Berenice II, reina de Egipto por su matrimonio con Ptolomeo III, vivió hace unos 1.800 en el país de los faraones. Se sabe que su hijo trató de envenenarla, que por el bien de su esposo donó su legendaria y bellísima cabellera a la diosa Afrodita y que fue la primera soberana que acuñó monedas con su efigie. Y por el último descubrimiento hecho en Alejandría, también le gustaban los gatos. O quizá sólo la diosa Bastet, quién sabe. Pero el hecho de que poseyera un templo dedicado a dicha deidad ya dice mucho.

Ese templo fue descubierto esta misma semana por una expedición arqueológica egipcia en Alejandría, dirigida por el director de Antigüedades del Bajo Egipto, Mohamed Abdel Maqsud. Más de 600 objetos fueron desenterrados en una excavación de 900 metros cuadrados. Entre figurillas de bronce y recipientes de barro encontraron una estatua de la diosa Bastet en su forma de gato. Y esa fue la pista que les llevó a deducir a qué deidad estaba dedicado.

Pero, ¿en qué consistía el culto a esta diosa y por qué llamaría la atención de la reina?

La divinidad felina

Bastet tenía cuerpo de mujer y cabeza de gato, aunque también era normal verla representada sólo en su forma de animal. Hija de Atum, el primer dios egipcio, a ella se levantaban las plegarias de las madres ya desde la cuarta dinastía, pues simbolizaba el amor maternal y la protección del hogar. Como es lógico en un gato, era acérrima enemiga de las serpientes, de los que se da cuenta en varios mitos en los que no duda en atacar al reptil Apofis para proteger a su padre.

Su figura estaba estrechamente relacionada con Sekhmet, cuya testa era la de un león. Si Bastet era la apariencia apacible del Sol, Sekhmet era el astro rey abrasador, además de una deidad guerrera que rara vez mostraba compasión. Asimismo, Hathor también es una referencia constante cuando hablamos de la diosa gata, aunque en la mayor parte de los casos, esto se debe a una confusión, aunque no es raro ver asociada a Bastet como hija de ésta.

Como ya hemos dicho, se la representa normalmente o como una mujer con cabeza de gato, o como un gato sin más, pero esto es matizable. La primera de las figuras suele llevar un collar aegis y en las manos porta una cesta en la que suele transportar a sus crías y un sistro, un instrumento musical. A veces aparece entronizada, pero lo más corriente es que esté de pie.

La ciudad de los gatos

Bubastis, ciudad principal del culto a Bastet, cuyo nombre moderno es Tell Basta, está situada en la parte oriental del Delta del Nilo. El edificio principal de la ciudad era, evidentemente, el templo dedicado a la deidad, se supone que erigido en gran parte por el faraón Osorkon II. Levantado en granito rojo, era el centro neurálgico de la fiesta anual que se celebraba en honor a la Gata y que congregaba a miles de fieles.

Esa festividad anual tenía como uno de sus puntos fuertes los festejos de la fiesta de la embriaguez. Acompañando la velada con grandes dosis de vino y cerveza, los devotos recordaban cómo con dichas sustancias lograron aplacar la ira de la diosa, que había adoptado la forma de Sekhmet.

Aparte de esta, también otras fiestas en honor a Bastet, como son “La procesión de Bastet”, “La aparición de Bastet a Ra”, “Bastet protege las Dos Tierras” o “Bastet protege la ciudad de Bubastis”.

Poco queda de la antigua Bubastis, que perdió su fuerza e importancia comercial con el auge de Alejandría. Aparte del templo principal, se conservan dos capillas que se creen fueron construida por los faraones Amenemhet III y Amenhotep III, y un templo de Pepi I.