La violencia de género viene definida en el artículo 1 de la Declaración Sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, redactada por las Naciones Unidas en 1994 como: " todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada".

La violencia de género acarrea muchas y graves consecuencias a las mujeres

Las mujeres que lamentablemente padecen esta humillación, no sólo deben enfrentarse a las consecuencias físicas o psicológicas de los actos terroristas de esos seres que se autodenominan hombres.

Son numerosas las ocasiones en las que estas mujeres deben superar el denominado síndrome de la mujer maltratada. Este síndrome definido por Walker y Dutton hace referencia a la adaptación a la situación por parte de la mujer víctima de violencia de género. Esta adaptación conlleva que la víctima tenga que desarrollar habilidades para enfrentarse a estímulos adversos, minimizando el dolor y lo que es peor, distorsionando la realidad para poder hacer frente a ella.

Este síndrome implica que la mujer no sea comprendida y cuando no denuncia una agresión o cuando disculpa las humillaciones recibidas sea considerada como la culpable de su propia situación.

La sociedad necesita un cambio y una regeneración educativa para luchar contra el machismo

Es evidente que una sociedad desarrollada no se puede quedar de brazos cruzados ante este tipo de terrorismo. Las cifras de mujeres asesinadas cada año producen dolor a quienes tienen un mínimo de sensibilidad y de sentido común. Pero esas cifras son insignificantes comparadas con la cantidad de mujeres que padecen cada día vejaciones, humillaciones y malos tratos por el mero hecho de ser mujeres.

Esa sociedad que se autoproclama como libre debe tomar cartas en el asunto. La raíz del problema es muy profunda y sólo desde el ámbito educativo y formativo se puede empezar a tratar de cortarla. La educación en el entorno familiar se convierte en la primera herramienta que se ha de utilizar para sanar a una sociedad enferma. Esta educación debe ser acompañada de una buena formación en la escuela y de mensajes apropiados a través de los medios de comunicación, de la publicidad, de las series y películas de televisión, del cine o aunque parezca una nimiedad de la corrección de un lenguaje sexista, obsoleto y anquilosado que influye negativamente en el inconsciente colectivo.

Ayudas a las damnificadas, mientras se intenta erradicar el terrorismo doméstico

Mientras las personas expertas estudian las medidas para acabar con la discriminación de género, que es el germen de todo lo consiguiente, se ponen al alcance de las mujeres víctimas de esta violencia recursos y ayudas con el fin de aminorar la presión que el yugo de la violencia machista ejerce sobre ellas.

No hay que olvidar que muchas de estas mujeres han sido anuladas social, intelectual y económicante por lo que al intentar salir del infierno al que se han visto sometidas, las dificultades se acentúan.

Por ello las ayudas van enfocadas a cubrir necesidades económicas. Estas ayudas suelen concederlas las comunidades autónomas previo cumplimiento de una serie de requisitos, como pueden ser demostrar la condición de mujer víctima de violencia de género, acreditar que los recursos económicos son bajos y estar empadronada en la Comunidad Autónoma correspondiente.

También existen ayudas de tipo psicológico que realmente son muy necesarias. En este sentido existen asociaciones de mujeres en prácticamente todas las ciudades que asesoran a estas mujeres en el aspecto psicológico, a través de profesionales de ese ámbito.

Estas ayudas también se refieren a los temas jurídicos y administrativos, puesto que cuando una mujer decide luchar y denunciar comienza un proceso largo, tedioso y casi siempre injusto para ella. Todos los juzgados, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado disponen de recursos específicos para facilitar todos los trámites.

Así mismo existen teléfonos de ayuda y asistencia a mujeres maltratadas que funcionan las 24 horas del día.

El cambio debe comenzar en cada persona y sin demora alguna

Estas ayudas simplemente palian de alguna manera las múltiples dificultades con las que conviven, día a día, las miles de mujeres que tan sólo quieren vivir dignamente.

Sin embargo, si lo que se pretende es lograr vivir en un lugar en el que reine la justicia, la igualdad y en el que no que haya ningún tipo de discriminación, el cambio debe comenzar en cada persona de manera individual.

Realizar un examen de conciencia y pensar qué tipo de acciones o actitudes se pueden modificar para no fomentar aún más este horror.