La relación entre la angustia cotidiana y el rechazo a la máquina de la que se depende para vivir está muy extendida. Por ejemplo, la actual crisis económica influye notablemente en la amaxofobia, o lo que es lo mismo, el pánico a conducir, un síndrome psicológico que afecta a alrededor del 33% de los conductores españoles, lo cual está "claramente en aumento en relación con la situación social y económica que se vive", asegura el psicólogo clínico Javier Díaz Calero.

El experto, que además de psicólogo es profesor de autoescuela y responsable de la página web Conduce sin miedo, explica que no es necesario tener un accidente para desarrollar amaxofobia, sino que "en la mayoría de los casos", el pánico y las crisis de ansiedad que sufren las personas con este síndrome cada vez que se suben a un coche "se debe a situaciones personales o laborales que generan un estrés muy intenso".

Veteranos del volante

La amaxofobia es "una respuesta de miedo muy intensa que la persona experimenta cuando va a conducir y que bloquea completamente su capacidad de respuesta" siendo su único deseo el de abandonar la conducción. Por lo tanto, hay que diferenciar este trastorno del miedo que sienten algunos conductores novatos cuando se ponen al mando de un vehículo o las pequeñas dosis de ansiedad al conducir, que experimentan muchos conductores.

Al contrario de lo que pudiera parecer, los casos más frecuentes de amaxofobia no son de personas que han sufrido un accidente de tráfico o que no saben conducir bien, sino que el grupo más importante de afectados son conductores experimentados que superan los diez o doce años de conducción, de una conducción normal, pero que en un momento de su vida, sin ningún problema aparente, empiezan a sentir extrema crisis de ansiedad dentro del vehículo.

"Crisis de ansiedad que en la mayoría de los casos se debe a situaciones personales o laborales que generan un estrés muy intenso", explica el psicólogo, quien señala que las personas con este síndrome "habitualmente consiguen mantener la conducción por ciudad, pero se sienten incapaces de conducir por autopistas o autovías" hasta el punto de que son incapaces de hacerlo.

Decálogo de un amaxofóbico

El miedo a esta palabra, como si se tratara de una enfermedad contagiosa, puede ser la excusa ideal para no enfrentarse al problema y generar una parálisis que impida la resolución. Lo mejor para mejorar la situación es asumir el conflicto y la terminología, como un modo eficaz de acceder a la raíz de lo que produce el pánico y así empezar a resolverlo.

El psicólogo clínico y profesor de autoescuela Francisco Javier Díaz ha creado un decálogo para que sirva de orientación a quienes creen padecer este trastorno:

  1. Cuando sé que tengo que conducir pienso en ello con frecuencia y me pongo nervioso.
  2. Nunca me siento tranquilo del todo. Pienso que quien vaya cerca de mí puede darse un golpe conmigo.
  3. Me preocupa molestar a los que circulan detrás, por ir muy lento.
  4. Me da la sensación de que los demás deben creer que soy un torpe.
  5. Siento molestias en las piernas y en los brazos cuando dejo de conducir.
  6. Me tengo que secar el sudor de las manos con frecuencia.
  7. No entiendo por qué no puedo hacerlo tan bien como los demás.
  8. Procuro ocultar mi problema con excusas.
  9. Creo que los demás no entenderán mi miedo y pensarán que soy un cobarde.
  10. Me asusta la velocidad, ir a más de 80 me produce vértigo.