Hay muchas maneras de enfrentarse a la realidad. Y otras muchas para no hacerlo. Y muchas explicaciones para unas y para otras. Algunas de ellas tienen tal complejidad que la mayoría prefiere obviar el asunto. Es demasiado incómodo e inexplicable.

La autolesión es un fenómeno incomprendido que estigmatiza como pocos a quienes lo padecen. No es fácil ponerle palabras a situaciones que escapan al entendimiento de quien no ha pasado por ello. Sin embargo, analizar los hechos, sus orígenes y sus consecuencias, es el camino más directo para la sanación del afectado, y también lo es para que el profano en la materia pueda hacerse una composición coherente de un problema que, al igual que todos, es necesario abordar y comprender.

¿Qué es la autolesión?

La autolesión puede definirse como una válvula de escape para liberar un dolor acumulado e intolerable para el que no se encuentra otra vía efectiva. Es indudable que la acción cumple su cometido, de lo contrario no se regresaría a ella, pero tal como sucede con las adicciones, tras la tranquilidad inicial, el sentimiento de culpa, vergüenza e impotencia vuelve con más fuerza, por lo que termina creándose un círculo vicioso del que no es fácil escapar. Y es que resulta obvio que en las autolesiones hay un componente adictivo.

Se pueden distinguir tres tipos de autolesión; psicótica, orgánica y típica. Esta última es la más frecuente, y está relacionada con motivos emocionales o psicológicos. Tanto los estados psicóticos, (esquizofrenia o trastornos ilusorios), como los orgánicos (retraso mental o autismo) pueden comprender comportamientos autolesivos, pero es la autolesión típica la que tiene una mayor incidencia y la que exige un mayor esfuerzo a la hora de profundizar en el cómo y el porqué.

El origen de las autolesiones

Como en la mayoría de cuestiones complejas, encontrar un origen para un determinado comportamiento no es una tarea sencilla. Según estudios etiológicos, la edad de prevalencia de los afectados oscila entre los 16 y los 25 años, siendo mucho más frecuentes en mujeres que en hombres; al contrario de lo que ocurre en la autolesión psicótica y, en menor medida, la orgánica.

Dicho esto, el origen puede hallarse en un buen número de casos donde se han producido malos tratos o abuso sexual infantil, casos de negligencia física o emocional y, más concretamente, en aquellas situaciones de invalidación permanente que llevan al individuo a perder la seguridad y la confianza en sí mismo.

De la culpa a la redención

La autolesión, aunque resulte un tanto paradójico, se vive como una manera de extraer el dolor interno. Cuanto mayor es la autolesión, mayor es el dolor que se trata de neutralizar.

Las autolesiones también pueden estar relacionadas con la necesidad de obtener el perdón y neutralizar la culpa. En cada acto autolesivo está implícita una parte del perdón; un único protagonista para dos papeles. Se recrea un escenario del pasado, un nuevo escenario donde las cosas ocurren del modo que debieron ocurrir, y los protagonistas actúan como debieron haberlo hecho. En su doble papel, el superviviente hace de agresor y de salvador/cuidador.

Otra asociación más primaria, y quizá no del todo consciente, está en la necesidad de calma y de paz que tanto se anhela. El patrón interiorizado en la infancia, como en el maltrato y el abuso sexual, fue el de agresión/calma. Primero se producía un abuso (agresión) y después el agresor desaparecía de escena (calma). Ahora, a través de la autolesión, se repite el mismo patrón para acceder a esa tranquilidad.

Foro autolesiones y autoayuda

Una de las formas de superar con éxito adicciones, hechos traumáticos o problemas psicológicos son los grupos de autoayuda, amén de los profesionales. Tanto a nivel presencial como en internet, al abanico de posibilidades es amplio. Existen foros de autolesiones que, además de prestar ayuda y apoyo, sirven para romper el silencio; el primer paso hacia la solución del problema.

Más allá de la autolesión

En diferentes etapas de la vida, el ser humano puede encontrarse en un callejón sin salida. Las causas son diversas y los recursos para sobrevivir variados. Encontrar el camino más allá de la autolesión requiere un esfuerzo personal, sin duda, pero también un enfoque adecuado y unas condiciones en consonancia con el objetivo. Para ello debería iniciarse la búsqueda del entorno en el que sentirse seguro y liberado del peso asfixiante del tabú y del secretismo (psicoterapeuta, grupo de ayuda mutua). Hablar y compartir entre iguales libera la culpa, desactiva la estigmatización y permite dar los primeros pasos para valorar opciones que anteriormente no se consideraban. Son mucho más importantes las causas que las consecuencias, por lo tanto conviene focalizar la atención en lo primero. Eso es así porque la autolesión suele ser la punta del iceberg; la manifestación de otros problemas que suelen permanecer ocultos.

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