panorama que se divisa desde la batería.

Una vez en ella y además de los dos cañones Vickers gemelos de los existentes en el Monte de las Cenizas, el visitante puede adentrarse en los silos donde se guardaba la munición y en las dependencias del mando, así como en los diferentes castilletes de vigilancia. Conviene llevar una linterna para poder adentrase en las tripas de las instalaciones tanto de Castillicos como de las Cenizas.

Batería de Jorel

Poco más allá, otra batería muestra orgullosa sus tres cañones, éstos más pequeños que los de Castilicos y las Cenizas, pero situados en un lugar si cabe más impresionante. Es la batería de Jorel. Desde Castillicos se puede ir dando un paseo de apenas un kilómetro o poner a prueba los amortiguadores del coche por una carretera de tierra que bordea el acantilado. Mejor la opción del paseo.

Hay otros cañones de este tipo en diferentes lugares de España, pero en Murcia, concretamente en Cartagena, es donde se concentra el mayor número de piezas todavía instaladas en sus posiciones de combate y donde existe mayor número de casamatas.

Fuego cruzado

El fuego de estas tres baterías, y de las restantes que hay en la zona, se cruzaba para defender el puerto y el astillero militar de Cartagena, que se convertía de esta forma en una plaza prácticamente inexpugnable. Al menos, desde el mar. En la costa cartagenera hay docena y media de baterías, la mayor parte de ellas artilladas, aunque algunas otras se destinaban a alojar grandes proyectores de defensa antiaérea. No hay que perdérselas. Queda claro que la zona de Cartagena no sólo hay bellas playas, también hay otros paisajes que descubrir.