Un ejemplo de esto se ha podido observar recientemente en la Base Aérea de Torrejón, escenario elegido para mostrar el “VI Proyecto Afganistán”, por el que diferentes empresas españolas donan un cargamento de material humanitario que en Afganistán es distribuido por las tropas españolas en su zona de responsabilidad.

En esta ocasión, el aporte de ayuda asciende a 15 toneladas y es donado por un total de 22 empresas de toda España, que aportan desde ordenadores a ropa de abrigo, juguetes, material escolar, medicinas, alimentos no perecederos, carritos de bebé, sillas de ruedas e incluso relojes.

Origen del "Proyecto Afganistán"

Esta clase de iniciativas se inicio en 2005 cuando un grupo de ocho empresas de Murcia en acuerdo con el Ejército del Aire, por la ubicación de la Academia del Aire en San Javier la Fuerza Aérea tiene mucho implante en esta región, ofrecieron una carga de cinco toneladas de material humanitario para que fuera repartido por las tropas españolas en Afganistán al coincidir el despliegue en zona de la III Bandera Paracaidista “Ortiz de Zárate” y la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC), acantonadas en la localidades de Jabalí Nuevo y Alcantarilla a las afueras de la capital murciana.

Implantación del proyecto

La idea fue bien acogida por el Ministerio de Defensa llevándose a cabo con éxito, por lo que se previó una nueva edición al siguiente año a la que se sumaron nuevas empresas ya de ámbito nacional incrementando la cantidad y variedad del material enviado.

Así el “Proyecto Afganistán” ha entrado ya en su sexto año consecutivo, siendo un total de 40 las empresas que han participado en él aportando un total de 160 toneladas de ayuda que transportadas por el Ejército del Aire han sido distribuidas por las tropas españolas destacadas a la misión.

Presentación "VI Proyecto Afganistán"

En la presentación en Torrejón de la edición de este año tanto la ministra de Defensa como el Jefe del Estado Mayor del Aire, JEMA, han estado acompañados de una representación de las 22 empresas donantes de las que el presidente de Telefónica hizo de portavoz, aunque dejando aparte la grandilocuencia de los discursos la nota simpática la puso el empresario y presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, el cual obsequió a la ministra con una camiseta del equipo con su apellido grabado.

A esta presentación siguió la exposición del material humanitario enviado y la carga del primer avión C-295, que transportará el primer envió de este paquete de ayuda y que estará en zona en su totalidad en pocas semanas.

Pasada la imagen pública convendría reflexionar sobre la validez de este tipo de actos y hasta qué punto no rozan la hipocresía y su efecto real sobre el terreno.

Acción benéfica de la ayuda, lo positivo

Y sin cinismos y sin negar las buenas intenciones a nadie y con la idea que siempre será bueno que la Universidad de Herat reciba nuevos ordenadores, un niño afgano tenga ropa de abrigo este invierno, un enfermo calmantes para el dolor, un tullido por las minas su silla de ruedas, una niña libros para el colegio o una mujer afgana tenga algo que dar de comer a sus hijos, lo cierto es que lo parco de la cantidad hará que solo salga beneficiada una persona cada vez quedando muchos miles más sin nada, como una especie de lotería humanitaria.

Escasez y parquedad de los donantes lo negativo

Porque para cualquier observador imparcial una ayuda de 15 toneladas al año se antoja una ridiculez para un país con las necesidades de Afganistán y más si comparamos con que un centro comercial corriente, de los muchos que hay por la geografía española, maneja al día cantidades de hasta 100 toneladas.

Y más teniendo en cuenta que el envío no es fruto de ciudadanos particulares que han donado algo de lo poco que tienen hasta reunir 15 toneladas de ayuda si no que viene de un conjunto de 22 empresas, algunas tan pujantes y saneadas como El Corte Inglés, BBVA, Sacyr Vallehermoso, Indra, Caja Madrid o Telefónica entre otras a las que por lo visto la generosidad solo les llega para aportar al año 15 toneladas de ayuda básica.

Y aún más teniendo en cuenta que en los seis años que lleva este programa en funcionamiento el total de ayuda humanitaria distribuida solo asciende a 160 toneladas por lo que la generosidad demostrada más parece una limosna que otra cosa.

Incidencia escasa frente a mucha imagen pública

Aunque desde luego quien haya sido beneficiado por ella habrá aliviado su situación, cosa que nada tiene de malo como tampoco la tiene la buena fe, militar o civil, de quien trata de ayudar pero es un triste hecho que la situación general sigue igual pese a toda la ayuda humanitaria enviada y el buen hacer que se despliegue sobre el terreno.

Por lo que habrá que preguntarse si actos de esta clase no son más que teatros para hacerse una foto y presumir de humanitario antes de ser una verdadera ayuda que solucione el problema. Ya sea en Afganistán, Haití, Somalia o cualquier nación del tercer mundo. La cuestión está en el aire.