Autorretrato en "Manual de pintura y caligrafía" de José Saramago

Saramago - Fundación Saramago
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Saramago, en "Manual de pintura y caligrafía" se sitúa ante el retrato y el autorretrato al sentir la pintura y la novela como medios de autoexpresión.

El 16 de noviembre de 1922, hace 89 años, vino al mundo José Saramago. Como homenaje en esta efemérides bien vale este acercamiento a su novela Manual de pintura y caligrafía, ambientada en el Portugal inmediatamente anterior a la Revolución de los Claveles, en la que se introduce en el ámbito intimista del arte y la escritura del diario de un pintor desanimado con su propia obra.

Este texto navega entre un verterse de sí mismo y una conciencia éticopolítica.

Dimensión ética

Saramago rechaza la presunción de que sus obras tengan un propósito didáctico, ni siquiera como dice: "No busco jamás hablar de un tema ni tampoco parto de una idea previa, como si tuviera la necesidad de ilustrar mi manera de observar la realidad. No me interesa nada el didactismo. Más bien se me presenta una idea, como una especie de flash. No es que la esté buscando: viene. Y casi siempre, en el instante mismo en que se me presenta la idea, viene con el título" (Entrevista en Guadalajara, México, en un congreso homenaje a Julio Cortázar).

El novelista prefiere hacer ver que su escritura es pura espontaneidad; y que su mentalidad, su ideología y su ética brotan como rasgos de su personalidad. Ciertamente es un escritor comprometido con los derechos humanos y con sus ideas, que plasma en sus obras y en intervenciones espontáneas.

Su sentido de compromiso social y político aflora en la novela, especialmente al final, cuando el personaje va siendo iluminado, como un despertar, cuando su mejor amigo es encarcelado, justo antes de la Revolución de los Claveles, y conoce a la única mujer que le hace sentir el amor.

La mayor parte de artículos, ensayos y estudios sobre la obra de Saramago se detienen especialmente en la dimensión ética y política de la producción del escritor. Véase, por ejemplo el trabajo de la Cátedra libre José Saramago de la Facultad de Filosofía y humanidades de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina) que pretende sistematizar la dimensión ético-política presente en la obra de ficción y ensayística de José Saramago.

Sin embargo, la reflexión estética, especialmente el interés por la mirada del pintor, no está ausente de sus escritos, tal como muestra esta novela.

Para eso, se pone en la piel del artista plástico.

Dimensión estética

El novelista reconoce que "escribe siempre sobre un fondo autobiográfico. Escribe con sus recuerdos, ideas, emociones. Pero comprender no tiene que ver con haber vivido mucho, sino con cómo se ha vivido, las decisiones que uno ha tomado" (Entrevista en Guadalajara). El cómo importa tanto como el qué, por qué y para qué. Interesa cómo escribe, cómo siente; interesa la caligrafía, es decir los rasgos personales y también la forma de delinear con arte las letras del relato.

En ese escribir con gusto, utilizando binomios fantásticos, relaciones sorprendentes (abundantes en la novela), en ese elegir unos hechos y unas metáforas determinadas, se refleja, como en un espejo, el autor, como un retrato. Esa es la caligrafía de su autorretrato.

Autorretrato y retrato

El novelista retrata a su personaje y así se autorretrata deambulando entre las disciplinas de las artes plásticas y la literatura.

Y lo hace en ocasiones distintas, como cuando escribe el prólogo del catálogo de una exposición de retratos de Fernando Pessoa. Se pregunta cómo se hubiera pintado Pessoa si en vez de poeta hubiera sido pintor; saldrían mil retratos, pues ese es "el destino de los poetas... y disolverse en el espacio, en el tiempo, sumidos entre las líneas que consiguieron escribir" ("De la imposibilidad de este retrato". 23-IV-09. Otros Cuadernos de Saramago).

Al contrario que Leonardo da Vinci en su Tratado de la pintura, no opone literatura o escritura a la pintura, sino que siente las dos artes como formas de expresarse y comunicar su propio yo.

El libro es una acercamiento sincero a los sentimientos de un artista, pero no una reflexión sobre el arte. Tampoco es profunda en cuanto a sentido crítico ni compromiso social. Refleja muy bien los sentimientos grises y la vida nublada de un hombre, que hasta no verse zarandeado por el encarcelamiento de un revolucionario comprometido (al que no imaginaba ni como amigo, pero que demostró serlo de verdad) y hasta que no se enamoró de verdad, no ve salir el sol de la emoción y la belleza. En ese momento tiene sentido hasta su propia obra plástica. Dice al final “Toda obra de arte, aunque sea tan poco merecedora como esta mía, debe ser una verificación” (Ed. Punto de lectura, 2007, p. 284). Esto es, una obra de arte debe ser una verdad. Da la sensación de que el autor tampoco confía mucho en su escritura, hasta que no se llega al final no se paladea el placer de leer. Es sincero, espontáneo, apenas sin intención literaria.

Y, cómo no, "leer, mirar, escuchar al artista y la obra misma, es también escucharse y comprenderse a uno mismo, lector e intérprete".

La mirada de Esperanza, Esperanza Galindo

Esperanza Galindo Ocaña - Doctora en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Crea con la imagen. La pintura, como la palabra, son un hecho comunicativo. Somos ...

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