Sylvie Tenenbaum en su libro Cómo mejorar tu vida de pareja: Afectividad, psicología, comunicación (Bilbao: Ediciones Mensajero, 1996) señala que uno de los elementos que más daña la relación de pareja está compuesto por el sistema de creencias que condiciona el vínculo.

Los cambios más importantes pasan primero por reflexionar en relación a lo que creemos. Dice Tenenbaum “es el sistema de creencias que tiene la persona, aquel del que se deriva su visión del mundo, porque entre lo que creemos que es la realidad y la propia realidad existe una gran cantidad de imágenes e ideas en las que creemos, que estimamos como verdaderas y que nos impiden pensar y reflexionar con lucidez”.

Antes de la acción es primero el pensar y es allí donde residen la mayor parte de los impedimentos para una buena relación de pareja.

No soy perfecta(o)

Una de las creencias más limitadoras y autodestructivas que existen tiene que ver con las expectativas respecto a uno mismo. Frases como: “No soy lo suficientemente bueno(a)”, “algo no funciona bien en mí”, “él o ella podría estar mejor con otra persona”, etc. dichas en distintos tonos y con diferentes expresiones, esconden una única realidad: la autodesvalorización.

Cuando una persona se desvaloriza pronto cae en actitudes que la llevan por un camino de destrucción de su propia imagen.

Nadie es perfecto. Ninguna persona tiene la capacidad de satisfacer todas las expectativas de otros, eso incluye a la pareja. Cuando elaboramos frases como “no soy la persona perfecta” para él o ella, o expresiones similares, en el fondo no se está entendiendo el daño que dicha forma de mirar la relación de pareja producirá en quienes comparten la vida.

Los efectos de la autodesvalorización

Las personas que se desvalorizan a sí mismas tienden a tener actitudes más o menos similares, con variantes que tienen que ver con sexo, medio ambiente, educación y capacidades personales.

Esta forma de observarse a sí mismo(a) conduce a conductas pasivas, sumisas y de dependencia. Las personas que en su vinculación de pareja actúan como si fueran el “inferior” del par, entonces, tienden a actuar de tal manera que con las acciones que realizan refuerzan dicho comportamiento.

Aprender a aceptarse a sí mismo

Toda persona es valiosa en algún aspecto. Los sentimientos de desvalorización, si no son modificados, tienden a convertirse en patrones conductuales rígidos y difíciles de modificar.

Al final de cuentas, cada ser humano debe admitir que con la primera persona que ha de contar es consigo mismo, cuando eso no ocurre, entonces las experiencias cotidianas y la historia que se va desarrollando en torno a la propia existencia, tienden a convertirse en validadores de las creencias que se han desarrollado respecto a la propia valía y autoestima.

Es preciso aprender a vivir consigo mismo(a). Parece fácil expresarlo, pero la tarea puede durar el resto de la vida. Cada persona, para desarrollarse de manera equilibrada debe reconocer:

  • Sus aptitudes. No se es experto para todo, pero es preciso que cada individuo reconozca en qué aspecto es más apto.
  • Sus limitaciones. Ligado a lo anterior, es muy importante que las personas entiendan cuáles son sus límites, para no dañarse o emprender algo para lo cual no se esté capacitado.
  • Sus posibilidades. Se pueden tener aptitudes, pero no las condiciones para poder desarrollarlas adecuadamente, por lo tanto, establecer las posibilidades es un ejercicio de sentido común.

Pareja y desvalorización

Para que una pareja funcione de manera equilibrada se necesita que ambos se apoyen. Eso implica complementarse en las habilidades diferenciadas que tienen y estimularse para alcanzar lo mejor con las aptitudes que tienen.

Por otro lado, debe existir paridad y una relación equitativa. Eso implica tratarse de tal modo que ninguno suponga que el otro es inferior y que le debe sumisión. La equidad debe caracterizar una relación sana donde el respeto está por sobre otras consideraciones.

Sin embargo, la paridad y la relación equitativa se rompen cuando uno de los miembros de la pareja se autodesvaloriza o, en casos más graves, cuando un miembro de la pareja refuerza la desvalorización con actitudes que no colaboran para que la persona mejore la imagen que tiene de sí misma.

Conclusión

Madurar no es solo una cuestión de crecimiento físico, también implica desarrollo emocional y aprendizaje para valorarse a sí mismo de una manera equilibrada.

Alguna vez el psicólogo humanista Abraham Maslov escribió: “Solo podemos respetar a los demás cuando uno se respeta a sí mismo. Solo podemos dar, cuando nos damos a nosotros mismos. Solo podemos amar, cuando nos amamos a nosotros mismos”. El respeto a sí mismo y al otro, es la base de una buena convivencia en la pareja.