La muerte de Franco y la venida de la Democracia hicieron que la antigua división regional se permutara por las nuevas autonomías. Este hecho propició la utilización de la Historia en interés de quienes pretendieron y pretenden impulsar el camino a su independencia del Estado español.

La bandera cuatribarrada en la Corona de Aragón

El caso de este símbolo vexilológico que es la bandera es el más manipulado por nacionalistas, ya que sin bandera parece que no hay nación. La guerra de las banderas en ayuntamientos y diputaciones empieza desde finales de los 80 del Siglo XX. Por ley cada diputación y ayuntamiento deben proteger que en los edificios públicos ondeen las enseñas de España y las propias de cada localidad. Pero la disputa en los territorios que se autoproclaman históricos, ha sido y es permanentemente un motivo de lucha de banderas.

El caso de la bandera cuatribarrada de los antiguos territorios de lo que fue la Corona de Aragón es peculiar. Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca, a los que se añadirían Rosellón y Cerdaña, Nápoles y Sicilia, y los ducados griegos de Atenas y Neopatria, dispusieron de este emblema cuatribarrado porque simplemente era el símbolo real.

En aquellos entonces las banderas no eran símbolos de estados, pues estos como tal no existían. Pertenecían a las casas reales que eran los dueños de esos territorios y que juntos formaban el patrimonio de un monarca. Se les llamaba señas o pendones, por lo tanto la bandera cuatribarrada no es el símbolo de Cataluña, ni de Aragón, ni de Valencia, ni de Mallorca, ni de los demás territorios que formaron parte de la Corona, es el símbolo de la Casa Real Aragonesa.

Origen de las barras

En la Edad Media no existía ninguna bandera propia del Reino de Aragón. Los reyes aragoneses sí utilizaban como distintivos sus escudos de armas. El escudo presentaba cuatro palos o bastones (verticales) de gules sobre campo de oro. Estos bastones se llevaron a la bandera posteriormente, pero la disposición de palos se cambio a la de barras o fajas (horizontales) que es como se representan ahora. Esta utilización de las barras data de los tiempos del rey Alfonso II.

Para documentarse los vexilólogos utilizan monedas (numismática), sellos reales, documentos heráldicos y textos de la época. En todos ellos se aprecia la evolución de las barras.

Sin el uso nacionalista de los símbolos, la discusión se centraría exclusivamente en la versión histórica sin trasfondos políticos. Pero ya desde la renaixença catalana la manipulación interesada de los datos y del léxico originó los primeros choques. La tergiversación de palabras y términos en un uso partidario de estos nacionalistas abrieron la polémica que dura hasta el presente. Las barras catalanas. El término corona catalanoaragonesa que jamás existió, pues Aragón era un reino y Barcelona un condado, ambos del rey de Aragón desde la unión matrimonial de Ramón Berenguer IV con la hija de Ramiro II el Monje doña Petronila.

La utilización de la palabra confederación para indicar una igualdad real-condal. Estas tres son las utilizaciones más a históricas que se utilizan. Para intentar validez histórica a sus pretensiones no dudan en manipular la Historia. Impulsan la leyenda de Wifredo el Velloso, conde Barcelona, que en su ayuda a Carlos el Calvo, rey de Francia, es herido; y el rey con sus dedos mojados en la sangre del conde los aplica a su escudo de armas blanco. Esto pretende dotar de una mayor antigüedad la utilización de las barras catalanas. Esta leyenda hermosa en su origen, no tiene ningún valor histórico, ya que Wifredo y Calos el Calvo fueron reales pero no contemporáneos con lo que el argumento principal se desmonta instantáneamente.

El regreso de las Diputaciones

Tras la restauración democrática se retomó antiguas instituciones derivadas de tiempos medievales. Se crearon para dotar a las comunidades autónomas de cierta apariencia de descentralización que se perdió cuando Felipe V convirtió España en una monarquía absoluta de facto. Con los Austria el aparato del estado que era centralista se debía cuando menos a las formalidades de las diferentes comunidades que formaban la corona. Diputaciones y parlamentos aprobaban aunque sólo fuera de manera simbólica los designios reales. Pero con el primer Borbón esto se perdió. Las nuevas instituciones democráticas quisieron rememorar estas instituciones y se convirtieron en los órganos principales de los gobiernos autonómicos.

Y las banderas volvieron y se empezó la disputa. Cataluña con la fuerza de su población que es cuantificable consiguió a diferencia del resto de los territorios de la antigua corona, que se le reconociera su Estatuto de Autonomía por una vía diferente y con más privilegios. Este hecho ha propiciado el intento de utilización de símbolos comunes como suyos excluyendo la legitimidad de los demás. Esto ha provocado numerosas barbaridades históricas salidas de bocas de dirigentes nacionalistas que manipulan la Historia a gusto de sus intereses.

Aquel que no busca más que la verdad histórica es ajeno a estas luchas sin sentido. Pero el grueso de la población que tiene un desconocimiento absoluto de su historia ha permitido incluso cambiar el ordinal de los monarcas en función de los territorios.

La bandera de Aragón

En 1977 se aprobó la actual enseña aragonesa. Además de las barras reales incluye la Cruz de Íñigo Arista. Símbolo real aragonés desde la Batalla de Alcoraz ganada por Pedro I a los musulmanes en 1096 como refleja el cronista aragonés Jerónimo Zurita, aparece ya en las monedas de tiempos de Jaime I el Conquistador. Otro añadido fue el Árbol de Sobrarbe, una encina verde rematada con una cruz de gules. Por último la famosa Cruz de San Jorge que parece ser era emblema real desde Pedro II y su devoción a este santo. Las cabezas cortadas de moros en los cuatro cuarteles de la cruz ha generado hoy otra nueva polémica con los musulmanes.

La Historia es Historia y nadie debe manipularla para conseguir sus fines particulares, de lo contrario falta gravemente a la verdad y hace indignos sus fines aunque los consiga.