El asma bronquial es una enfermedad inflamatoria a la que suelen acompañar síntomas nasales, oculares, así como de otras mucosas. Con la inflamación aparece la tos, los silbidos en el pecho, secreciones (flemas) o fatiga. Las crisis pueden ceder al cabo de unos días o ser de carácter crónico, acompañadas de fases más agudas. El origen del asma bronquial debe buscarse en la alergia a ciertos productos, aunque también inciden notablemente otros factores como los cambios de temperatura, el estrés, alteraciones de la digestión (reflujo gástrico), esfuerzo o infecciones.

El asma bronquial tiene una prevalencia que muestra significativas diferencias de un lugar a otro. Por causas que no se conocen bien, la incidencia es mayor en los países anglosajones, entre un 8% y un 12%, que en países como España, Alemania, Grecia o Argelia, lugares donde no se supera el 3%, tal y como se recoge en una encuesta de la unión Europea sobre salud respiratoria publicada en 1996 en el European Respiratory Journal. La mala noticia es que dichos niveles de prevalencia están creciendo en muchos países.

Asma alérgica: alérgenos

La alergia es considerada como la causa más frecuente del asma. Algunos especialistas consideran que es probable que todos los casos de asma sean debidos a las diversas sustancias –alérgenos– que nos rodean. No siempre se logra averiguar qué tipo de alérgenos afectan a cada persona. Para ello se utilizan pruebas cutáneas, análisis de sangre o pruebas de provocación. Averiguar el origen de la alergia es especialmente importante en aquellos pacientes cuyos síntomas son más graves o cuya afección se prolonga en el tiempo sin que se pueda diagnosticar la causa originaria y proceder, por tanto, al tratamiento más adecuado.

Asma bronquial en niños

En la actualidad hay un considerable aumento de la hiperreactividad ante los alergenos como los ácaros, el polen o los alimentos en los niños, circunstancia que se agrava durante la primavera. Si bien el asma de origen alérgico es del 60% en los adultos, en los niños se eleva hasta el 80%, con un porcentaje total de la población pediátrica que se sitúa entre el 5 y el 15%. El factor hereditario es relevante; se estima que en el caso de un padre asmático las posibilidades del hijo de padecer asma giran en torno del 18 hasta el 50%, mientras que si ambos padren lo son, las cifras ascienden entre el 63 y el 70%. La buena noticia es que con el tratamiento adecuado los síntomas pueden controlarse con relativa facilidad.

Sintomatología del asma bronquial

Se puede hablar de tres síntomas recurrentes en el asma bronquial: las sibilancias (silbidos en el pecho al respirar), tos y disnea. Pueden concurrir los tres síntomas a un tiempo, de hecho es lo más común, aunque la ausencia de alguno de ellos o incluso de los dos, no elimina la posibilidad de padecer asma bronquial.

Los síntomas pueden aparecer de forma episódica y en cualquier momento, a pesar de que es más habitual que lo hagan por la noche o durante las primeras horas de la mañana. También pueden aparecer a cualquier edad, y a pesar de que es más frecuente que lo hagan en la infancia, no lo es tanto que se produzca antes de los tres años. En los niños suele estar asociada con antecedentes de asma o tabaquismo en los padres, mientras que en los adultos suele relacionarse con sinusitis, pólipos nasales o sensibilidad a la aspirina y a otros antiinflamatorios no esteroideos.

Aunque el asma bronquial es una enfermedad crónica, con el tratamiento adecuado, los síntomas pueden desaparecer durante muchos años, o incluso hacerlo de por vida.

Tratamiento del asma bronquial

El tratamiento etiológico se fundamenta en dos aspectos básicos: la evitación de la causa, siempre que sea posible y pueda identificarse, y la inmunoterapia. En el primer caso, en ocasiones, solo se requiere tomar las medidas oportunas para evitar el contacto con el agente causante del asma para que los síntomas desaparezcan.

La inmunoterapia, también conocida como las vacunas de la alergia, es el único tratamiento, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), del que se dispone actualmente y que es capaz de modificar el curso de la enfermedad. El propósito de estas vacunas descansa en su capacidad para lograr que el organismo desarrolle tolerancia a las sustancias que provocan la alergia, con lo que desaparecen los síntomas sin necesidad de tomar medicación alguna. Se trata de un tratamiento a largo plazo, y que se aplica mediante inyecciones subcutáneas. Sus efectos son efectivos al cabo de unos dos o tres años.

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