La bacteria Escherichia coli fue descrita por vez primera en 1885 por el bacteriólogo alemán Theodore von Escherich, llamándola en primera instancia Bacterium coli. Con posterioridad, y en honor a su descubridor, recibiría el nombre que hoy conocemos de Escherichia coli.

En realidad existen muchas cepas de la bacteria E. coli, siendo la mayoría de ellas inofensivas para el ser humano. No obstante hay una variedad, conocida como E. coli O157:H7, capaz de producir una sustancia tóxica muy potente y que, por lo tanto, entraña un serio peligro para la salud humana. No sería hasta el año 1982 que la bacteria E. coli O157:H7 sería reconocida como causa de enfermedad. El motivo sería un brote de diarrea con sangre que se produjo en Estados Unidos.

Propagación y contagio de la bacteria E. coli O157:H7

La propagación se produce, en la mayoría de casos, cuando la bacteria E. coli llega a la cadena alimentaria. Puede mezclarse accidentalmente con la carne antes de ser envasada y propagarse si esta no ha sido lo suficientemente cocida. Y eso sucede aunque la carne tenga buena apariencia y no presente ningún olor extraño.

La bacteria E. coli también puede estar presente en las ubres de las vacas, siendo la leche no pasteurizada otra de las vías de contagio. Los vegetales crudos, germinados o frutos que han estado en contacto con la bacteria constituyen otra de las vías habituales de contagio. La bacteria también puede estar presente en aguas potables, como lagos o piscinas.

Otra forma de propagarse es a través de personas que no se lavan las manos tras ir al baño. Otro tanto puede suceder con los bebés y el cambio de pañales.

Síntomas de la enfermedad por E. coli O157:H7

Los síntomas por E. coli O157:H7 casi siempre se presentan en los adultos y en los niños mayores. Entre los síntomas más comunes cabe destacar la diarrea con sangre y el dolor estomacal. La fiebre no suele presentarse, o en caso de hacerlo, de forma muy leve.

Un sector de la población especialmente sensible a esta bacteria son los niños menores de 5 años y los ancianos. La infección puede afectar a los glóbulos rojos y a los riñones. No es frecuente; 1 de cada 50 casos. Pero cuando ocurre, reviste mucha gravedad, pudiendo ocasionar la muerte en aquellos pacientes que no sean atendidos en un hospital.

Síndrome urémico hemolítico y E. Coli O157:H7

El síndrome urémico hemolítico aparece en ocasiones tras una infección gastrointestinal causada por la bacteria E. Coli O157:H7. Las sustancias tóxicas de la bacteria destruyen los glóbulos rojos. Tiene una mayor incidencia en niños, siendo la causa más frecuente de insuficiencia renal aguda. Cuando afecta a los adultos las complicaciones son más graves. Los síntomas habituales son los vómitos y la diarrea, a veces con sangre. El tratamiento puede requerir diálisis, fármacos corticosteroides o transfusiones de concentrado de plaquetas y eritrocitos. Se trata de una enfermedad grave cuyo pronóstico es más favorable en el caso de los niños.

Tratamiento de la enfermedad por E. coli O157:H7

En caso de contagio por la bacteria E. coli no es aconsejable, como sucede en tantas ocasiones, medicarse por cuenta propia. Es el médico quien ha de indicar lo que es más conveniente.

La utilización de los antibióticos no ha resultado demasiado eficaz, por lo que apenas se prescriben. Es recomendable beber mucho líquido para evitar la deshidratación.

En los casos que no revisten una especial gravedad la recuperación se produce al cabo de unos 5 ó 10 días sin mayores complicaciones. En otros casos puede presentarse una insuficiencia renal, por lo que pueden resultar comprometidos los riñones en el futuro. Pueden producirse otras complicaciones –aunque muy raramente– como hipertensión, ceguera o parálisis.

Prevención y protección frente a la bacteria E. coli O157:H7

Cuando se produzca un brote de E. coli se deben seguir atentamente las instrucciones dadas por las autoridades de la salud pública, evitando consumir los alimentos susceptibles de contener la bacteria. Debe cocinarse especialmente bien la carne y hervir los vegetales antes de ser consumidos. También se deben tomar todas las medidas higiénicas necesarias para evitar el contagio, como lavarse bien las manos, separar la carne cruda del resto de los alimentos, limpiar bien todos los utensilios que se hayan usado para cocinar, no servir la carne cocida en el mismo plato donde antes había estado cuando todavía estaba cruda, tomar bebidas pasteurizadas, sobre todo la leche o extractos de manzana. Prestar especial atención al agua que se vaya a consumir, evitando también tragar el agua de piscinas o lagos cuando se está nadando.

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