Tienen un origen popular pero su uso trasciende, en no pocas ocasiones, al lenguaje culto y literario. El salto cualitativo que el castellano medieval vivió al llegar a tierras americanas, no hizo más que extender y engrandecer ese patrimonio de expresiones y dichos que ya poseía.

Su importancia dentro de la lengua española ha hecho que los refranes más utilizados encuentren un importante hueco en la enseñanza de esta lengua. La teoría gramatical y lingüística nos ayuda a expresarnos y escribir en un idioma, pero el estudio del refranero nos lleva a comprenderlo. Efectivamente, dentro de la difusión de este idioma y de “lo español” en el mundo, son muchos los docentes que incluyen los refranes en su didáctica del aprendizaje del español como lengua extranjera.

¿Qué es un refrán?

El Diccionario de la Real Academia Española lo define como un “dicho popular agudo y sentencioso” que suele contener un consejo o moraleja y tiene su origen en el término francés “refrain”. El “Diccionario de uso del español” de María Moliner, puntualiza que es “una sentencia popular repetida tradicionalmente con forma invariable”. Pero, las definiciones académicas no llegan a trasmitir lo que significan los refranes dentro de la historia de nuestra lengua y lo que son para el español de hoy.

Se acerca más la explicación que Cervantes pone en boca de don Quijote cuando le aclara a su escudero Sancho: “otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia” (Miguel de Cervantes, “El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, II parte, cap. LVIII)

Refranes, expresiones y dichos españoles

Los refranes españoles son la lengua de la tradición, de la experiencia y la observación. No siempre nos hemos referido a ellos con la misma palabra y fueron denominados a veces como “aforismos” o “adagios”. Hasta el siglo XV se llamaron “fablillas”, que deriva del verbo “fablar”= hablar. La palabra “refrán” ya existía entonces en el castellano, pero se utilizaba para referirse al estribillo de una poesía o una canción.

Con el significado que ahora les damos, aparecen por primera vez en el siglo XV en la obra “Refranes que dicen las viejas tras el fuego”, obra de recopilación que escribió don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, a petición del rey de Castilla, Juan II. Entonces, los escritores y personajes cultos distinguían entre los “refranes”, que eran hablados por el pueblo y los “proverbios”, propios de gente más erudita.

Los dichos y expresiones populares, por su parte, son frases cortas que describen una situación o estado y que utilizan palabras propias del lugar concreto, por ello generalmente tienen un significado sólo comprensible en la región donde fue creado.

Refranes y expresiones más comunes

Hay quien piensa que en español hay un refrán para cada ocasión. Su carácter práctico le hace útil en cualquier oportunidad ya que a veces nos enseñan preceptos morales, otras sociales e incluso nos sirven como advertencia.

La mayoría suelen ser explícitos y en pocas palabras revelan enseñanzas útiles como “A donde te quieren mucho no vayas a menudo”, o “En boca cerrada no entran moscas”, sin embargo hay otros que contienen detrás una curiosa historia.

Algunos de ellos son:

  • “¡A buenas horas, mangas verdes¡ Se dice cuando se llega tarde y la ayuda resulta ya inútil. Tiene un origen medieval y hace referencia a los miembros de la Santa Hermandad, cuerpo de policía rural fundado por los Reyes Católicos en el siglo XV, que vestía un uniforme con mangas verdes y siempre llegaba tarde a los sucesos de importancia.
  • ¡Averígüelo Vargas¡ Se utiliza para expresar algo difícil de explicar o investigar. Hace alusión a don Francisco de Vargas, alcalde de corte de los Reyes Católicos y hombre de gran eficacia. Cuando los monarcas requerían la investigación de un suceso especial, recurrían al buen hacer de Vargas.
  • “Estar en Babia”. Puede tener su fundamento en la Edad Media, cuando los reyes de León se trasladaban a descansar a Babia alejándose de los problemas de la corte. Los ayudantes del rey tomaron por costumbre, si algún súbdito preguntaba por el monarca, responder que “estaba en Babia”, frase que pasó a ser sinónimo de no prestar atención.
  • Hacer el agosto”. Es decir, hacer un buen negocio en poco tiempo. Lo cita Miguel de Cervantes en su obra “La gitanilla”, y tiene un origen rural que hace referencia a la recolección y almacenaje de los cereales y las semillas, que según el calendario agrícola se realizaba en aquel mes.
  • Ir por lana y volver trasquilado”. Advertencia para aquel que en algún negocio o trato piensa que van a sacar un gran beneficio y vuelve con pérdidas. Es un dicho muy antiguo que ya encontramos en el “Poema de Fernán González”, anónimo del siglo XIII, y en “La Celestina” de Fernando de Rojas (siglo XV).
  • Irse por los cerros de Úbeda”. Se utiliza cuando una persona, que habla o escribe, se pierde en explicaciones vagas y sin sentido. Puede tener un origen histórico y referirse a un alcalde de aquella localidad andaluza, enamorado de una muchacha que vivía en unos cerros próximos. En una ocasión, el alcalde al pronunciar un discurso empezó a divagar con explicaciones que no venían al caso. Los espectadores le increparon: “No se vaya usía por los cerros de Úbeda”, dando a entender que no se concentraba en el discurso por pensar en su enamorada.
  • No se ganó Zamora en una hora”. Nos indica que las grandes empresas requieren de tiempo y trabajo para llevarlas a efecto. Tiene también un origen medieval y hace referencia a la conquista de aquella ciudad castellana y sus fuertes murallas. Nació en el siglo XI cuando el rey de Castilla Sancho II asedió la ciudad, en poder de su hermana Urraca, durante más de siete meses.
  • “Mantenerse en sus trece”. Dirigido a los que permanecen firmes en sus creencias, parece aludir al aragonés Pedro de Luna, designado Papa con el nombre de Benedicto XIII. Durante las negociaciones para solucionar el Cisma de Occidente en Europa (siglo XV), se le intentó convencer para que abdicara de su cargo, ya que existían tres pontífices en la Cristiandad. El también llamado “Papa Luna” se negó en rotundo y mantuvo hasta su muerte ser el único pontífice verdadero.
  • “Pelar la pava”. Hace referencia a las largas conversaciones de los enamorados. Nace de una anécdota andaluza, según la cual una señora ordenó a su criada pelar una pava. La muchacha pelaba al animal junto a la reja de la ventana mientras hablaba de amor con su novio. Ante la tardanza, la señora preguntó: “Muchacha, ¿qué haces?”. Y la criada respondió: “¡Señora, estoy pelando la pava¡”, mientras seguía hablando con el joven a través de la reja.
  • Vete a la Porra”. Expresión popular y castiza, tiene su origen en las costumbres de los soldados de los Tercios de Flandes. Cuando levantaban un campamento situaban un bastón de mando o porra de madera que portaba el sargento en el centro de aquél, convirtiendo así ese lugar en punto de encuentro de la milicia. Cuando te citaban en él sabías que estabas arrestado o al menos sancionado.
Los refranes y dichos citados son sólo una muestra de los cientos de ellos que contiene la lengua española, pero como bien decía don Quijote a Sancho: “No hay refrán que no sea verdadero”.