Muchas personas se están planteando un cambio en su concepción de la vida, del mundo que constituye su entorno, incluso de cómo se ven a sí mismos. A eso se le llama crecimiento personal, desarrollo personal o superación personal. ¿Quién no ha oído hablar de ello? En estas páginas y en este apartado hablamos continuamente de esa temática, realmente útil cuando uno está dispuesto a mejorar su existencia y responsabilizarse de sí mismo.

Pero la superación personal, como cualquier empresa en esta vida, no está exenta de contratiempos y obstáculos. A eso vamos a llamarlo “barreras” e intentaremos explicar qué son, cómo surgen y cómo podemos eliminarlas, desde la comprensión.

¿Qué son las barreras mentales?

Llamaremos barreras a esos “peros”, “cuándo” y “porqués” que no nos dejan avanzar en el cambio interior personal que nos hemos propuesto. Lo primero que hay que saber es que, irremisiblemente, surgirán. Siempre, toda persona que inicia un nuevo camino, se encuentra con esas dudas, esa confusión o esa indecisión que pueden hacerle desistir de sus propósitos.

Podemos estar decididos a comenzar un cambio personal, a ser mejores personas, pero la costumbre, los apegos, nuestra rutina de siempre nos intentará convencer de posponerlos. Puede ser un “cuando me sienta mejor”, “cuando esté más animado”, “si ocurre tal cosa”…; ¡olvídelo!, esa es la creación de excusas que la mente necesita para detenerle, posponiendo, esperando “mejor ocasión”. Barrera mental. La creamos nosotros mismos.

Otra barrera mental habitual en estos casos es la creación de “porqués”, o evitación. Es normal volver a repetir viejos patrones de conducta, al iniciar la nueva. Por ejemplo, uno puede proponerse cuidar mejor de su forma física, pero el acostumbrarse al ejercicio es una nueva rutina a la que cuesta amoldarse. Entonces, la mente nos envía rápidamente unos cuantos “porqué”, para culparnos o, por el contrario, para encontrar el modo de desistir sin culpabilizarnos: “No voy al gimnasio porque no me da tiempo”, “porque está demasiado lejos”, “porque no es para mí”, “porque soy vago”, “porque mi cuerpo no lo soporta”…No es necesario culpabilizarse por no desear esa adaptación concreta, como no hay que disculparse para permitir la pereza. Si la actividad no le gusta, si no es el tipo de ejercicio que le satisface y le llena, cámbielo; todos tenemos algún tipo de actividad física que nos atrae más que otras y que hará el mismo servicio a nuestro cuerpo. No se trata de hacer una maratón, ni de ser tan delgado, fibroso o fuerte como otra persona. Todo debe ser armonioso y apetecible, pero no deje que las barreras mentales le engañen.

¿Por qué surgen las barreras mentales?

La mente está hecha para defendernos, protegernos e informarnos de cualquier posible amenaza exterior. Cuando nos amoldamos a una rutina expresa, nuestra mente entiende que eso es lo que deseamos y lo que es conveniente para nosotros. A partir de ese precepto, nos defenderá de cualquier cambio que pueda representar una ruptura de hábitos. Y, ¿cómo lo hará?, creando el miedo.

El miedo puede impregnarlo todo. El miedo paraliza, creando dudas, inseguridad e indecisión. Es la barrera por excelencia, incluso cuando estamos a punto de conseguir la meta. Lo que menos espera el miedo es que no le hagamos caso; se supone que está ahí para advertirnos de los riesgos o los errores, para persuadirnos de no precipitarnos. Podemos actuar evaluándolo, viendo lo que es prevención y lo que es simple anticipación; o podemos actuar dejándonos llevar por él y, en consecuencia, no avanzar como queríamos.

Para superar el miedo hay que tener claro lo que es: una creación de nuestra mente, un pensamiento, la mayor parte de las veces anticipativo y que no tiene porqué hacerse realidad. Y la segunda parte para esa superación es ir paso a paso, analizando las situaciones según vienen, no según pensamos que pueden venir. Para ascender una montaña no podemos calibrarla en su inmensidad, sino en cada paso que vamos ascendiendo. De ese modo, el miedo no nos subyugará.

Tipos de barreras mentales

Hay infinitas barreras mentales que pueden surgir para convencernos de que desistamos de cualquier cambio o proyecto. Cada persona puede percibir distintos obstáculos, externos o internos, que aparecerán como auténticas motivaciones disuasorias. Hemos citado algunas de las más comunes, pero podríamos citar otras más, igualmente habituales:

  • Falta de planificación- Muchos proyectos se quedan por el camino porque no se ha planeado bien cómo desarrollarlos. Mantener la serenidad, la constancia y la ilusión facilitará ver las posibles opciones para llevarlo a cabo. Hay que ser realista, sin caer en el pesimismo o el optimismo. Planificar ayuda a evaluar los pasos de cada etapa.
  • Incapacidad- La indecisión o la falta de costumbre pueden hacernos creer que somos torpes para una actividad. Nadie nace enseñado, y los errores pueden servir para aprender a no cometerlos.
  • Baja autoestima- La falta de amor hacia uno mismo puede hacerle sentir débil, incapaz o que no merece vivir mejor. Eso es falso en todos los casos, todos merecemos mejorar, todos podemos hacerlo; solo hace falta querer y empezar a creer en nuestro potencial, que sí existe.
  • Ira o rabia- Vivir enquistados en el pasado y sus adversidades pueden generar ira o rabia contra lo que nos dañó. Esas emociones se convierten en obstáculos para avanzar hacia la satisfacción personal, desenfocando los objetivos reales y aprisionando a la persona en deseos de revancha y odio. Lejos de potenciar el crecimiento y la superación, la ira es tan solo el dolor que resta de una mala experiencia. Afrontarlo lo disuelve.
  • Decepción- Los fracasos durante cualquier trayecto hacia un objetivo son inevitables. Eso no significa que el resultado final deba ser fracasar. Pero la desilusión es un fuerte componente disuasorio, que solo la fe en uno mismo y la constancia pueden combatir.
  • Apatía- El desinterés, el cansancio y la pereza son “barreras mentales” muy habituales y que pueden hacernos cambiar de opinión muy fácilmente. Por eso hay que ser firmes en el propósito inicial y tener claras las ideas de lo que deseamos. Volvemos aquí a recomendar la constancia, el descanso y la serenidad.
Estos serían, entre muchos otros, los obstáculos que nuestra mente puede ponernos para disuadirnos de que ya estamos bien así, por infelices que nos sintamos. Lo que intentamos aquí es informales de que existen, son normales en cualquier proceso de superación y, la buena noticia, son superables. De ustedes depende la elección de reconocerlos y combatirlos o de rendirse ante ellos.