El barroco se podría describir como un periodo de crisis existencial de la humanidad. En este sentido la literatura no hace sino recoger una ideología sustentada en un clima de escepticismo, desengaño y pesimismo con el que se enfrenta la vida. No es extraño, entonces, que los temas predominantes en el barroco sean la muerte, el amor en sus formas más desgarradoras, la insatisfacción o la soledad.

La postura esencialmente estoica, la resignación ante el devenir de los acontecimientos, conduce en el barroco a una expresión literaria exagerada y recargada, buscando el desapego con la realidad. El barroco busca la originalidad y sorpresa, alejándose de las reglas y modelos que caracterizaban a sus predecesores: los renacentistas.

Representantes de la poesía barroca: Góngora y Quevedo

La poesía barroca tiene dos grandes representantes; Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. Igualmente dos son las tendencias que conviven el barroco: la lírica popular, basada en un lenguaje diáfano y sencillo, y la lírica culta, mucho más rebuscada y compleja. En esta última tendencia se desarrollan dos corrientes conocidas como conceptismo y culteranismo, persiguiendo ambas la belleza y la sorpresa dentro de los nuevos cánones barrocos. La diferencia estriba en que los culteranos abogan más por la sensibilidad, destacando la forma sobre el contenido, mientras que los conceptistas suelen apelar más a los sentimientos, buscando asociaciones ingeniosas, artificiosidad, recursos semánticos y decir lo máximo utilizando lo mínimo. De ahí la conocida frase: “lo bueno si breve, dos veces bueno”. Representante indiscutible del culteranismo barroco sería Luis de Góngora, mientras que el conceptismo estaría representado por Francisco de Quevedo, así como Baltasar Gracián en prosa.

El teatro barroco: Lope de Vega y la Comedia nueva

Aunque Lope de Vega, nacido en Madrid en 1562 y muerto en 1635 en la misma ciudad, cultivaría todos los géneros literarios, es indudable que su reconocimiento máximo se debe a su incursión en la lírica y, sobre todo, en el teatro. Lope de Vega escribió más de 3.000 sonetos de variada temática, abordando tanto la corriente conceptista como la culterana.

Puede afirmarse que el teatro sería el género literario más innovador y de mayor éxito durante el siglo XVII, de igual modo que Lope de Vega sería, con su “Arte nuevo de hacer comedias”, el inspirador de la “Comedia nueva”.

La renovación teatral propuesta por Lope de Vega se sustenta en los siguientes aspectos:

  • La mezcla en una misma obra de lo cómico y lo trágico.
  • La ruptura de la regla de las tres unidades propia del clasicismo.
  • División de la obra en tres actos.
  • Variedad métrica.
  • Lenguaje adecuado al personaje.
  • Introducción del personaje.
Aunque Lope de Vega afirmaba haber escrito más de 1.500 comedias, a día de hoy se le atribuyen con certeza 314. La máxima de Lope de Vega era entretener al público, destacando en sus contenidos los conceptos del honor y el sentimiento monárquico abordados desde la acción y la emoción. Algunas de sus obras más conocidas son, en temas históricos, Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el rey o El caballero de Olmedo. También escribió comedias costumbristas como El perro del hortelano o comedias mitológicas como El laberinto de Creta.

Calderón de la Barca

Con Calderón de la Barca, que nació y murió en Madrid (1600-1681), se reafirma el nuevo teatro de Lope de Vega, al tiempo que se incorporan otros recursos característicos del barroco. A diferencia de Lope de Vega, Calderón muestra una tendencia mayor a la reflexión intelectual y filosófica, con un lenguaje y un desarrollo de la acción más elaborado. La escenografía, que hasta entonces había sido bastante pobre, gana en brillantez y complejidad.

Al contrario que Lope de Vega, Calderón de la Barca se dedicó en exclusiva al teatro. De él se conocen 120 comedias y 80 autos sacramentales, destacando en el segundo caso su obra El gran teatro del mundo. Pero sus dos grandes obras, sin duda, son La vida es sueño y El alcalde de Zalamea. También escribió dramas de honor, como El médico de su honra, comedias mitológicas como Eco y Narciso o dramas religiosos como El mágico prodigioso.

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