Se dice que no se debe juzgar un libro por la cubierta. En el caso del cine, este dicho sería aplicable a al cartel de la película o la carátula del DVD, pero básicamente aconseja ser pacientes y no formarse una opinión hasta haber leído, o visto, la obra.

En ciertas películas esta máxima se cumple hasta sus últimas consecuencias: su final, apoteósico, pone la guinda a una ya de por sí obra maestra, o bien compensa por las últimas dos mediocres horas que pasadas ante la pantalla.

Los últimos minutos de una película son clave

En estos casos, independientemente de la calidad del film en su totalidad, esos últimos minutos de metraje les ganan a sus películas un espacio en las antologías cinematográficas. Todas provocaron infinitas conversaciones a la salida del cine sobre ese inesperado giro de guión, esa brillante última línea de diálogo que se calla con secretismo absoluto ante los que aún no han tenido el placer de ser sorprendidos.

La lista de esos clásicos finales es muy extensa, aunque se pueden destacar algunos que son dignos de ver. En todas estas películas el final sirve para que nadie quede defraudado cuando lleguen los títulos de crédito.

"Thelma y Louise" (Ridley Scott, 1991)

En la road-movie por antonomasia de los 90, Thelma (Geena Davies) y Louise (Susan Sarandon) ven su esperada escapada de fin de semana convertida en una frenética huida de la policía y una lucha por la libertad.

El subyacente mensaje post-feminista queda diluido en un canto a la amistad en el momento en que las dos amigas deciden llevar su escapada hasta las últimas consecuencias y se dejan caer en su coche por un precipicio, ante la atónita mirada del agente Hal (Harvey Keitel).

“El bosque (The Village)" (M. Night Shyamalan, 2004)

Los finales sorpresa son una marca de identidad del director indio. A pesar de que la palma se la lleva "El sexto sentido", la última escena de "El bosque" también abrió más de una boca entre los espectadores. Para salvar a su prometido, Ivy (Bryce Dallas Howard) se adentra en el bosque prohibido que rodea al pueblo para llegar a la ciudad y comprar medicinas.

En su intento por alcanzar los confines del bosque, lo que consigue es llegar al muro que rodea al parque natural en el que su olvidada comunidad se mantiene anclada en el pasado.

"Con faldas y a lo loco" (Billy Wilder, 1959)

El gran clásico de los finales redondos. Jerry (Jack Lemmon), exasperado ante la insistencia de su pretendiente, Osgood (Joe E. Brown), se quita la peluca y desvela su verdadero sexo. Ante la evidencia de la imposibilidad de su matrimonio, Osgood responde: "Bueno, nadie es perfecto". Tan simple como impecable.

"El planeta de los simios" (Franklin J. Schaffner, 1968)

George Taylor (Charlon Heston) es un astronauta perdido que aterriza en un planeta desconocido donde los simios son la raza dominante y los seres humanos las bestias. Con toda la ironía y la crítica social que esconden las imágenes, la escena final da una vuelta de tuerca a la historia que obliga a revisitar la idea que se nos había formado y quizá a un re visionado de la película. Taylor, una suerte de cowboy semidesnudo, cabalga hacia tierras mejores con su mujer.

Como en los mejores episodios de “En los límites de la realidad”, la cabeza de la Estatua de la Libertad asoma entre la arena. Taylor no puede evitar caer de rodillas y gritar, en una especie de grito redentor por el final que se ha ganado la raza humana.

"Match point" (Woody Allen, 2004)

Punto de inflexión en la carrera del célebre director neoyorquino, “Match point” es una película de intriga y suerte. Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyer), ex tenista reconvertido en exitoso empresario gracias a su familia política, tiene un affaire tumultuoso con la seductora Nola Rice (Scarlett Johansson).

Cuando ésta se queda embarazada y se niega a abortar, Wilton ve amenazada su cómoda existencia y toma la extrema decisión de matar a su amante. Cuando la policía le cerca, y a punto de ser descubierto, un golpe del destino y un anillo mal arrojado al río ponen la balanza de su lado.

“Memento” (Christopher Nolan, 2001)

La gran peculiaridad de la película de Nolan es también gran parte del atractivo de su final: la historia está contada hacia atrás, siendo las primeras imágenes en realidad los últimos sucesos cronológicos. A lo largo de todo el film, Leonard Shelby (Guy Pearce), aquejado de una amnesia post-traumática que no le permite generar nuevos recuerdos, busca al asesino de su esposa, ayudado por Polaroids y tatuajes que le ayudan a situarse en cada momento.

Tras seguirle en su particular cruzada, el espectador llega al origen de la historia y descubre que el protagonista no es el héroe noble que creía: Shelby toma una decisión deliberada, consciente de que su problema juega en su favor, que le lleva a cometer un asesinato a sangre fría. Un giro de guión cuya originalidad radica en que ocurre al mismo tiempo al final de la película y al principio de la historia.