Durante los años ´30 conocidos como “la Década Infame”, la crisis de legitimidad política llegó a su punto culminante produciéndose en junio de 1943 un golpe militar que derrocó al gobierno de Ramón Castillo. Luego de los breves gobiernos de los generales Arturo Rawson y Pedro Ramírez, asumió el poder Edelmiro Farrell.

Desde el comienzo del gobierno de facto, las decisiones y discusiones eran controladas por una logia secreta: el Grupo de Oficiales Unidos (G.O.U.), del cual el general Juan Domingo Perón formaba parte.Con Farrell en el Gobierno, Perón quedó a cargo de la Dirección Nacional del Trabajo (luego Secretaría), fue ministro de Guerra y llegó a ser vicepresidente de la República.

Perón, a través de medidas sociales fue conformando una fuerte base de apoyo y una relación entre masas populares y líder que cristalizaría el 17 de octubre de 1945.

La llegada del "cabecita negra"

Tras un período de no coincidencia entre acumulación capitalista y distribución del ingreso hacia la masa trabajadora, la situación comenzó a revertirse luego de 1943.

Los sectores populares, estimulados y protegidos por el Estado, pudieron incorporarse al consumo y a la ciudad gracias a “ese hombre” que por fin se fijó en ellos. También llegaron a la ciudad los migrantes provenientes del Interior y con ellos se construyó la imagen del “cabecita negra”.

Estos nuevos actores tuvieron acceso a espacios de entretenimiento, al turismo y al deporte entre otras cosas, la mayoría de las veces de la mano de los sindicatos.

El acceso a los ámbitos antes reservados a las clases medias y altas provocó cambios culturales que no fueron bien vistos por la oligarquía que los calificaba de "detestables".

En las ciudades comenzaron a formarse “centros barriales” o “centros cívicos”, en los que se veía a Perón no como un político sino como un amigo.

Perón era ese hombre que les dio un lugar en la ciudad, que les dio trabajo y reconoció sus derechos.

La Doctrina Peronista

La personalidad de Perón se vio influenciada en gran parte por la derecha católica. A su vez, fueron cruciales tanto su vida militar como sus viajes a Italia y a España durante los comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Para él, era necesario controlar a las masas ya que de lo contrario se producirían actos de violencia como el antecedente de la Semana Trágica. Mediante beneficios económicos y sociales a la clase trabajadora se evitarían disturbios sociales.

Uno de los eslogans de Perón desde sus primeros días al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”; demuestra la pasividad que atribuía a los trabajadores.

Para Perón, era indispensable lograr una “unidad espiritual” que luego tomaría la forma de “Doctrina Nacional” gracias a una ley del Congreso en 1952. Tres principios básicos regían la Doctrina: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Perón no se ubicaba totalmente del lado del capitalismo ni tampoco del comunismo, sino que su posición era intermedia, era la llamada Tercera Posición.

A lo largo de su mandato, la Doctrina Peronista se fue transformando en la religión oficial.

"Hoy es un día peronista"

A medida que la figura de Perón comenzaba a idealizarse, la sociedad también se veía envuelta en un proceso de intercambio simbólico con el líder alimentando su dote carismático, pero que en definitiva era promovido desde el propio Perón y su círculo.

Utilizó la propaganda y los medios de difusión para crear nuevos símbolos y significados que sentarían las bases de un imaginario político peronista.

Por ejemplo, el sentido del 1º de Mayo fue transformándose hasta llegar a ser una festividad oficial en la cual se daban las gracias al Gobierno por los beneficios obtenidos. Anteriormente, esta fecha daba lugar a desórdenes sociales regidos por consignas revolucionarias.

Lo mismo sucedió con el 17 de Octubre de 1945. Éste fue proclamado como “Día de la Lealtad” y proporcionaba el espacio para llevar a cabo el contacto directo entre Perón y “el pueblo” desdibujando toda referencia a los sindicatos como los que habían puesto en marcha el 17 de Octubre. El pueblo, los descamisados, habían ido a la Plaza de Mayo sin conducción.

Perón y su esposa Eva fueron cobrando un papel central en las distintas celebraciones y se fue forjando una especie de veneración hacia ellos.

En el país todo se definiría en base a las dicotomías pueblo-oligarquía, patria-antipatria, peronistas-antiperonistas.

Hacia el segundo período de gobierno, la oposición fue considerada un enemigo, y el autoritarismo y la violencia se hicieron patentes tanto en la retórica discursiva como en las acciones del régimen.

El mundo peronista

El gobierno peronista fue elaborando, por todos los medios, mecanismos capaces de inculcar en toda la sociedad un imaginario político.

La propaganda oficial fue introducida en los distintos aspectos de la vida cotidiana y fue la encargada de difundir la doctrina peronista e intentar llegar a una “unidad espiritual”.

La oposición fue sistemáticamente silenciada en pos de lograr aquel objetivo. El país quedó dividido en peronistas y antiperonistas, reflejándose esta dicotomía en todos los espacios.

Las producciones culturales de la época fueron representativas de esta separación, y tanto en las letras, el cine, el teatro y la música, había expresiones de una cultura oficial y una contracultura.

Las pocas obras que se destacaron en ese período del lado del “mundo peronista” solían ser banales, superficiales y reflejaban la incapacidad del régimen por establecer un mensaje coherente, un pensamiento crítico y un ámbito de debate.

Por otro lado, los sectores populares lograron el acceso a bienes y espacios que anteriormente les eran vedados. Estos sectores se veían representados con Perón y constituyeron su más importante base de apoyo. De esta manera, el régimen elaboró sus políticas sociales para mantener dicha base.

El régimen se valió de los diarios, revistas, radio, libros de texto de las escuelas y de un conjunto de actividades tanto culturales como deportivas promovidas por el Estado, para ir formando en la sociedad un imaginario político peronista destinado a perdurar en las generaciones futuras.