La autonegación es una actitud, aparentemente protectora, mediante la cual se niega el acceso a la comprensión de los hechos conflictivos que no se quieren afrontar, impidiendo por tanto la necesaria autorrealización a la que debe aspirar todo individuo.

De hecho, la autonegación es un sistema de defensa que no niega la existencia de los hechos, pero sí cualquier debate interno capaz de sacar alguna conclusión que permita encarar el conflicto. Existe, pero se actúa como si no existiera. La autonegación, que en el pasado -habitualmente en la niñez- pudiera tener esa cualidad protectora en cuanto a la supervivencia del individuo, en el presente actúa negando la realidad, lo que en el fondo no deja de ser la negación de uno mismo. Su cronificación dificulta cualquier posibilidad de resolver los problemas que, ahora, mediante la adquisición de nuevos recursos, facilitarían el camino del reconocimiento y la resolución.

Reconocimiento

La autonegación tiene su vertiente más negativa en la ausencia de reconocimiento de la propia realidad vital, en la incapacidad de responsabilizarse de todos los aspectos que conforman el “yo”. Autonegación equivale a negarse uno mismo; a prescindir de la inteligencia, de las capacidades y recursos para encontrar la vía asertiva que conduzca a una existencia plena, consciente y feliz.

Reconocerse y autorrealizarse, entonces, es la antítesis de la autonegación. Reconocerse significa verse uno mismo enfrentado al conflicto y reconocer, asimismo, la relación y la relevancia de dicho conflicto, lo que a la postre, ha de significar enfrentarse al miedo y salir victorioso. Y es precisamente el miedo lo que lleva a la autonegación. Este es el círculo vicioso que hay que romper. Pero el reconocimiento solo es el primer paso.

Aceptación

La aceptación pasa inevitablemente por el reconocimiento de la realidad personal, de las circunstancias vividas y de sus consecuencias. Una vez descubierto el conflicto y traído a la memoria consciente, le sigue el proceso de aceptación. La autonegación con frecuencia encubre hechos traumáticos que han degenerado en sentimientos de culpa, miedo y vergüenza, que degradan la autoimagen y sumen al individuo en un estado de baja autoestima que limita sus posibilidades de crecimiento.

Aceptarse significa hacer frente a las situaciones que habían permanecido ocultas –no reconocidas–. Este enfrentamiento presupone poner a todos en su lugar, empezando por uno mismo.

Autoafirmación

La autoafirmación, que no debe confundirse con el egocentrismo, es la antítesis de la autonegación y el paso lógico que sucede a la aceptación. Es decir, no existiría la necesidad de autoafirmarse si, con anterioridad, no se hubiera experimentado algún tipo de negación. La autoafirmación pretende recuperar y recomponer aspectos de la personalidad dañados; ser consciente de la propia valía y de la capacidad para enfrentarse a las contingencias de la vida. La autoafirmación, en definitiva, es sentirse con el derecho y con la valentía de ser uno mismo con todas las consecuencias. En este proceso, el derecho es una palabra clave; el derecho a amar y a ser amado, a vivir, a sentir sin temor, a autovalorarse y a defender el propio criterio.

Autorrealización

Al proceso de autoafirmación le sigue inevitablemente el de autorrealización. Una vez el automóvil está reparado y con el depósito lleno, solo queda avanzar.

Todo ser humano persigue la propia realización personal, aunque a veces los obstáculos sean importantes. La autorrealización se entiende como un proceso en que se optimizan las potencialidades, recursos y capacidades del individuo; un proceso que solo es plenamente efectivo cuando se parte de una óptima autoafirmación en el camino hacia el éxito personal.

La autorrealización, no obstante, no está exenta de ciertas “trampas” que envenenan la esencia del concepto. Así pues, para muchos autorrealizarse tiene que ver con el éxito social o, peor aún, con el éxito económico, que convierten en el paradigma máximo de la aceptación social y personal, por más que la propia palabra denote el carácter íntimo y personal del logro que entraña la verdadera autorrealización. Y es que hay personas con pocos recursos con un gran proyecto de autorrealización, del mismo modo que, como apunta el dicho; hay personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

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