La sexualidad es algo natural en el ser humano. Todos poseemos sexualidad desde que nacemos hasta que morimos. Cada una de las etapas de la vida pone de manifiesto distintas manifestaciones de la sexualidad y el sexo.

Etapas y sexualidad

Así pues, durante la infancia también existe sexualidad, manifestada principalmente por el descubrimiento de la anatomía del propio sexo y del ajeno. También se manifiesta por la curiosidad de exploración hacia estas partes de la anatomía.

En la adolescencia se produce el despertar sexual, tal y como normalmente lo conocemos. En esta etapa se producen los cambios físicos y psicológicos que preparan a la persona para mantener relaciones sexuales futuras.

La edad adulta permite un desarrollo completo de la sexualidad, ya que esta socialmente más aceptado en función de distintos modelos sociales sobre lo que está bien o está mal en el sexo.

En la edad madura también se posee capacidad sexual. Muchas personas siguen manteniéndose activos sexualmente en edades avanzadas. Es tremendamente positivo poder seguir siendo activo ya que mejora la salud física y emocional de quien practique el sexo.

Si bien es el sexo algo tan natural, ¿por qué algunas personas sienten aversión al sexo?

Cuando el sexo se convierte en algo a “rechazar”

La aversión al sexo es mucho más frecuente en mujeres que en hombres. Se manifiesta por un rechazo o desinterés hacia las actividades sexuales, pudiendo ser variable el grado en el que se manifiesta esta aversión.

Hay personas que sienten este rechazo sobre determinadas prácticas sexuales, pudiendo ser estas el sexo oral, el coito o cualquier otra práctica. Pueden sentir rechazo hacia los fluidos corporales, hacia la desnudez, etc.

En cambio, otras personas pueden sentir rechazo por cualquier tipo de práctica sexual- afectiva, ya sea cualquier contacto que implique o señale que pueda haber una relación sexual después.

No debe confundirse la aversión al sexo con la falta de deseo sexual. Normalmente la aversión al sexo suele darse desde el inicio de las primeras relaciones o después de algún suceso traumático o cambio de vida.

La falta de deseo sexual puede ser motivada por otros factores, tanto personales como relacionados con la pareja o el estilo de vida.

Miedo o asco

La aversión puede manifestarse mediante el miedo o el asco hacia el sexo. Es más frecuente manifestar miedo hacia las relaciones, impidiendo así que pueda desarrollarse la respuesta sexual desde su fase inicial: el deseo.

Para las personas con aversión al sexo, no se puede generar el deseo, ya que no se desea algo que produce miedo o malestar.

Cuando estas personas acceden a las relaciones sexuales pueden experimentar gran ansiedad, lo cual hará que se refuerce el miedo y traten de evitarse las relaciones sexuales y los contactos afectivos.

Es frecuente que se eviten todo tipo de situaciones sociales que puedan derivar en relaciones sexuales posteriores. Así pues, una personas sin pareja, evitará aquellas situaciones en las que pueda llegar a tener una pareja.

Las personas con aversión al sexo que acceden a tener una pareja, evitarán los contextos en los que es más probable que se desarrollen las relaciones sexuales, como por ejemplo, evitar lugares íntimos.

¿Qué hacer?

Cuando una persona manifiesta este problema será necesaria la ayuda psicológica. Se deberán trabajar los pensamientos, explorar el concepto de sexualidad, hacer una valoración del entorno y situación personal y elaborar un plan de trabajo para que pueda ir enfrentándose poco a poco a las situaciones temidas.

Es necesario poseer una actitud positiva y abierta hacia el cambio. En el caso de tener pareja, ésta deberá ser tremendamente comprensiva y paciente y deberá reforzar cualquier cambio positivo en la actitud de su pareja, por muy pequeño que sea.

La aversión al sexo se supera pero requiere de comprensión, tiempo y esfuerzo. Todos tenemos la capacidad para disfrutar de una sexualidad plena.