Los films avant-garde, de vanguardia o vanguardistas, pueden ser definidos por la forma y el contenido. Un contenido basado en lo puramente subjetivo que se une para crear una personalísima, y no apta para todos los públicos, obra de arte.

Definición del cine de vanguardia o avant-garde

Avant-garde, término francés originariamente relacionado con la parte más avanzada del ejército que se acerca a una batalla, saca de su definición inicial algunas connotaciones, como el coraje y la valentía, para prestarlas al mundo del cine.

Gregg Smith define a las películas avant-garde como "films creados por individuos de un reducido grupo de colaboradores, financiados por los directores o en combinación entre inversiones privadas o subvenciones de instituciones relacionadas con el arte. Estos films se distribuyen normalmente en museos o universidades".

El cine vanguardista no es un cine comercial

A diferencia de otras artes, el cine vanguardista ha permanecido separado e independiente de la industria mainstream y comercial hollywoodiense. O`Pray analiza este hecho en profundidad en su libro Avant-garde Film: Forms, Themes and Passions (2003) afirmando que en lo que respecta a la pintura, la vanguardia llegó rápidamente a ser aceptada por la sociedad intelectual ya que "la novedad y las nuevas formas son partes necesarias de su marco institucional".

Por otra parte, el autor reconoce que el cine se mantiene como un "arte popular y comercial" que no acepta los cambios en los esquemas, por lo menos a corto plazo, y que emplaza la diferencia audiovisual en sectores minoritarios.

En 1988, el intelectual galés Raymond Williams comentó que "el cine de vanguardia, agresivo desde un principio, se vió a sí mismo como el progreso, el futuro; sus miembros eran los militantes de la creatividad que revitalizaría y liberaría a la humanidad". Parece estar claro que la humanidad no se encuentra todavía preparada para los conceptos y la puesta en escena de este tipo de cine.

La vanguardia y el surrealismo de Salvador Dalí y Luis Buñuel en Un Perro Andaluz

La obra de Luis Buñuel y Dalí, Un Perro Andaluz (1929), considerada por la crítica especializada como una obra maestra del surrealismo, es un cortometraje que se puede leer (reconocido por sus directores) como un sueño puro y duro, con imágenes aparentemente aleatorias y una fractura narrativa que rompía con los esquemas de la época pasada y aun de la actual.

Cannon comenta que Un Perro Andaluz "se desconecta a sí misma, de forma agresiva, del flujo narrativo". Este elemento desconcertante ayuda a definir también el cine de vanguardia. Lo ilógico, la desobediencia de las reglas y el dar la espalda a las convenciones se pasean con regocijo por la pantalla.

La ruptura del tiempo y el espacio en el film aparece, por ejemplo, en la famosa secuencia de un ojo femenino cortado por una navaja. Inmediatamente después la misma mujer es mostrada observando desde su ventana lo que ocurre en la calle. Esto puede frustrar a los espectadores más pacientes, y otros lo encontrarían novedoso y estimulante. Provocador, sin duda.

Un Perro Andaluz, tal y como otros films avant-garde, no fueron creados para un determinado público ni para hacer dinero. El cine de vanguardia es personal, con financiación independiente y proyectado en grupos compuestos por personas de igual aspiraciones artísticas.

Diferencia entre cine de vanguardia y underground

El cine vanguardista es similar al underground en su distribución "bajo el radar" y fuera de los circuitos más reconocidos de la industria cinematográfica. Sin embargo, el segundo ha sido asociado a una sub-cultura social y sexual tapada por el cine tradicional. O´Pray explica que el underground, a diferencia del avant-garde, "no ataca sino que sirve de evasión".

En cualquier caso, la línea que separa al cine underground del de vanguardia (o incluso del experimental, del independiente...) puede llegar a ser un tanto difusa. El underground ha estado muy relacionado con la generación "beat" americana de los años 50, y a la inclinación por la sexualidad hay que añadirle un desinhibido carácter bohemio que coquetea con las drogas.

En definitiva, el interés por el cine de vanguardia fue generado desde una rebeldía nacida de la oposición al marco estructurado y a los límites impuestos por la industria del cine. Unos límites que, aunque raramente, también pueden desvanecerse y dejar el avant-garde fuera de su marginalidad, como ocurre con David Lynch y sus "difíciles", pero mostradas a una gran audiencia, Mulholland Drive (2001) y Island Empire (2006).