Fueron las ideas de la ilustración europea las que influyeron de manera determinante en las aspiraciones que impulsaron la lucha de los criollos en las colonias españolas. Hoy la libertad nos parece un bien incuestionable; sin embargo, este ideal recién se popularizó en el siglo XVIII. Cuando surgieron los sentimientos nacionales, primero en Europa y después en América, se hizo común que las comunidades de individuos unidas por un mismo idioma, cultura o situación geográfica, comenzaran a reclamar su autonomía, entendida ésta como la condición de un pueblo que goza de entera independencia política.

La búsqueda de independencia la iniciaron principalmente las generaciones jóvenes, de modo teórico primero, leyendo libros y discutiendo apasionadamente entre ellos. Los líderes independistas de toda América Latina recorrieron un camino difícil para propagar sus ideas liberales y conseguir hacerlas legitimas en la sociedad que les tocaba vivir.

Ideas políticas liberales

Conceptos como el de soberanía popular, de acuerdo al cual se entiende que la autoridad radica en el pueblo, quien delega las funciones de gobierno en sus representantes, o la noción de autodeterminación, que deposita en los habitantes de una unidad territorial la decisión acerca de su organización política, estuvieron en la base del ideario político independentista que los criollos defendieron.

Igualmente importante para la fundación de los nacientes estados americanos fue el principio de gobierno representativo, según el cual las autoridades deben ser designadas de acuerdo a algún principio de elección, para que ejerzan las labores de gobierno en nombre del pueblo.

Por último, se reconoció la importancia de que los gobiernos y las autoridades se rigieran por una ley fundamental o constitución, de acuerdo al constitucionalismo en boga.

Estas ideas se habían popularizado a partir de la revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos.

Sin embargo, fue necesario que, a comienzos del siglo XIX, nuevos acontecimientos políticos ocurridos en Europa debilitaran el imperio español, para que las ideas independentistas comenzaran a traducirse en acciones concretas.

El ideal de un estado nacional

Para Chile, al igual que para el resto de los países de América Latina, el proceso de independencia significó el término de una larga relación política con la corona española y el inicio de un gran desafío: llevar a la realidad el ideal de un estado nacional.

Un estado puede ser definido como una forma de organización jurídica y política que agrupa a un conjunto de población bajo un mismo gobierno, dentro de un territorio en común, vinculados por un propósito propio.

En ésta u otras definiciones posibles del estado, casi siempre encontraremos involucrados cuatro elementos: la idea de comunidad o nación; la referencia a un territorio; el ejercicio de un poder legítimo y legal; y la presencia de un propósito o finalidad común.

Así, la nación chilena, en las primeras décadas del siglo XIX vivió el proceso de dotarse de una organización jurídica y política, regida por una ley fundamental o constitución política que regularía los deberes y derechos de gobernantes y gobernados.

La creación de una República

En términos de sistema de gobierno, la independencia marcó el paso de un sistema colonial a uno basado en la organización republicana.

La república puede ser definida como una forma de gobierno representativo en que le poder reside en el pueblo, el cual delega la autoridad para gobernar en un jefe de estado o presidente.

El orden republicano descansa en el adecuado funcionamiento del estado, a través de los tres poderes autónomos que lo conforman: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial.

En los años inmediatamente posteriores a la independencia, el país se dio a la tarea de organizar un sistema de gobierno que respondiera a las características propias de una república.

Ello, en un contexto histórico marcado por la inestabilidad política y económica propia del paso que se estaba dando.

En lo político, esta inestabilidad se expresa en las vicisitudes de los periodos conocidos como la patria vieja, la reconquista y la patria nueva.

En lo económico, las guerras de independencia habían incrementado, por una parte, los gastos y, por otra, reducido los ingresos: el panorama no era alentador.

Nuevas tendencias políticas

En el proceso de crear una República, surgieron entre los criollos diferentes bandos políticos, que manifestaron sus preferencias proponiendo distintas formas de gobernar.

En este primer período se destacaron los grupos conservadores (pelucones) y liberales (pipiolos). También fueron importantes, tendencias políticas menores, como la de los federalistas.

Asimismo, algunos líderes independentistas encabezaron tendencias políticas: fuese como caudillos, dirigentes políticos o militares con poder de facto, conquistaron seguidores que proyectaron en ellos sus ideales políticos.

Ejemplos fueron los grupos, opuestos, de Carreristas y O´higginistas. La figura y liderazgo de Diego Portales darían también origen a una tendencia política portaliana.

Una identidad nacional

En este camino de consolidación de Chile como estado independiente no sólo se crearon las instituciones que permitirían la instauración de un orden político; también comenzó a desarrollarse paulatinamente una identidad nacional.

Esta identidad se conformó sobre la base de determinados símbolos, ideas, costumbres y prácticas que la población fue asumiendo como propias y representativas de su forma de enfrentar la vida.